domingo, 28 de febrero de 2010

Los pájaros cantan



Comprender es una idea. No comprender es otra idea. Cuando las ideas desaparecen, ¿hay algo que comprender o algo que no se comprenda?



Cuando se tienen ideas acerca de la vida, aparecen los ignorantes y los sabios.
El ignorante tiene algo que enseñar. El sabio tiene algo que aprender. Nadie (el artista de la nada) tiene nada que aprender ni tampoco nada que enseñar.



Si el presente es la pregunta que responde, ¿quién responde y quién pregunta?



Como si no fueran vida, los ilusos quieren sacarle el jugo a la vida. Unos quieren plata, otros placer y otros comprensión.
Los que buscan comprensión pretenden que Dios, Lo Inconcebible o El Misterio les revelen sus secretos. Quieren el infinito explicado en un refrán.



Turiya – No hay nada que comprender. ¿Comprendes esto?
Belkis – Sí.
Turiya – Entonces no has comprendido nada.
Belkis – Y bueno, total, no hay nada que comprender.
Turiya – Así es. ¿Eso lo comprendes o no lo comprendes?
Belkis – No comprendo la pregunta. ¿No podrías repetírmela?
Turiya – Eso ya es lo inconcebible. ¿Tú qué dices?
Belkis – Esta calle tiene muchos colores; hay ventanas con flores y también algunos lugares sucios, algunos perros ladran pero el cielo no dice nada. Andar por aquí es misterioso.
Turiya – Es lo único que podemos hacer…




En cuanto buscas comprensión, ya estás enfangado hasta el cuello en el pantano de la confusión.

Wei Po




El buscador quiere mejorar el presente. También lo llaman “el insatisfecho permanente”.




Aceptar o rechazar el presente implica que alguien (separado del presente) decide qué hacer con él.
Aquí debajo se ofrece otra imagen del mismo paisaje.
La hormiga que declara: “A ver qué decido hacer con Dios, si aceptarlo o rechazarlo”.





Al resistirnos al momento presente o aceptarlo, convertimos a la vida en un problema. “Ahora –dice Sancho Quijano, que no quiere perder el control que jamás ha sido suyo-, ahora deberíamos librarnos de este problema”.
Gracias, Sancho Quijano, por mostrarnos con toda claridad de dónde surgen los problemas.




Buscar el modo de acabar con la búsqueda no deja de ser una búsqueda más.

Jeff Foster





El buscador de Dios es un corazón en busca del latido.





Buscador – Nunca obtengo lo que deseo y por eso sufro.
Turiya – Si es así, lo que deseas es sufrir.
Buscador – Oh, caramba, entonces dejaré de desear.
Turiya – Qué manera de sufrir.





Si todo lo que existe es impermanente, no existe impermanencia ni permanencia.

Nagarjuna





Es cierto, las palabras lo complican todo. Si yo nombro la palabra “silencio”, sólo el silencio puede escucharla. Pero tú crees que me escuchas tú.





Si la vida tuviera sentido, ¿qué sentido tendría?



Los pájaros cantan. “¿Qué me quieren decir?”, pregunta el peor sordo.
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Extraído del libro "El Buscador es el Ego" - Furia del Lago - Editorial Ananda

Cosas prestadas






Toda la desgracia humana proviene de esto: de que un hombre sea incapaz de sentarse tranquilo en una habitación.

Blas Pascal



Para volver al paraíso hay que desnudarse.

Furia del Lago



El miedo es un reducto: el de lo conocido.

Ubaldo Alegría


No te dejes aniquilar
por la vanidad.
Si al escalar la montaña
vacila tu corazón,
hazte montaña.
Si al caminar
tus fuerzas te abandonan,
hazte camino.
Pues todo eso eres tú,
no su dueño.

José Elgarreta




No sé lo que soy, no soy lo que sé.

Angelus Silesius



No nos envanezcamos como si nos encontrásemos entre cosas nuestras; solamente las tenemos prestadas.

Séneca



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Extraído de "Conspirando con el Cielo" - Compilado por Vita Preziosa - Editorial Ananda

Camino sin esfuerzo




Wei Po salió a caminar con Peng Ti. Al cabo de un tiempo, de tanto subir y bajar por valles y colinas, Peng Ti le preguntó a Wei Po cómo hacía para no sentirse cansado.
Wei Po – Camino sin esfuerzo.
Peng Ti - ¿Cómo es posible? Caminar es un esfuerzo.
Wei Po – Para ti es un esfuerzo, porque no caminas sino que vas a otra parte.
Peng Ti – No veo la diferencia.
Wei Po – Si vas a otra parte, ya estás en conflicto. Tu cuerpo está aquí y tu mente en otra parte. Así que tu cuerpo tira hacia abajo y tu mente hacia arriba. Eso no es caminar, es irse hacia otra parte. Es como perseguir el horizonte.
Peng Ti – Pero caminar, ¿qué es, entonces?
Wei Po – Cuando caminas, caminas. Estás aquí, completamente.
Peng Ti – O sea, que no vas a ninguna parte.
Wei Po – No. Cuando camino, camino.






