jueves, 22 de julio de 2010

Una Melodía



El entendimiento puro adviene cuando tu presencia se disuelve en la presencia. Vale decir que el entendimiento no es personal, sino lo impersonal que fluye a través de ti.
El entendimiento aparece lo mismo que el amanecer, al filo de la noche. No es algo que puedas manipular, ni hacer, ni producir con tu voluntad.
Trata de estar presente y lo verás. Tú no puedes estar presente. Pero entonces, preguntarás, ¿quién está presente? Sólo el presente mismo puede estar presente. No es alguien pero tampoco es algo. O es la suma de todos los “alguien” y todos los “algo”. Pero todo esto no son más que aproximaciones que intenta lo limitado (el lenguaje) para aludir a lo ilimitado.
Trata de hacerlo y lo verás: tú no puedes estar presente. ¿Cómo es posible que eso que llamo “yo” no pueda estar presente?, te preguntas. Sencillamente porque eso que llamas “yo” es una entidad imaginaria y no real. Por lo tanto, no tiene presencia.
Pero hemos dicho que el entendimiento puro adviene cuando la presencia (impersonal) impregna tu persona. Y hemos dicho que esa persona es imaginaria. ¿Cómo puede entonces la presencia instalarse en algo imaginario? Respuesta: mírate tu propia sombra. La sombra está ahí, está presente. Pero es nada más que una sombra. En cuanto a la experiencia que puedas tener de la presencia, sencillamente se puede afirmar que lo imaginario desaparece, tragado por la presencia impersonal, tal como una gota de agua es tragada por el océano.
Otra pregunta inevitable: entonces, ¿yo no existo? Pues no, efectivamente, no existes. Eres una sombra de la presencia, eres un ropaje del entendimiento, una idea de la conciencia. Si eres meramente alguien, si estás limitado a ser una persona, entonces eres una construcción imaginaria diseñada por la vida social para funcionar eficazmente en sociedad. Pero todo ello es imaginario.
Vamos a recurrir al lenguaje analógico. Si la presencia es el océano y tú eres una gota, entonces sería válido que tú digas: “yo soy el océano”. Sin duda. Así son las cosas. Pero la mayor parte del tiempo, por no decir directamente todo el tiempo, te la pasas creyendo que eres una gota separada del océano. Esa es la famosa entidad imaginaria que has construido en base a las convenciones sociales y un entrenamiento personal determinado. Eres una gota, sí, pero actúas como si esa gota estuviera separada del océano. ¿Cómo ha sucedido eso? Sigamos con la analogía. En determinado momento, las inconmensurables fuerzas de la naturaleza se manifiestan de modo tal que un poco de agua queda congelada. Ese poco de hielo es agua, sigue siendo agua, pero a raíz del frío se siente separado del resto del agua. Pese a todo, seguramente podrás percibir que no importa si eres un poquito de hielo o acaso un témpano: sigues siendo agua. El agua sigue siendo tu esencia. Por eso, cuando hablamos de alguien decimos que es una entidad imaginaria. No tiene existencia real. El témpano se cree separado y esa separación es imaginaria.
Puede ser que aparezcas entonces con otra cuestión. Si yo soy conciencia de ser, entonces no soy una entidad imaginaria. Sí, claro (sería la respuesta), pero tú no eres conciencia de ser, porque sólo la presencia puede ser consciente de ser. Y la conciencia de ser no es personal, ya lo hemos visto.
Lo personal es un elemento utilitario, un comportamiento que adoptamos los seres humanos para manejarnos con cierta fluidez en la vida diaria. Por ejemplo, tú te llamas Juan y de esta manera te llaman todos. Es una forma de funcionar en la vida social. Pero si vas a un país extranjero quizá te llamen John, o Sean, o Iván, o Giovanni, o Johann, o Jean, o Jan, o Huang, o como sea. Son nada más que rótulos funcionales. Lo mismo pasa con todo lo atinente a la personalidad. Lo importante es que, si te llaman por tu nombre, tú respondas. Esa es la funcionalidad del nombre. Y con respecto a todo lo demás, tu funcionamiento personal tiene esa misión. Pero si tú te llamas Juan y tu mujer se llama Juana, eso no significa que son dos entidades diferentes. Suponer algo así es como creer que dos gotas de agua dejan de ser agua. Tú tienes barba y tu mujer no, eso es cierto. Pero estás hablando nada más que de las apariencias.
También podemos considerar que, desde el punto de vista funcional, tú eres el gerente del banco y algún otro es el empleado que hace la limpieza. Pero dos gotas de agua no dejan de ser dos gotas de agua.
Ahora bien, tú eres lo que ahora y aquí está presente. Atengámonos a los hechos. Y dices: “yo soy conciencia de ser”. Pero, lamentablemente, eso es nada más que una expresión de deseos. Para que tú seas conciencia de ser, tendrías que estar presente, puesto que sólo el presente tiene conciencia de ser. Y tú, como ya hemos visto, no puedes estar presente.
Por lo tanto, la conciencia de ser es impersonal. No es un patrimonio tuyo. Una gota es el océano cuando está inmersa en el océano. Pero si está separada del océano, entonces no tiene conciencia de ser océano.
Hasta aquí, hemos utilizado la analogía del océano, pero es necesario explicar de qué estamos hablando. Es el océano de la conciencia. O quizá podríamos decir que es el universo de la conciencia. Tú eres conciencia, las montañas son conciencia, los ríos son conciencia, el planeta es conciencia, el sol también, la luna, las estrellas y las galaxias... Todo es conciencia.
Y hemos dicho ya que el entendimiento puro adviene cuando tu presencia personal se disuelve en la presencia impersonal. Por lo tanto, podríamos decir que es tu conciencia personal cuando se disuelve en la conciencia impersonal. Pero, ¿existe algo así como tu conciencia personal? De hecho, todo es conciencia. En este caso, estamos hablando de la conciencia que se identifica con tu persona y ahí queda atrapada, en una ilusión. El problema es que la conciencia te hace actuar como persona y tú crees que eres esa persona con exclusividad. Ser una “persona exclusiva”significa ser una persona ilusoria. Por ejemplo, tú piensas que haces cosas y deshaces. Pero eso es algo tremendamente ilusorio. Es como si una gota dijera: “ahora estoy llegando a la playa porque yo quiero llegar a la playa”. Y no es así. La ola te está trayendo a la playa. Y el océano entero está impulsando a la ola. Y la luna está moviendo las mareas. Y quién sabe cuántas otras influencias hay. El universo entero está haciendo que esa gota de agua llegue a la playa. Y tú, como si nada, proclamas: “Hago lo que quiero”.
Lo mismo pasa con el entendimiento puro. No puedes acceder tú a tal entendimiento. Sencillamente, no es algo que tú puedas hacer. El entendimiento es el presente y es impersonal. Y tú no puedes acceder al entendimiento, así como una flauta no puede por sí misma tocar una melodía. La melodía será tocada por el flautista. Y la flauta sólo tiene que dejarse tocar.
Eso es lo que parece tan y tan difícil de comprender: que tú eres una flauta y que el entendimiento puro tocará en esta flauta sólo si esa fuerza impersonal, esa conciencia de ser que es el entendimiento puro, aparece por aquí, toma la flauta y a través de ti toca una melodía.


