viernes, 5 de febrero de 2010

Sin huellas


Tiene su sabor de aventura simple lo de salir a la intemperie y comprobar, paso a paso, que la presencia no tiene límites y es su propia recompensa. La búsqueda no ha sido más que alucinación. Te lo puede mostrar esta calle por donde vamos. La voz de Patricia Barber se deshace mientras se hace, parece venir de allí, pero está aquí. Me acerco a la tienda de discos: “She is a Lady”, está cantando.
Algunos le dicen luz, otros conciencia, y también están los que hablan del entendimiento puro. Pero nadie puede asir sus orejas ni encontrar el diccionario donde se acumulan los símbolos de su lenguaje. Tenga la forma que tenga, puedes ser la gota de agua que se deshaga en su océano. Ah, claro, tu tesorero dirá que se trata de una proposición a la que traen arrastrando de los cabellos. No es ninguna promesa, no es un negocio que pueda tener su rédito en las ventanillas de pago del horizonte, ni tampoco te da ningún prestigio. Prácticamente, te anula por completo.
Pero, bueno, después de todo, tu tesorero es el artífice de tu quiebra total. Un amigo mío, Dionisio Mayor, afirma que puede llamarse amor a todo aquello que por sí mismo es su propia recompensa. Y en ese mundo, tu tesorero tiene poco terreno para operar, prácticamente ni medio gramo de tierra.
Algo más para tener en cuenta: el amor te quita toda las posesiones imaginarias que alguna vez quisiste atesorar. Te despoja de lo que nunca tuviste (como dijo el profeta en su tierra). Y eso es lo que pasa con la presencia. Cuando la presencia y tú hacen contacto, tú ya no estás. Porque tú eres el que siempre quiere ir a otra parte. ¿No lo habías visto? Por definición, alguien es alguien que quiere estar en otra parte…
“Cuando hay presencia, todo aquello que es ilusorio se desvanece, y lo que queda es real, vital y apasionadamente vivo. Esto es vida total; no mi vida, no la vida de algún otro, sino simplemente vida”.
Estoy citando a Tony Parsons para decirlo con palabras que no pertenezcan a nadie y que puedan, como el viento, recorrer las comarcas del entendimiento con esa pasión del que sabe que jamás volverá.
Para volar, debes estar dispuesto a no dejar huellas. Por eso, vuelvo a decirte que la presencia es su propia recompensa.

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Extraído de "El Oro en el Barro" - de Vita Preziosa - Editorial Ananda

3 comentarios:

  1. Impecable definición, la de Dionisio.

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  2. El amor (la presencia), te anula por completo! (anula al ego).
    Es su propia recompensa! Te quita todas las posesiones imaginarias!
    Y… agrego… te deja sin ilusiones.
    Ay, Amor! Con qué facilidad pronunciamos tu nombre!!!! ¡Qué lejos del tironeo, la guerra de demandas, el apego, el dolor y el sufrimiento!
    Entonces… amar es desaparecer?!!!!!!!!!!!!!
    Desaparezco (mutis por el foro).

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  3. Gracias, Mutis, por ser un ilusionista de tal calibre que se hace desaparecer a sí mismo, con la eficacia con que lo hace la vida.
    Pero, claro, no te quedas sin ilusiones. Si tú eres la ilusión, ¿quién se queda sin ilusiones?
    Lo raro del amor es que no se parece a nada.
    Es lo que es.
    No tiene nombre ni apellido.
    Sólo el amor puede percibir al amor.
    ¿Qué raro, no?

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