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Extraído del libro "La Leyenda de Wei Po" de Vita Preziosa - Editorial Ananda




viernes, 26 de febrero de 2010

Construcciones mentales





Una persona cualquiera está acostumbrada a sentirse como un sujeto y considera al mundo como un objeto.
Esto es consecuencia de una educación que se le imparte desde el nacimiento mismo.


El niño recién nacido no es objeto ni sujeto. Cuando empiece a decir “yo”, cuando construya ese ente subjetivo que llamamos “yo”, también habrá de construir lo objetivo, el mundo.


Lo subjetivo y lo objetivo brotan ambos de la misma planta. Sólo supongo que no soy objetiva cuando me imagino que soy una conciencia encerrada en mi persona: algo así como una flauta que creyera guardar en sí misma toda la música del mundo. Y el mundo deja de ser subjetivo cuando lo pongo fuera de mi cuerpo y lo considero un objeto separado. Esta operación equivale a decir: “Yo y el mundo”, como si yo no fuera el mundo.
Cuando se comprende que todo esto es un juego de la mente, la falsa dicotomía desaparece.


El acto de comprender es la desaparición de la fantasía. Es lo mismo que ocurre cuando un niño se entera de que Santa Claus no existió jamás. No vuelve a creerlo.


Pero si escuchas que lo subjetivo y lo objetivo son construcciones mentales, probablemente no sea tan fácil de comprender.
¿Qué es lo que “yo” debo comprender?, quizá me preguntes. Así que la respuesta llega en forma de pregunta: ¿Quién es ese “yo” que quiere saberlo y que quiere comprender?



Si existe alguien que debería comprender, ese alguien ya se ha instituido como un ente separado del mundo. ¿Cómo haría para comprender que eso mismo, el concepto de estar separado del mundo, no es más que una fantasía?






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Extraído del libro "La Mirada del Zen" - de Flora Espinosa - Editorial Ananda


Pintura de Matthias Weischer- Egyptian - room

jueves, 25 de febrero de 2010

Sin tiempo






Hoy se me da por pensar que lo más fascinante de la vida es que demuele sistemáticamente todas las expectativas. Esto de no saber lo que está viniendo, convierte al día de hoy en el último día. Es algo que suena perturbador para los que tienen que pagar todavía muchas cuotas de la hipoteca y ni hablemos de aquellos que acaban de comprarse un auto recién salido de fábrica.
No se trata de una posibilidad, es un hecho. Hoy es el último día.
Este es el eje de toda meditación. No puede haber conciencia de ser para quien está viviendo un día entre tantos. Si empiezo el día engañándome, lo terminaré engañada. De hecho, ya no hay tiempo para empezar ni terminar nada. Cuando se comprende que todas las comprensiones son nada más que maneras de engañarse, desaparece el tiempo. Dicho de otro modo: el tiempo no es más que un invento con el cual pretendemos postergar lo inevitable. Pero lo inevitable no se puede postergar. Está mostrándose aquí y ahora. Aunque cierre los ojos, está presente y a la vista.
Hasta el temor desaparece cuando aparece la luz. Si estoy caminando sobre la cuerda floja, no puedo darme el lujo de albergar ningún temor. Todas mis energías están concentradas en el próximo paso.
Así que, ya está; ahora que no tengo miedo, ahora que estoy iluminada por la demolición de todas las comprensiones, veamos qué soy capaz de hacer con el último día.






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Extraído del libro "El Amor es Todo lo que Hay" - Furia del Lago - Editorial Ananda






Vayas a donde vayas




Seguir un camino para alcanzar la “meta” del presente es la trampa del ego. La única manera de estar presente es ser el presente. Vale decir, quedarse sin ego.
Esto no tendría por qué causar tanto conflicto ni tomarse como el gran sacrificio que debo hacer, puesto que el ego no existe.


Cuando eres el presente descubres que, vayas a donde vayas, siempre estás aquí. Descubres que, pase lo que pase, te mantienes ahora.
No vas a ninguna parte. Eres una semilla de conciencia que, dentro de sí, guarda un árbol de conciencia. Y ese árbol, la conciencia de sí mismo, está pugnando por brotar. Para que brote, la semilla tendrá que morir. La personalidad tendrá que abrirse en tierra fértil y dejar que el árbol surja.


Pero el ego no quiere morir. Busca continuidad a toda costa. “Ahora estoy en una búsqueda espiritual – declara-, estoy siguiendo un camino para alcanzar la conciencia”. Así se mantiene como el controlador de la vida. Yo voy hacia la meta. Yo voy a continuar haciendo lo que me plazca.
Para no disolverse en la conciencia, el ego practica un truco que parece consistente: ir hacia otra parte.