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Extraído del libro "Let It Be", de Furia del Lago - Editorial Ananda

6 comentarios:

  1. Me ha gustado. Sobre todo con la variedad de metáforas: la gota, el océano, el hielo, la flauta; y las aclaraciones tan bien explicadas.

    Saludos

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  2. Furia, querida, sigo viniendo a esta isla con placer.

    Quizás el entendimiento y la presencia profundos quieran llegar aquí en alguna ocasión...

    Mientras, nos sentamos, y dejamos de querer hacer nada... que de hecho no hacemos...

    Gracias por ser, tesoro, y un beso inmenso

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  3. Me agrada compartir contigo este mundo inefable, Toni. Gracias por la visita.

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  4. Querida Joy, gracias por "no hacer" esta visita y seguir jugando al misterio de ser. Todo esto es realmente una presencia profunda, como tú dices, que nos tiene encantados a los humanos. Mientras tanto (te copio), nos sentamos y seguimos sin hacer nada... Un beso grande para ti

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  5. Buen despliegue de analogías señalando esa ignorancia raíz de creer ser "una persona", y por supuesto separada de todo lo demás.
    Me agrada que insistas en esa imposibilidad de "estar presente a voluntad" porque es una de esas coletillas que nos ha dejado la nueva era de enseñanzas desnaturalizadas. Y, además, los quebraderos de cabeza que puede llegar a causar esos vanos intentos del arrogante hacedor.
    Gracia amiga por estas dosis de cordura.
    Un abrazo!

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  6. Sostener el "yo soy" como perplejidad o pregunta fundida en la respuesta es algo devastador, amigo José Manuel. Claro está, si digo que "yo soy una persona", ya estoy armando un esquema dentro de lo conocido y eso (lo conocido) es lo que suelo considerar como "yo".
    Con sólo indagar en esto, se advierte que el famoso "yo" pierde fuerza. Lo otro, el "yo soy" sin atributos, es algo que se pronuncia con la sangre que recorre nuestras venas, no con palabras. Un abrazo...

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