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jueves, 2 de junio de 2011

A La Hora del Almuerzo



Andas por todas partes diciendo
que eres Mengana o Fulano.
Pero son todas figuraciones
de una danza que te gusta bailar
en el Salón de los Espejos. Por eso,
a cada rato te pones a cantar
definiciones absurdas acerca de tu persona
y repites la melodía consabida:
me gusta esto, desprecio aquello,
cultivo mis costumbres y abomino
de lo desconocido, machaco mi rutina
y nunca tomo por las calles oscuras.
Pero si llegas a la hora del almuerzo
hasta mi casa, no puedo ofrecerte
sino la comida que vengo
preparando desde temprano.
Observa todo lo que tienes: este instante.
Si te quedas por completo sin idea,
compruebas que este instante presente
es todo lo que eres.
Una vez que la revelación
te recorre las venas, ¿para qué
necesitarías preguntarte quién eres?
En cuanto te preguntas quién eres,
te conviertes en la respuesta que anda
en busca de la respuesta que ya eres.
Ah, pero la revelación es
demasiado deslumbrante, es un fuego
que incendia por completo y sin piedad
todas las imágenes de ti mismo
que atesoras. Te gusta figurarte
que eres alguien importante, ¿no es así?
Pues bien, si realmente el instante presente
es lo que eres,
todo ese cúmulo de importancia
se derrite como helado al sol.
Ahora tienes toda la información necesaria
para ser consciente de ser.
Te has quedado sin historia.
Ya no vislumbras ningún futuro.
Todo lo que tienes entre manos
es el presente que eres.
El vacío de todas las formas.
Todas las formas del vacío.
La vida sin meta ni motivo.
Disfruta conmigo de este almuerzo
que nos brinda el sol del mediodía.


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Vita Preziosa

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Extraído del libro "Calle Libertad", de Vida Preziosa - Editorial Ananda

domingo, 20 de febrero de 2011

En Libertad





El folleto dice, literalmente: “Un corazón inmune a placeres y dolores. Eso es lo que se requiere para cursar sin bamboleos circunstanciales ni azarosas geografías nuestro Seminario del Éxtasis”.
Estoy en una cola kilométrica, esperando para ser admitida como participante del Seminario.
- ¿Puede alguien decirme qué estoy haciendo aquí? (Me gusta hacerle preguntas incómodas al espejo).
Nadie responde. Yo misma he olvidado cómo terminé haciendo la cola. Quiero volver a casa.
- Por favor, cuídame el sitio en la fila que voy a ver algo – le digo a un petiso que está detrás de mi puesto.
- Está bien – dice el otro, sin mirarme.
Recorro el camino hacia delante, junto a la fila, hasta que me topo con un paredón altísimo y ancho hasta el horizonte. No entiendo nada. Le pregunto al primero de la fila:
- Pero, ¿cómo? ¿No hay una puerta?
- No, pero seguramente aparecerá alguna en algún momento.
De pronto, se me hace una luz por dentro y lo comprendo todo.
- Qué idiotas, esto es una estafa.
- ¿Acaso no deseas el éxtasis? – pregunta el primero de la cola.
- Ilusos, el éxtasis es dejar de hacer esta fila interminable – declaro rotundamente.
Me voy de allí con paso rápido a través de un parque donde se ve pasear a muy poca gente. Escapo de un sueño, pero entro en otro. Lo sé perfectamente. Con sólo verlo en silencio, el sueño se va disipando delante de mis ojos. Pero sigue ahí, no se disuelve.
Tomo asiento en una banca cualquiera. No tarda en aparecer Lucho, mi amigo de la infancia, que se sienta junto a mí.
- Este asunto de vivir se ha tornado muy raro, ¿no te parece, Vita?
Antes de cualquier respuesta mía, ya se está riendo con esa risita suya tan particular, que siempre me contagia. “¿De qué nos estamos riendo?”, pienso. Lucho me adivina el pensamiento y proclama en voz alta:
- Nos reímos porque de pronto estamos en libertad.
- ¿De veras? Yo siempre quise saber qué es la libertad.
- Ah, no, no. La libertad ignora por completo qué quiere decir la palabra “yo”.
Esto nos produce un ataque de risa mucho más terremótico. Siento que me desintegro en millones de pedazos. Estoy convertida en sólo una mirada, flotando como una nube en un cielo vasto.
- No importa que sueñes con los ojos abiertos o con los ojos cerrados – me dice Lucho -. Mira desde el silencio y el sueño desaparecerá.
Quiero hacerlo y todo se torna borroso.
- No hagas nada, no hagas nada – dice Lucho en mi oído -. Deja que el silencio lo haga por ti. No puedes manipular a la libertad, no puedes hacer nada con ella. Recuerda que la libertad no tiene dueño ni se adueña de nada.
Ahora sí que lo comprendo todo. Las nubes desaparecen repentinamente y el cielo luce límpido, fresco, sin límites.

VITA PREZIOSA
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Extraído del libro "Calle Libertad", de Vita Preziosa - Editorial Ananda

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Foto: Plaza Lavalle vista desde Calle Libertad - Buenos Aires