Una persona que tiene un ego muy sólido, cuando sale a caminar, en realidad, no está caminando: está yendo hacia otra parte. Ahora da un paso y luego otro paso, pero esa persona no es consciente del paso que está dando, porque sus ojos se le nublan con la visión del horizonte. Está yendo hacia el más allá y por lo tanto no es consciente de lo que está sucediendo aquí y ahora.



Pero esa misma persona, si está sentada, también está yendo hacia otro lugar lejano. Si la observas, verás que no deja de hablarte de las cosas que hará, de sus planes, sus ideas, sus maneras de dominar al mundo. O quizá pertenece al bando de los rezagados, que te hablan del pasado, de lo que sucedió en tal o cual lugar, de las noticias del periódico... Sea como sea, el ego se las arregla para no estar aquí, para no vivir el presente, porque el presente significa la desaparición del ego.






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Extraído del libro "La Mirada del Zen" - de Flora Espinosa - Editorial Ananda




martes, 23 de febrero de 2010

Otro día


Es otro día, hoy. ¿Cuál es su nombre
cuando el tuyo no existe? Ni siquiera
se puede dar por cierto que te asombre,
porque nadie se asombra si es la esfera


sin piel de la certeza, cuyo centro
es lo que ignora la sabiduría.
¿Quién distingue el afuera del adentro
cuando el día no sabe que es el día?


El corazón navega en el latido
que es la caricia madre del abismo.
La infinitud se siembra en un sonido


que al nacer ya se olvida de sí mismo.
¿Qué sentido tendrá tener sentido?
¿En quién piensas si piensas en ti mismo?


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Extraído de "Obra y Gracia", de Vita Preziosa - Editorial Ananda



Natural y artificial




Verse a sí mismo es natural. Pero hemos sido alejados de lo natural. Un niño inocente no necesita seguir ningún curso ni practicar ejercicios espirituales para verse a sí mismo. Simplemente, está atento, es atención pura. Y en medio de esa atención, florece entre otras una actividad más: la de verse a sí mismo.



Pero después el niño es entrenado para concentrarse en el conocimiento y volverse un practicante de Lo Conocido, ese dios del miedo. El chico deja de ser natural para entrar en el mundo de los artificios humanos. Se hace miembro del mundo rutinario de los adultos.
Lo natural ha dejado de ser natural para él.



Se ha dicho con acierto que la sociedad se convierte en una segunda naturaleza para nosotros. El problema es que el juego social devora toda nuestra energía y reduce al mundo a un problema. Al convertir al mundo en un problema, perdemos el misterio.




Gastamos la mayor parte de nuestra energía en asegurarnos las maneras de ganarnos la vida. La lucha por la supervivencia es eso: una lucha.



El conocimiento es nuestro principal artificio. Es el eje alrededor del cual giran nuestras actividades.



Al evaluar las maneras que tenemos de conocer, lo que hicimos fue organizar el conocimiento. Para organizarlo, nos abstraemos del presente, formamos una entidad imaginaria que no vive el presente y nos hace creer que no somos el presente. Esa entidad imaginaria se llama el yo, que es la suma de nuestro conocimiento organizado.
Cuando el yo nos impide ser el presente, entonces lo llamamos el Ego.




El ego, por consiguiente, es una entidad ficticia que nos sirve para manipular conocimiento, pero nos impide ser el presente.



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Extraído de "Claves del Zen" - Flora Espinosa - Editorial Ananda

