viernes, 26 de marzo de 2010

El oficio de ser quien soy



(Apuntes de un diario personal)


¿Quién soy yo, un abismo sin fondo o la fulana que todos los días prepara la comida para sobrevivir con cierta solidez en el mundo del misterio?
No creo que haya nada tan divertido (ni tan aterrador) como hacerse la pregunta definitiva. Quiero decir: ésta es la pregunta que se hace el moribundo que está a punto de abandonar conscientemente las historias de este mundo. ¿Quién soy yo?



Para escarbar en la pregunta (y con ella misma) empiezo por la famosa partícula “yo”. En algún momento, pienso que inventé algo así como “yo” para designar a esta persona que estoy habitando. Pero ahora me quedo sentada, aquí, con la espalda recta y en silencio. Resultado: no tengo la menor idea de qué es eso que llamo “yo”. No sé qué soy, no sé quién soy.



La gata se llama Pancha. Le pusimos ese nombre al poco tiempo de nacer, ya que la trajimos a casa unos días después de haber venido al mundo.
Pero, por más que se llame Pancha, ella “no es” Pancha. Ella es (no sé qué). Si digo “gata” no cambia nada, es lo mismo que decir “Pancha”. Tan sólo es una palabra, un concepto.
Esto me sirve para transmitir al tácito lector la idea de mi gata, pero ella es mucho más hermosa de todo lo que puedan imaginar.
Otro concepto: la palabra “hermosa”.
La palabra señala pero no es lo señalado. No sé de qué hablo cuando digo “yo”. Preguntarse quién soy es una trampa en la que desaparece la persona que pregunta.



Vita Preziosa dice que le encanta Lope de Vega, lo mismo que Góngora o Quevedo, porque podían escribir un soneto en cualquier parte y a guisa de cualquier acontecimiento, tema o reflexión. Agrega que ella comparte ese gozo de crear espontáneamente con palabras, con ritmo y con rima. Le lanzo, entonces, un desafío: le pido que me escriba un soneto sobre el tema que estoy rondando: ¿quién soy? Responde con una risa. Supongo que acepta el desafío.


Me quedo sentada, me pregunto quién soy. Hablo conmigo misma y ya sé (de antemano) que todo lo que diga es nada más que un parloteo social inyectado en mi mente.
Por lo tanto, me quedo en silencio. Me pregunto en silencio quién soy. La percepción es inmediata y sin palabras. Aquí la voy a decir con palabras, pero hágase de cuenta que es pura percepción: yo soy la que pregunta quién soy.
Dicho sea de otra manera: soy el silencio que se pregunta quién es.



Me llega por correo electrónico la respuesta de Vita, diez horas después del desafío, aproximadamente.
Un soneto con todas las de la ley. ¿Lo tendría hecho de antes o lo habrá compuesto a mi pedido? Para el caso da igual. Si le preguntase a ella, se reiría en mi cara.



Esta es la nada que lo observa todo
y por todo, a su vez, es observada.
Nada que soy, que eres, y a su modo,
magna totalidad, nada de nada.


Que de todo se pueda disfrazar,
ir o venir, ponerse nombre, atuendo,
afincarse o cambiarse de lugar,
no impide que se quede y se esté yendo.


Nada para entregar o recibir:
es lo que eres. Todas las figuras
que la imaginación te haga vivir


(ambiciones, tesoros, aventuras)
están hechas de todo lo que nada
puede vivir tan sólo siendo nada.


Vita Preziosa




Quedo sentada. Sin palabras, me veo invadida por el silencio.
“Pero el silencio es lo mismo que nada”, pensaría Juan Vecino. Si me dejo llevar por su influencia, tal vez olvide que hasta la palabra “nada” (lo mismo que la palabra “silencio”) no deja de ser un concepto.
Dejarse invadir por el silencio me hace descubrir que soy el silencio.


