viernes, 5 de febrero de 2010

Gracias por todo



Ella baja las escaleras a toda marcha. Si el tren de las ocho menos veinte se le escapa, llegará otra vez tarde a la oficina.
¿Quién nos ha robado el éxtasis? (Eso es algo que se pregunta sin palabras, desde hace bastante tiempo ya).
Ahí llega el tren subterráneo, justo a tiempo. A viajar como sardina en lata, piensa el pasajero que a su lado viaja. El rebaño de las víctimas es conducido al matadero, piensa ella.
"Pero no soy una víctima", rectifica para sus adentros.
Claro que no. Si la vida es un desafío, no hay elección posible. La vida es como es, no como me gustaría. (Esto se dice sin palabras, es un encuadre de la percepción (que de pronto queda liberada (sin la tintura de las convenciones))).
La luz, dentro del subterráneo, parece sacada de un sueño. Las cabezas parlantes ignoran por completo la visión.
Un letrero luminoso anuncia la próxima parada. Sería bueno que apareciera (piensa ella) una leyenda luminosa que preguntase: ¿Adónde vamos?
Vivir sin quejas, en estado de guerra permanente, sin darle tregua a los mandatos del rebaño.
De repente, queda libre un asiento. Alguien hace un gesto con la mano para que ella lo tome. Da gracias sin mirar a quién y se acomoda junto al anónimo compañero de viaje.
Recuerda entonces la esquela que él (su amigo del alma) le deslizó anoche en la cartera. La saca y lee: "Una vez que se entiende el sentimiento de gratitud y se le permite penetrar hondo en el ser, se empieza a sentir gratitud por todo. Y cuanto más agradecida seas, menos te quejarás y menos gruñirás".
Mira en torno y descubre que la luz amarilla del tren ha convertido el escenario en una pecera surrealista. Esto significa que alguien se pregunta "qué estamos haciendo acá".
Gracias por todo. No es tan difícil decirlo. Hasta los errores cometidos son benéficos. Hasta los errores ajenos.
El tren está llegando a la estación de su destino. Los que van a bajar se amontonan, se empujan, se molestan.
Ella, sin pensarlo, encuentra graciosa la escena. "Son como chicos", piensa. Sencillamente, no han crecido todavía.
Si alguien quiere robarte el éxtasis, no lo ayudes. Sencillamente, no colabores con su intento.
Al salir a la calle, el frío que la recibe lastima su cara. Así aprende cómo se dice sin palabras: Gracias por Todo.


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Extraído de "Sin Motivo" - Furia del Lago - Editorial Ananda

3 comentarios:

  1. Así es, Furia. Dice Mooji algo así como que el mejor mantram es "Gracias".
    Y, si no es para equivicarnos, ¿para qué estamos aquí?
    Para no equivocarnos no hacía falta venir, digo yo (que es una manera casera de parafrasear a Agustín de Hipona cuando afirma:
    a.- que obrar es pecar, y
    b.- que, puestos a pecar, pecar fuerte.)
    Que, añado yo, es la única manera de aprender en serio. Cada vez lo tengo más claro. Aunque dé miedo, que a mí me lo da.
    Y, sí, esto es, también el patio de un colegio.
    Y el éxtasis.
    Un inmenso abrazo fraternal.

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  2. ..."si alguien quiere robarte el éxtasis, no lo ayudes"...y agregaría ni falta me hace ya que la única que puede robarme el éxtasis soy yo.

    No se bien cuando lo comprendí, pero eso no importa, el tiempo no tiene nada que ver, hoy lo entiendo... la luminosidad del ambiente está en mí o más bien se irradia a través mío.

    Lindo esto, lo disfruté, fue una experiencia que tuve varias veces, aunque nunca en el subte.

    Gracias.

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  3. Muy bien dicho, Delia. Es uno mismo quien se roba el éxtasis. Y esto... ya que hablamos de robar... se lo robo a Furia (lo leí recién a la cabeza del poema El Momento de Vita Preziosa que habla "del robot que devoró al inventor").
    Éxtasis en el subte, ja ja!
    La próxima vez que viajes en el subte, a la hora pico, posiblemente lo recuerdes...

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