miércoles, 10 de marzo de 2010

El milagro de la vida

(Apuntes de un diario personal)

Estoy descubriendo, ahora mismo, que lo ordinario no es ordinario y que tampoco es extraordinario.
Definir el Ser Presente como extraordinario o como ordinario son maneras de impedir que el Presente se pueda ver en el espejo del Presente.
Desde la ventana del momento veo pasar una niña rumbo a la escuela. ¿Es ordinario o es extraordinario? Hay una brisa leve que hace bailar las hojas de los árboles que escoltan la calle formados en una fila disciplinada. ¿Es rutinario o excepcional? El sol asoma tímidamente entre las nubes y, sin embargo, una tenue llovizna está empezando a caer. ¿Es vulgar o maravilloso?
El ego siempre divide en dos al mundo para decir una y otra vez: “Yo existo”.
Pero yo estoy viendo a la gente que corre allá en la calle, porque ahora está lloviendo un poco más fuerte, y no encuentro el mundo dividido en dos. Ni siquiera puedo decir que el mundo y yo somos distintos.
El ego acumula lo conocido y luego lo idolatra. De tanto y tanto machacar con lo conocido (el diálogo interno) termina por empantanar a la vida en la rutina personal. Lo hace para poner orden (de ahí viene lo “ordinario”) pero luego ese orden termina por formar una fortificación que se resiste a ser invadida por la espontaneidad de la vida. Ese mundo artificial de lo ordinario, de vez en cuando, se sale de la rutina. Y entonces aparece lo extraordinario, vale decir, lo ordinario que se ha salido de la fila. Pero tanto una como la otra definición son sólo ideas, nada tienen que ver con la vida.
Esto es lo que sucede cuando alguien (un ego) pretende controlar la vida, darle forma, color y sonido, meterla en la máquina de los significados, hacerla entrar en razón y tantas otras psicopatías por el estilo.
Pero cuando el ego descubre que no existe, lo único que está a la vista es el milagro de la vida, revelándose a sí misma como milagro.


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Extraído del libro "El Fin del Mundo", de Furia del Lago - Editorial Ananda

14 comentarios:

  1. Hola Furia!

    Me ha encantado tu entrada. Precisamente ayer, en una de mis clases de Danza del Tao sucedió algo maravilloso: los alumnos se dejaron ser y acabaron en un espontáneo y bellísimo juego en el que se liberaron y apoyaron mutuamente en su caminar. Dejaron a sus seres en paz, con todas las lecturas que esto pueda tener. Para ellos fue algo extraordinario, y lo bonito es que era algo natural. Mi corazón se emocionó porque en aquel amor espontáneo no cabía ningún juicio y la profundidad con que la humanidad de sus corazones se manifestó es accesible en cualquier instante. Es la maravilla de dejarse ser en paz, que se encuentra totalmente disponible para nosotros a cada instante si el ego se coloca en su justo lugar.

    Quería compartir contigo esta experiencia, un poquito en sincronía con el sentir que expresas en tu texto...

    Gracias Furia.

    Un abrazo resfrescante y grandote!

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  2. Hola Furia!
    Siento que nos une el milagro de la vida.
    Gracias, un beso.

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  3. Esto me recuerda a los maestros zen, que consideraban la vida cotidiana como el lugar donde se hallaba el Nirvana.
    La enfermedad de lo "extraordinario", me parece, proviene del abuso de lo ordinario.

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  4. Maravillosa entrada. Hagamos de la vida algo siempre extraordinario, fluyamos ...
    Feliz día!
    Un abrazo lleno de sol, Sina

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  5. Querida Furia

    Poder liberar de conceptos y etiquetas la vida cotidiana y dar rienda suelta en ella a la espontaneidad del Ser, es el estado de paz más profundo y de mayor dicha.
    Gracias por tan sabias palabras
    Un fuerte abrazo mi querida Furia!
    Maribel

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  6. El ego siempre busca provecho incluso en el milagro de la vida.

    Pero para una vida que està en paz no hay un mal lugar solo una vida extraordinaria.

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  7. Hola, Teresa. Esa espontaneidad de la que hablas está fuera de conceptos y métodos. Dejarse ser en paz, como dices, cuando el ego queda en su justo lugar...
    Gracias por tu visita, tan refrescante...

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  8. Qué tal, Paula. Ya ves, el milagro de la vida nos une.

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  9. Hola, Oso. Los maestros Zen decían que acarrear leña y juntar agua (el trabajo y la vida cotidianos) es el terreno propicio para encontrar la luz.
    Un abrazo

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  10. Hola, Sina. Fluyamos con la vida que nos lleva de paseo por esta maravilla de la conciencia... Un abrazo gordo...

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  11. Qué tal, Maribel. Ser sin atributos, espontáneamente. Sin ser alguien, ni esto ni aquello. Simplemente ser, tal como dices, es el estado de paz profundo. Gracias por tu visita, que alegra este jardín.
    Un abrazo cálido...

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  12. Sí, Nanako, el ego está empeñado en creerse importante. Y bueno, será mejor que no le demos tanta importancia.
    Un besoto...

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  13. Realmente, lo extraordinario está en la conciencia de lo ordinario... donde no hay etiquetas ni deseos, tan sólo (y por fín) el aceptar y el celebrar la cotidianeidad.
    El ver con mirada renacida lo que siempre estuvo allí.
    Bonita y útil entrada!
    Soy nueva por aquí, pero seguiré visitándote.

    Un fuerte abrazo

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  14. Hola, Joy. Qué alegría verte por aquí, valga la redundancia.
    Eso de la mirada renacida es un hallazgo que has venido a compartir conmigo y eso me agrada.
    Con esa mirada, puedo ver que lo ordinario y lo extraordinario son dos conceptos, nada más, y que ambos se fusionan en una sola revelación: el presente.
    Ah, anduve por tu blog de creatividad desbordante. Yo también, si Dios quiere, seguiré yendo de visita. Un abrazo lleno de luz.

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