domingo, 21 de febrero de 2010

El fin del mundo




Me encuentro con alguien en un bar y me cuenta que las profecías convergentes de unos y otros señalan que, dentro de poco, se avecinan cataclismos impresionantes. El calentamiento global es lo de menos, asegura. Habrá terremotos gigantescos que van a sacudir el planeta y harán desaparecer ciudades enteras. Y como si esto fuera poco, ya están cayendo en la bancarrota económica las principales potencias del mundo (agrega). El dinero no valdrá nada y tener billetes será lo mismo que tener papeles de diario recortados. Le digo que si es así, entonces habrá guerra, puesto que las guerras consisten en saqueos y despojos económicos de los más fuertes contra los más débiles.
Me dice que deberíamos ayudarnos los unos a otros, estar preparados para estas grandes catástrofes que se avecinan. A su criterio, tendríamos que modificar las condiciones de existencia de los seres humanos en el planeta. “Deberíamos cambiar de vida”, dice.
Mi respuesta es: si viene el tsunami, aunque sepas nadar, no hay nada que hacer. Si te traga un terremoto, tampoco se puede hacer nada. Y en la guerra, habrá que buscar refugio para no quedar en medio del tiroteo. Pero si vives en Hiroshima y a cualquiera se le ocurre tirar una bomba atómica sobre la ciudad, bueno, ¿qué puedes hacer?
En definitiva, yo soy una hormiga y tú eres una hormiga, somos seres minúsculos. Si no morimos en el tsunami, moriremos en la calle, o en la cama, o en donde sea. El fin del mundo está garantizado. Pero cuando alguien quiere cambiar las cosas, lo que quiere cambiar es eso: las cosas. De su propia persona, ni habla.
Es cierto, los seres humanos vivimos en un estado de guerra permanente, los unos contra los otros. Está claro que podríamos llegar a destruir la vida entera sobre el planeta y hasta el planeta mismo. Y vivimos así, precisamente, porque cada uno ha sido educado para cultivar su propio ego. Un ego es alguien que se cree dueño de su vida. Esa es la característica principal del ego. Luego, existen otras características y cada uno cultiva sus propias plantas venenosas en ese jardín del infierno. Pero todos los egos tienen un rasgo en común: se creen los dueños de sus vidas y, por lo tanto, creen que pueden hacer esto y aquello para “cambiar las cosas”. O sea, están convencidos de que pueden manipular al mundo para obtener provecho propio. A partir de ahí, surge la psicopatía general. Todos quieren manipular a todos, cada cual pretende hacer lo que se le antoja.
Cada vez que un ego quiere “cambiar las cosas” provoca conflicto. Si en el mundo tenemos seis mil millones de egos, no es difícil imaginar que vivimos haciéndonos la vida imposible los unos a los otros. Cuando alguien dice que “deberíamos ayudarnos los unos a los otros”, quizá sería necesario tener en cuenta que hay fuertes y débiles. Los que son verdaderamente fuertes están en condiciones de ayudar a los débiles. Pero los egos piensan de otra manera: el fuerte prefiere aplastar al débil. Por lo tanto, no es realmente fuerte. Sencillamente, todos somos hormigas minúsculas en el gran hormiguero humano. Alguien se siente débil, pero de pronto se encuentra en una posición relativa de fortaleza con respecto al otro. ¿ Y qué hace? Lo aplasta. O peor todavía: lo ayuda. Le explica “cómo tiene que vivir”. Lo adoctrina para que tenga tales y cuales creencias, para que persiga ideales determinados.
Eso es lo que pasa con los niños, por ejemplo. Los niños son débiles y están en manos de los adultos. Y los adultos, como viven creyendo que son los dueños de sus vidas, les inculcan a los niños esa misma creencia: el ego.
Para sentirse el dueño de su vida, el ego empieza por creer que “tiene” una vida separada del resto de la vida. Eso es lo que les inculcan los adultos a los niños. Claro, cuando viene el tsunami, ese niño (que ahora tiene 60 años) se pregunta “quién soy yo”, porque “parece que todo lo que me dijeron era una falacia”.
Si yo no me creo una persona “dueña de mi vida”, entonces tampoco pretendo dirigir a la humanidad y explicarle “cómo debe vivir”. Sencillamente, me ocupo de mi ego. Y lo que yo veo es esto: el ego pretende ser el centro del universo y pretende que la vida me dé satisfacción. Si no lo hace, el ego se queja y se queja. Generalmente, el ego se vive quejando precisamente porque la vida no le da ninguna satisfacción. Mientras pretenda que el mundo entero le sirva en bandeja su placer, el ego chocará de narices contra todos los murallones, una y otra vez, sin cesar. Pero como los seres humanos desconocemos por completo otra manera de vivir (al menos, la cultura social no nos ha proporcionado ninguna otra), entonces continuamos reforzando el ego, encaprichándonos con sus caprichos.
Si yo me ocupo del ego, descubro que es una manera de comportarme adquirida. Una manera como cualquier otra. El resultado de todos los egos que tuvieron influencia en mí: madre, padre, hermanos, vecinos, compañeros de clase, compañeros de viaje y todo lo demás. Por supuesto, no es necesario comportarme así. Pero esa es la manera automática de comportarme: el ego. Cualquier otra, sería la manera consciente de hacer las cosas. El ego, en cierto modo, es el sueño, la inconsciencia. Y al observarlo, estoy saliendo del sueño. Así que el ego me ayuda a ser consciente. Eso es todo lo que puedo hacer: ser consciente. Principalmente y sobre todo, ser consciente de que el ego sólo puede ocasionar conflicto y más conflicto.
Cuando el ego es puesto al descubierto, desaparece. Entonces, se descubre que la vida es una sola, que no existe “tu vida” por un lado y “mi vida” por el otro lado. Es cierto que las personas están separadas y cada una anda por su lado, pero la vida es una sola. Hay muchas rosas en el rosedal, pero el perfume es uno solo.
Estoy diciendo que cuando el ego es puesto al descubierto, desaparece. Imagínense ustedes cuando están en medio del terremoto. El ego (esa persona tan especial) descubre que no existe, que tan sólo es una construcción mental y simbólica que simboliza la arrogancia personal de cada “dueño de su vida”.
Ahora están apareciendo los profetas que hablan del fin del mundo, de los grandes cataclismos y de la humanidad desaparecida para siempre. Son maneras de morir, eso es todo. Supongo que mi padre, cuando murió, habrá sentido algo por el estilo: el fin del mundo. Creemos que ese mundo es muy consistente y real, pero en cuanto desaparezco yo, desaparece el mundo.
En suma: si desaparece el ego, sólo queda el presente. Y el presente no tiene conflicto. El presente no pretende ser “otra cosa”. El presente no pretende sacarle provecho al mundo y a la vida, porque es la totalidad viviente, no está separado de la vida. Si desaparece el ego, queda el presente. Y el presente no está en conflicto con el presente ni con nada. Si desaparece el ego, también desaparece el mundo (que no es otra cosa que una idea que nos hacemos de algo que denominamos mundo). Cuando desaparece el ego aparece la energía del absoluto y eso no se parece a nada. No es mundo, no es yo, no es idea, no es realidad, no es ni siquiera nada. Es lo absoluto.
No tenemos una vida separada de la vida. Sencillamente, no “tenemos” una vida, porque somos vida. Cuando el ego descubre que no existe, se puede ver que no hay separación de ninguna especie. Y cuando el ego desaparece, cuidamos lo que nos rodea, porque lo que nos rodea somos nosotros mismos.