Yo siempre estoy presente porque siempre estoy ausente; y sólo estoy presente cuando estoy ausente. Para aclarar esto, yo añadiría que siempre estoy presente absolutamente, pero relativamente mi presencia aparente es mi aparente ausencia como Yo. (¡Una confusión complicada aún más!)

Nisargadatta Maharaj




Cuando digo “Pancha” simplemente señalo a la gata, pero la palabra no es la gata. Y estoy hablando de mí cuando digo “yo”, pero eso no soy yo. Más claro, échale agua.



En alguna parte, Ramesh Balsekar dice: “Tú nunca puedes conocer la Verdad. ¿Por qué? Porque tú eres la Verdad”.
Pero, claro, es probable que tú pienses que te conoces. Eso es lo que habitualmente piensa cada uno; cultiva una serie de hábitos y costumbres, se solaza con algunos vicios especiales, se obstina en revolcarse en el chiquero de la rutina. Y luego, por mera comodidad, a todo esto le llama “yo”.
Sin embargo, la muerte sigue ahí, al acecho. ¿Por qué, cuando piensas en ella y la sientes al acecho, te sobreviene un sacudón anímico? Porque tomar conciencia de ti mismo es un acto impersonal. Y tú estás acostumbrado a vivir encerrado en la cueva de la personalidad.


(Tomado del cuaderno de apuntes de Bruno Pozzo)



Apenas quedas en silencio, desaparece el yo. Ya no eres Furia del Lago, ya no eres lo conocido, ya no eres lo que imaginas que eres.
Eres el silencio.




Una mirada
cruzando lo invisible
que la traspasa.


Dionisio Mayor




¿Qué es esto de ser sin ser "alguien"? No es lo que enseñan en las escuelas ni lo que transmiten los seres humanos de generación en generación.
A cualquiera de nosotros nos enseñan, antes que nada, a ser alguien especial, alguien definido, alguien con cualidades que nos encasillan dentro de la categoría de “lo conocido”.



Pero te sientas, quedas en silencio, y entonces eres, tan sólo eres. Sin imaginar qué cosa eres. Sin cualidades ni características que sueles atribuirte. Sin imagen de ti misma.
Esto es lo que ve el silencio.
Pero este silencio soy yo. No es algo abstracto ni tampoco es algo concreto. Es lo que es. Abstracciones o concreciones son juegos de la mente y aquí, en el silencio, no entran los juegos de la mente.
En el silencio, la mente se desempeña como un nadador que abriese la boca para respirar debajo del agua. No puede hacerlo. La mente no puede sobrevivir en el silencio.



¿Es posible desprenderte de la creencia de que deberías o necesitas saber quién eres? En otras palabras, ¿puedes dejar de buscar definiciones conceptuales que te den un sentido de ti mismo? ¿Puedes dejar de mirar al pensamiento en busca de una identidad?
Eckhart Tolle




Me pregunto quién soy. Eso quiere decir que no lo sé. Puedo haber vivido treinta o sesenta años, pero sigo sin saberlo. Todo este tiempo he vivido sin saber quién soy.
Entonces, ¿por qué quiero saberlo? Mejor dicho: ¿quién quiere saber quién soy?




El ignorante quiere saber quién es. La respuesta es clara: eres el ignorante.

Dionisio Mayor




Lo que yo escribo aquí son nada más que conceptos. Aclararlo parece absurdo, ya se sabe que son conceptos. Lo que pasa es que algún curioso (que viniese a mi cajón y revisara este cuaderno de notas) podría suponer que son conceptos que tienen la absurda pretensión de describir lo inconcebible.
No es así. O mejor dicho, siempre es así. Cuando yo digo “manzana” estoy describiendo algo inconcebible. Mi vecino puede creer que sabe de qué estoy hablando. Pero si no prueba la manzana por sí mismo nunca lo sabrá. Me corrijo: aunque la pruebe, jamás lo sabrá.



