domingo, 31 de enero de 2010

Gota de agua



La lluvia rueda en busca de su casa,
que no es el mar, la nube, la pradera
del silencio, ni el fiel rumor que pasa
por entre recovecos de la espera.
Rumbo al confín inalcanzable pasa
la lluvia, sin refugio ni manera,
sueño que el cielo desprendido traza,
certeza indescifrable sin ribera.
Como es arriba viene a ser abajo,
gota por gota entera, desnudez,
que desciende frutal, gajo por gajo.
Cielo en busca de cielo (y al revés),
donde desaparece tiene casa.
Rumbo al confín inalcanzable pasa.




Observa con cuidado esa gota de agua.¿Qué forma tiene? No sabrías decir qué forma tiene, porque cualquiera que pretendas adjudicarle puede cambiar de un momento a otro. Pero, ¿dirías por eso que la gota tiene un tiempo determinado de vida? Incluso el pensarlo suena como absurdo.
Si la gota cae en un charco, por ejemplo, se podría decir que ha perdido su forma. Pero, ¿ha dejado de ser una gota de agua? Por el contrario, podríamos afirmar que ahora se ha convertido en una gota de agua gigantesca. Así que afirmar que la gota "murió" al caer en el charco es un disparate.
Veamos ahora el caso al revés. Un charco es una gota gigante de agua que está compuesta por billones y billones de gotas minúsculas de agua. Si usas un gotero y mucha paciencia puedes ir sacando del agua una gota y otra gota y las puedes ir llevando a otros lugares fuera del charco. Entonces, tendrás otra vez una gota pequeña y otra pequeña y así con todas. Pero tal como puedes extraer gota por gota, puedes también usar otro método. Tomas el agua del charco y la colocas en un gran recipiente. Luego lo pones al fuego y esperas. A medida que el fuego haga su trabajo, el agua se irá evaporando. ¿Qué quiere decir "evaporando"? Probablemente, alguno diga que el agua "desparece", pero el agua no desaparece, sino que se desintegra en gotas más y más pequeñas, tan pequeñas que ni se pueden ver. Se transforman en vapor. Pero luego ese vapor se aglomera, el frío junta esas gotas nuevamente y el vapor se transforma en nube y la nube en lluvia y otra vez podemos ver lo invisible.
La gota de lluvia cae sobre la montaña y rueda con otras gotas rumbo al llano, en busca del océano. Y allí, tarde o temprano, habrá de llegar al océano. Será ola, será profundidad. Eso no importa. Puede que el sol torne a evaporarla nuevamente. Y la gota se desintegrará en billones de miríadas de gotas atómicas, invisibles. Pero después será otra vez nube y otra vez lluvia y otra vez río y otra vez océano. La forma no importa. El agua nunca deja de ser agua.


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Extraído de "Señales de Vida", de Furia del Lago - Editorial Ananda


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