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Extraído de "El Fin del Mundo" - Furia del Lago - Editorial Ananda

viernes, 19 de febrero de 2010

El acto puro


El momento que nace es el momento que muere. No puedes hallar dos momentos en ninguna parte, porque tan sólo hay uno.
Acción y reacción, cuando lo ves, se complementan de tal modo que una se transforma en la otra, se devoran a sí mismas.
Sólo te queda el acto, puro en sí mismo, sin divisiones.
Cuando estás presente, tú mismo eres el presente.
Estás muriendo y naciendo al mismo tiempo.
Estás viviendo.
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Extraído de "Huecos en la Enredadera" - Furia del Lago - Editorial Ananda

jueves, 18 de febrero de 2010

La vida sin cesar


Un soneto es silencio bien sembrado,
deseo de tener lo que se tiene
o mera plenitud. Valga el cuidado
de tanto caos que pulir conviene.

Es un río de mármol disfrazado,
un diamante de azar, humo consciente,
reflexivo fulgor improvisado,
oscuro divagar resplandeciente.

También puede tomarse por alhaja
que diseña la historia del presente.
Dentro de sí, desconocida viaja

la vida sin cesar, vida fluyente
que no se va de aquí, y oculta y muestra
su corazón, discípula y maestra.


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Extraído de "La Danza de la Vida" - Vita Preziosa - Editorial Ananda

Desear lo que tienes


No recuerdo cuándo ni cómo fue, pero en una charla con mi amiga Flora Espinosa las dos acuñamos una expresión que nos ha venido acompañando durante un tiempo: desear lo que se tiene. “Es una manera de hacer el amor sin cesar”, me decía ella. Y algo de eso hay. Cuando haces el amor, deseas lo que tienes. Esta energía del deseo cumplido, esta plenitud de estar aquí y ahora, esta conciencia de ser lo abarca todo, germina su figura y le da fruto.
Desear lo que tienes constituye un pase de magia que disuelve lo personal con un solo chasquido de atención.
“¿Hay algo que esté faltando aquí?” Tal era el desafío del viejo maestro Lin Chi.
Cuando deseo lo que tengo, estoy poniendo en evidencia al ego. Entonces, queda perfectamente a la vista que el ego es una entidad forjada en la más lejana infancia, cuyo único objetivo es pedirle al mundo que me rinda tributo.
Cuando deseo lo que tengo, el ego descubre que jamás ha existido. Es nada más que el compendio de los caprichos personales de cada uno.


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Extraído de "El Fin del Mundo" - Furia del Lago -Editorial Ananda

miércoles, 17 de febrero de 2010

Saborear el silencio


(De un discurso de Wei Po)

Conversar del espacio infinito y de las alas de la eternidad con prisioneros que tiemblan en lo más hondo de la cueva es como echar al agua al que no sabe nadar.
¿Cómo podrían las palabras enseñarnos a saborear el silencio que es cada uno de nosotros?
Todo lo que hace falta es que ustedes dejen de estar en falta. Pero esto que estoy diciendo no lo pueden escuchar los que buscan un significado a mis palabras. Y aquellos que comprenden lo que digo no necesitan de mis palabras.
Por eso, puedo decirles a ustedes que estoy hablando en el vacío y para el vacío. Todo es un juego; y si ustedes se toman en serio este juego, verán que no existe ninguna cosa que debieran tomar en serio.

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Extraído de "La Leyenda de Wei Po" - Vita Preziosa - Editorial Ananda