Cuando yo digo “silencio” pasa algo semejante. Alguno pensará que “silencio” significa quedarse callado, sin hablar, o sin escuchar la radio. No, el silencio es la energía primordial del universo. Y con esto no estoy más que apilando conceptos, nuevamente.
Voy a decirlo de otra manera, también conceptual, pero que intente mostrar algo distinto: “Sólo el silencio puede estar en silencio”.



Entonces, yo no soy una persona determinada y conocida.
Cuando dejo de hablar conmigo misma, desaparece la imagen que me hago de mi propia persona y aparece el silencio. Ese silencio está viendo todo, pero no puede decir lo que ve. Y aunque pudiera, sólo el silencio puede verlo.
Tú puedes decirme lo que ve el silencio, pero yo no lo puedo ver: sólo el silencio puede verlo.

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Extraído del libro "El Buscador es el Ego", de Furia del Lago - Editorial Ananda

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Foto de Carla Amaya: "Selene"

20 comentarios:

  1. Del misterio, querida Furia, nada puede decirse.
    Pero en él vivimos y tenemos el ser.

    Un abrazo desde el misterio.

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  2. Hola Furia,
    Estas entradas son auto-indagación pura. Enhorabuena por la tremenda lucidez y gracias por compartirlas. "Sólo el silencio puede estar en silencio" es una sentencia que me la anoto porque de inmediato "caes" en el silencio.
    Un abrazo.

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  3. Lo que es jugando a las escondidas, pero con sí mismo, disfrazándose de universo. El secreto está develado ¿pero quién lo entiende? ¿el mismo que no lo entiende?

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  4. Por lo tanto, me quedo en silencio. Me pregunto en silencio quién soy.....

    Qué soy? nada de nada

    Quien soy yo? no lo sé

    Cuando uno penetra en el Silencio, penetra en el Espíritu.desde esa percepción, nada es

    Ufffffff Furia que entrada más hacia adentro necesito digerirla por etapas, o quizá no lo haga, leerla de nuevo, desde luego

    Muchas gracias amiga, recibe un calido abrazo

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  5. Desde mi ignorancia te digo querida Furia:
    Que lindo misterio este ,como la vida ,cuanto menos se entiende mas hermosa .

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  6. El Observador Silencioso, inconsciente de Sí Mismo si no es a través de lo manifestado...

    Una profunda y clara entrada, Furia

    Muchas gracias por compartirla, amiga, y un abrazo grande

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  7. Hola, Furia. Según parece, eres un abismo sin fondo y también la fulana que todos los días prepara la comida para sobrevivir con cierta solidez en el mundo del misterio. El silencio y la palabra.
    Me gusta esta manera de presentar las peripecias del ego por este mundo. Lo cotidiano como misterio. Un abrazo.

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  8. Muy hermosa y clara entrada, amiga Furia. Hablando de gatos, la gata que elige vivir con nosotros, a la que mi hijo puso el nombre de Sara es una gran maestra para mi, me gusta observarla y ver como es capaz de vivir sin conceptos, en cada momento, y ser libre para gatunear :)
    Un abrazo!

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  9. Hola, Furia. Me queda subrayada esa frase tuya: "desaparece la imagen que me hago de mi propia persona y aparece el silencio". Poco a poco, la imagen va desapareciendo. La vida se va encargando de ello. Sólo queda que lo haga con nuestra complacencia, para que el camino se aliviane.
    Un abrazo

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  10. Mi querida Furia

    El oficio de Ser quien soy.
    Quedé profundamente fascinada con este texto, sumergida en la reflexión...

    Necesariamente somos el ignorante y el Silencio al mismo tiempo, no me queda más que decir mi querida Furia que...estamos en este mundo...pero no pertenecemos a él.