martes, 16 de febrero de 2010

El misterio que somos



¿Cómo era que se llamaba ese califa?, creo que Harún Al Raschid. (No me voy a tomar el trabajo a ir a buscarlo en ningún libro ni en internet). El tipo salía en compañía de su visir por las calles de Bagdad. Se hacía pasar por uno más de entre las gentes, un comerciante cualquiera. De esa manera, conocía lo que pensaba la gente del pueblo. Claro, en esa época no existía la fotografía ni la televisión. Los pobladores del lugar no sabían cómo era el rostro del califa.
Pero el asunto es que este hombre no tenía realmente jerarquía. Lacan ha dicho: “Si un hombre se cree rey, está loco; pero si el rey cree que es el rey, también está loco”. Harún al Raschid no se creía el califa. Le tocó ese puesto así como a cualquier otro le tocaba ser herrero, comerciante o marino.
Tomemos ahora el caso de cualquiera de nosotros. Viene alguien de visita a tu casa. No lo conoces porque no has tenido mucho trato con esa persona. Así que cada cual habla de sí mismo, cuenta las cosas que hace, las que piensa, las que siente.
Al hablar de sí mismo, esa persona dice “yo”. Cuando hablo de mí, en circunstancias semejantes, digo “yo”. Pero, ¿qué soy yo? Te cuento: hago esto y aquello, hace años hice tal y tal cosa, estudié, trabajé, gané plata o perdí, viví en tal ciudad y luego en tal otra. ¿Eso es lo que soy yo? Evidentemente, no.
En realidad, no sé quién soy. Tú no sabes quién eres. ¿Para qué hablar tanto? Para reforzar lo conocido. Pero si seguimos en este juego, tú creerás que eres lo conocido y yo también alimentaré la misma fe.
Así es como ignoramos el misterio que somos.


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Extraído de "Tabú" - Vita Preziosa - Editorial Ananda

lunes, 15 de febrero de 2010

Resplandor de este gesto


Sutra 44




El profundo deseo que te impulsa
no tiene forma. Viene desde el fondo
de la pureza misma y atraviesa
tu sólida figura. ¿Cómo quieres
mantener la pureza si no sabes
de qué se trata? Pero, si supieras,
ya no sería pura. Tal dilema
te puede atormentar cuando eres gota
separada del mar de la pureza.
Pero una gota mínima de idea
en el mar infinito de la luz
tan sólo puede sucumbir al vasto
resplandor de este gesto que ya mismo
te viene a recordar quién eres. Deja
que te nombre en silencio y te revele
la esencia del momento que es presencia
pero también ausencia. Que las bodas
de lo invisible con lo que se ve
te mantengan intacto en la pureza.


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Este sutra de Muni Omkara está incluido en "Let It Be" de Furia del Lago - Editorial Ananda

domingo, 14 de febrero de 2010

Nena caprichosa




¿Se puede percibir la eternidad? Si enfocamos el asunto con lógica de lo más sencilla, deberíamos responder: “Sólo la eternidad puede percibirla”.
Pero no conviene quedar en la lógica, porque ella se mueve sólo dentro de sus propios límites y la percepción es pura pureza. Eso sí, tendremos que dar vuelta el lenguaje, usarlo al revés y olvidar las palabras lo mismo que una persona escucha que alguien grita: “¡fuego!” y sale corriendo, porque la palabra es eléctrica y enciende todos los motores de la acción.
En este lugar sin tiempo todo viaja desde siempre hasta siempre y esos pájaros en bandada, que cruzan por encima la carretera del silencio, le regalan al cielo de la contemplación el alborozo de la vida.
¿Quién puede vivir fuera de la eternidad? “De sólo pensarlo, has caído en el fondo del capricho”, canta el Coro de la Mirada Pura, grupo contratado a último momento para despabilar a los oyentes de esta ópera magna que los expertos y los eruditos suelen llamar Naturaleza del Mundo.
Y puesto que vivir fuera de la eternidad es tan absurdo como hacer comparaciones mientras caminas por la cuerda floja, podemos saborear en este banquete la fruta exquisita de Lin Chi, cuya carcajada sin fronteras todavía resuena en los oídos del asombro compartido: “¿Hay algo que esté faltando ahora?”
Mis palabras te mienten pero mi corazón baila con el mismo latido que el tuyo. Vamos más allá del paisaje; dejémonos llevar por la única mirada. La eternidad ha sido hecha para ti si la luz que enciendes ahora, exactamente ahora, te permite ver que tú estás hecho para la eternidad.
“Pero tú me hablas del éxtasis mientras los psicópatas están bombardeando la ciudad”, viene a decirme Nena Caprichosa (siempre hay alguna cerca). “Perfecto, si tienes hambre comes; si hay mucho sol, te refugias bajo la sombra de un árbol; y si llueven bombas, corres hasta el refugio antiaéreo”, recomienda Lin Chi en su encarnación moderna.
Nena Caprichosa, así como se ve, cultiva una religión particular, cuyo credo indica que el mundo gira en torno a ella y que la eternidad baila en su mano. Lo extraño del asunto es que la pobre nena se golpea las narices a cada rato contra el paredón del destino. ¿No es suficiente con una vez?
Una cámara oculta en el Gran Salón de las Revelaciones nos muestra la visita de Nena Caprichosa y su inevitable pregunta al Oráculo:
- ¿Por qué el destino juega en mi contra?
- Porque tú juegas en contra del destino, Nena – es la respuesta inmediata.
Pero Nena Caprichosa no tiene oídos para ningún tipo de revelación. Ella está esperando soluciones y si alguien le dijese que la vida no es un problema, imaginen de cuántas maneras habrá de maldecir al iluso que se ha metido a maestro.
Más de uno, en este intrincado esbozo de visión panorámica, se preguntará para qué diablos estamos ocupándonos aquí de Nena Caprichosa, si nuestra pregunta fundamental intenta correr por las vértebras de esa magia que hemos llamado percepción de la eternidad. Así que vamos a poner un poco de orden en esta charla, puesto que la simpleza es difícil de sostener. Primero, porque Nena Caprichosa es la que impide ver la eternidad. Y segundo, porque todos (varones y mujeres por igual) hemos sido entrenados para comportarnos como Nena Caprichosa.
Aquél de atrás, que levanta la mano, ¿tiene algo que preguntar?
“Sí, señorita. Parece que todos andamos como Nena Caprichosa por el mundo. Pero yo veo que cada cual tiene características distintas de los demás. Quizá esas distinciones son las que nos confunden”.
Así que usted está confundido. Pues bien, averigüe quién se siente confundido. Y ustedes no se rían tanto, que ésta será la tarea para el hogar.
Con todo, pueden tomar algunos apuntes que sólo servirán para ser arrojados a la basura en cuanto comprendan que no hay nada que comprender.
Nena Caprichosa cree que es una persona. Por tanto, cree que tiene una vida particular, separada de la vida. Y encima de todo esto, cree que es la dueña de su vida. Con esto, tiene suficiente para entretenerse.
Aparte de esto, si Nena Caprichosa es pelirroja o morocha, si sabe o no sabe, si camina sobre las aguas o adivina el pensamiento, ¿a quién le importa?
Otra vez usted, Moscardón de Letrina, ¿qué es lo que quiere ahora?
“Nada especial, señorita, por supuesto. Pero quiero preguntarle una cosa. Nena Caprichosa no existe, ¿verdad?”
Usted está cantando la canción que está de moda, ¿no es así?
“Así es”.
Ya les he dicho mil trescientas cuarenta y ocho veces que sólo tienen que afirmar aquello que comprueban por sí mismos y no por otros. Ni siquiera se les ocurra repetir lo que yo digo. Pero eso pasa porque Nena Caprichosa no escucha. Y no escucha, precisamente, porque su misión en este mundo es taponarse los oídos con la novela de su vida o cualquier otra novela. Pero, bueno, voy a contarles una historia ya que tanto les gustan los cuentos a ustedes.
Carlos Castaneda le comentó a don Juan Matus que muchos le habían reprochado que escribiese algunos libros para revelar los secretos de los antiguos brujos toltecas. Le preguntó entonces a su viejo maestro si había cometido un error en hacer esas revelaciones. Don Juan le respondió que de nada sirven las revelaciones si el que las escucha no tiene poder para hacer algo con ellas. “Mira –le dijo-; te voy a hacer la más grande revelación de todas: la eternidad nos rodea. ¿Y? ¿Eso te ha cambiado en algo? Ya ves que no. Todas esas revelaciones pueden tener algún efecto sólo si tienes suficiente poder personal para actuar con ellas”.
Pues bien, ese poder personal significa que ustedes no tienen una Nena Caprichosa gobernando la vida que le ha tocado en suerte a cada uno. Sólo quien se ha deshecho de esa tirana puede tener un poquito de poder. De otra manera, hablar de la eternidad es nada más que un cuento, como esos relatos que les cuentan los padres a los chicos, durante la noche, para que no tengan miedo y se duerman tranquilos.


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Extraído de "El Amor es Todo lo que Hay" - Furia del Lago - Editorial Ananda

viernes, 12 de febrero de 2010

Nido de la Sonrisa




Esto de amar tan sólo por amar
tiene el vuelo espontáneo de la brisa
que le brota de adentro a ese lugar
donde oculta su nido la sonrisa.


Su fruta, que madura sin cesar,
tiene el sabor de lo que se improvisa
y al hambre se le entrega sin dudar,
dominante tal vez, tal vez sumisa.


Es la fruta del árbol de la vida
y quien la prueba, razonable o loco,
palabra que ya nunca se la olvida


ni su hechizo podrá negar tampoco.
Y así del todo, pero poco a poco,
se aprende que la vida es dar la vida.

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Extraído de "El Viejo Truco de la Novedad" - Vita Preziosa - Editorial Ananda

Naranjo en flor


Cuando nos damos cuenta que la identidad personal es
transitoria y funcional ya no encontramos separación
entre superficie y profundidad;

se desvanece la ilusión del crecimiento espiritual y
vemos una sola realidad manifestada y presente en
nosotros y en todo lo existente.

Vemos al naranjo eternamente florecido.