    Un cariñoso abrazo.
    Maribel

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  11. Hola, Amelia querida. Suscitar el misterio, sentirlo en el cuerpo, dejarlo correr por las venas, despertarse. El arte de vivir tiene mucho de esta devoción por lo desconocido. Es verdad, nada puede decirse del misterio. Pero compartir este silencio de ser es un bálsamo en la marcha por el páramo. Somos desconocidos. Desde este misterio, un abrazo grande.

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  12. Hola, José Manuel. No hay buscador que encuentre al silencio. Sólo el mismo silencio puede revelarse. Estas notas las tomo para recordármelo a mí misma. Pero no me gusta hablar con el espejo. Así que las pongo en el blog. Es una manera de meterme a fondo en la soledad y luego no estar tan sola. Por cierto, me da mucho gusto tu visita. Un abrazo.

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  13. Así es, Anónimo. El secreto está a la vista. Esto es “lo que es”, aquí y ahora. ¿Quién necesita entenderlo? En cuanto se formula esta pregunta, vemos cómo ha metido la cola el diablo. El ser humano quiere “entender”. Esa es una exigencia humana. Cuando la persona quiere entender, ya ha dividido al mundo en dos: lo que se entiende y lo que no se entiende. Pero es nada más que un juego mental. La mente quiere organizar al mundo. La mente es separativa, establece una división entre “el mundo y yo”. Es una división ficticia. La gota de agua está en el mar, pero el mar no puede ser encerrado en una gota.
    La totalidad del ser me abarca. Yo no puedo abarcarla.
    Gracias por la visita…

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  14. Hola, Arianna. Qué gusto da que juguemos a este juego. Así como estás tú, estoy yo y estamos todos. Quién soy. No lo sé. Y me quedo en ese no saberlo. Tú y yo vivimos a miles de kilómetros de distancia, pero aquí, en este juego, somos lo mismo: la conciencia que juega con estas personitas en las que figuramos.
    Gracias, amiga, por tu visita. Un abrazo.

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  15. Ja, ja, Nanako. Me hace reír tu observación. La vida, “cuanto menos se entiende, más divertida”. Qué manera de perder la importancia, diría Don Juan Matus.
    Un besoto…

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  16. Hola, Joy. Anoto lo que dices: A través de lo manifestado, el observador silencioso se descubre.
    Gracias a ti, por venir a la fiesta del descubrimiento y compartir tus hallazgos. Un abrazo grande…

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  17. Sí, Oso. En esto me gusta subirme al carro de aquellos magos del zen, a quienes el misterio les salía por las orejas de tanto desbordarse y que hacían magia con acarrear leña o juntar agua del pozo, así como nosotros hablamos a través de una increíble red cibernética gracias, entre otras cosas, a papá y mamá, que nos enseñaron el idioma español. En fin, es imposible hallar algo que no sea rotundo misterio…

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  18. Ay, Zanara. Estos párrafos habían sido escritos hace tiempo. Lamentablemente, Pancha ya no está con nosotros. Pero ella compartió con nosotros ese espíritu vivaz que siempre nos hacía decir: “Che, esta gata es una persona”. Y sí, era una persona con su personalidad y su carácter. Siempre que veo su foto me da una cosa en el pecho, algo así como una nostalgia, un agradecimiento, algo sin nombre. Es como tú dices de tu Sara, que es una gran maestra para ti, porque sabe vivir sin conceptos.
    Gracias por venir a gatunear conmigo, Zanara.
    Un abrazo…

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  19. Hola, Paula. Si la imagen va desapareciendo, envejecer no es una tortura, puede ser una dicha. Por cierto, como dice Jeff Foster, no te salvas de todos los achaques que aparezcan. Pero si aparece el silencio, ¡qué gran regalo nos hace la vida! Haber pasado por aquí y haber visto este misterio con los ojos del mismo misterio.
    Un abrazo…

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  20. Maribel querida: estamos en este mundo, pero somos libertad. Y la libertad no tiene dueño.
    Muchas gracias por tus reflexiones. Un abrazo grande…

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