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Esta magnífica joya de meditación pertenece a Delia (www.regina-libera.blogspot.com)

jueves, 11 de febrero de 2010

Aprendiendo el arte




Cuando la gente le preguntaba cómo es el Zen, Gosa Hoyen solía contar la historia del ladrón y su hijo.
Dándose cuenta de que su padre, que era un ladrón, se estaba haciendo viejo, el hijo le pidió que le enseñara el oficio, para poder continuar con el negocio familiar cuando el padre se hubiera retirado.
El padre estuvo de acuerdo y así fue como, esa misma noche, los dos lograron entrar en una casa que estaba a oscuras, mientras sus moradores se hallaban durmiendo. En un momento dado, el padre abrió un gran ropero y le dijo al joven que se metiera dentro y sacara toda la ropa de valor que pudiera. Tan pronto como el hijo estuvo dentro, el padre cerró el ropero y tiró la llave. De inmediato armó un jaleo terrible, un batifondo que sólo podía lograr que todos los habitantes de la casa se despertaran. El padre, cuando vio que había logrado su propósito de despertar a la gente, se escabulló de allí con sumo sigilo.
Encerrado dentro del ropero, el muchacho estaba muy enojado, aterrorizado y confundido, porque no sabía cómo salir de allí, mientras escuchaba que los dueños de casa lo estaban buscando. Entonces, se le ocurrió una idea: simuló el maullido de un gato. Alguien de la familia le ordenó a una doncella que tomara una vela y examinara ese ropero.
Cuando abrió la puerta, el muchacho saltó afuera, apagó la vela, empujó a la sorprendida doncella, salió por la ventana y echó a correr a toda velocidad. Todos los habitantes de la casa corrieron detrás de él.
Desesperado, mientras seguía corriendo a todo vapor, el muchacho vio que junto al camino había un gran estanque y arrojó entonces una enorme piedra en el agua. Hecho esto, se escondió en la oscuridad. Los perseguidores se reunieron alrededor del estanque, para ver si lograban ver al ladrón, de quien suponían que estaba ahogándose.
Así fue como, aprovechando esa confusión, el muchacho logró escabullirse y escapar rumbo a su casa. Cuando llegó, estaba tremendamente enojado con su padre y le quiso contar la historia. Pero el padre, con un ademán riguroso, lo interrumpió y le dijo: “No te molestes en contarme los detalles... Estás aquí, has aprendido el arte”.



Tu padre te ha encerrado en el ropero del ego y no sabes cómo salir de ahí sin que te atrapen. Tendrás que improvisar. En primer lugar, fingir que eres lo que no eres, tal como el ego acostumbra. Eres un hombre, pero maúllas como un gato. A continuación, salir de allí y apagar la luz, para que no puedas ser reconocido. Si tu rostro no está visible, tampoco está visible tu personalidad. Recuerda que la personalidad se concentra en el rostro de cada cual. La personalidad es lo que nos diferencia a unos de otros, al igual que la cara. Al apagarse la luz, te tornas invisible. Y en esa oscuridad aprovechas para escapar. A continuación, para evitar cualquier equívoco, fingir que estás muerto. Y por último, quedas en libertad.



Cada uno de nosotros ha experimentado la misma situación, porque nuestros padres nos han encerrado en el ropero del ego. Además, nos enseñan el oficio de los ladrones, que se apoderan de lo que no es suyo. En este caso, el ego se apodera de lo que llama “su” vida. Cuando el hijo quiere volver al paraíso, se encontrará encerrado en el ropero. Cada uno de nosotros está en la misma situación. Queremos volver al paraíso, pero el ego no nos deja. Para volver al presente (al paraíso) tendrías que dejar de ser el ego. Te identificas con el ego y cuando quieres estar presente no puedes. Por supuesto que no, si el ego es la negación del presente.




El presente es la voluntad del presente. Es una voluntad omnipresente. Si quieres hacer tu voluntad, el presente habrá de expulsarte. Esto ya lo hemos visto. Ahora, hagamos de cuenta que tú y yo somos dos gotas de agua. Tanto tú como yo estamos en un océano, el océano del presente. Por lo tanto, podríamos decir que somos el presente.
Sin embargo, por una cuestión cultural y una exigencia social que ejerce una tremenda presión sobre nosotros, estamos acostumbrados a negar el presente.
En esta situación, lo que te sucede es algo muy difícil de comprender: te estás negando a ti mismo. Tú eres el presente, pero te niegas a ver el presente, a vivirlo, a ser el presente. Entonces te estás negando a ti mismo.


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Extraído de "El Abrazo del Presente" - Furia del Lago - Editorial Ananda


martes, 9 de febrero de 2010

El beso del instante


Leer este poema del instante
tan sólo puede hacerlo (con la prisa
de la pausa mezclada) la sonrisa
del único lector: el mismo instante.


Más que leerlo, palpitarlo a pleno
o llevarlo a pasear por la leticia
de este fulgor despierto en la caricia
que el corazón desborda de tan lleno.


Dejarlo sin su nombre: que se invente
nombre, semblante, compañero, dios
y aquí lo muestre, lúcido, fulgente.


Y puesto que en un beso besan dos
inventar este beso del instante
que se deja besar por el instante.

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Extraído de "El Viejo Truco de la Novedad" - Vita Preziosa - Editorial Ananda