martes, 20 de julio de 2010

Lugar inalterable




La inocencia es el lugar inalterable donde se aposenta la pureza del espíritu. A ese lugar no llegan los artificios de la vida mundana ni las trampas del deseo. La inocencia vive en un país que no puede ser tocado por las intrigas de la codicia ni las turbias pasiones de los que truecan posesiones por su propia vida.
Las sombras no resisten la presencia de la luz. De igual modo, los cálculos, las palabras y las experiencias sucumben ante la aparición de la inocencia. La inocencia no se puede comprar ni vender. No tiene ningún valor: por eso es invalorable.
En la morada de lo inconcebible, más allá del alcance de todas las ambiciones, fuera de la órbita de lo conocido, allí reside la inocencia. Y no es un lugar lejano, ni pertenece a ninguna geografía extravagante. Es el cielo más alto, el océano más profundo, el corazón más grande.
---------------------------------------------------------------
Extraído de "El Tao Nuestro de Cada Día", de Furia del Lago - Editorial Ananda

22 comentarios:

  1. Poco puedo añadir a tu escrito, querida Furia.
    Me has hecho recordar la libertad que conlleva esa pureza. Es lo que más ansía nuestro propio corazón.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. es allí, antes de que empezara todo...

    es allí donde me gustaría volver. Sueños, solo sueños.

    Gracias furia, por la nostagia de aquello

    ResponderEliminar
  3. Bello y verdadero,
    sí, puedo compartir que cuando uno se siente alejado de su inocencia natural me pongo a jugar con mi perro y él me la "despierta" de inmediato. ¡Qué grandes estos seres peludos!
    Un abrazo Furia!

    ResponderEliminar
  4. Quiero ese lugar inalterable,pero solo se consigue teniendo un corazón con absoluto amor,no?

    ResponderEliminar
  5. Hoy mi sensibilidad está volcada delicadamente hacia mi interior, palpitando en ese lugar donde lo interno y externo se funden en uno. Mientras siento mi unión con el movimiento de la vida vibro dulcemente en la pureza de su flujo. Quizás pueda sentir emerger hoy la conciencia que da asiento a la inocencia que soy.

    Gracias Furia, siempre hallo un profundo resonar con tus entradas llenas de belleza esencial y creatividad.

    Un beso enorme.

    ResponderEliminar
  6. Hola, Amelia, gracias por tu visita. Siempre eres bienvenida.

    ResponderEliminar
  7. Mi querida Sina, sabes que te siento siempre muy cerca y que los miles de kilómetros no existen para nosotras. Y esa libertad que guardas dentro de ti es la misma que guardo dentro de mí. Ese lugar sin culpa, donde podemos ser lo que realmente somos, más allá de las apariencias y las ideas. Ese lugar inocente. Un beso para ti.

    ResponderEliminar
  8. "Busco un país inocente", dice Ungaretti. Y es la búsqueda de toda la vida.
    Vaya paradoja.
    Es aquí donde estamos, Santosham. Es aquí donde mora ese silencio de ojos grandes y mirones, ese silencio ancestral del sol que nos ilumina por fuera y por dentro, latiendo en nuestras venas y danzando en todas las cosas. Dejémonos llevar por el silencio.

    ResponderEliminar
  9. Hermosa y sensible imagen la que nos traes para compartir, José Manuel. Esa inocencia de tu amigo perro, juguetona y sencilla, lo dice todo. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  10. Ese lugar inalterable ya lo tenés, Nanako. Sólo hay que decirse por dentro, quedamente: “Yo Soy”. Sin agregarle nada. No hace falta decir: “yo soy esto”, o “yo soy aquello”. No, sencillamente: “Yo Soy”. Ese “yo soy” tuyo es el mismo que el mío. Es el lugar inalterable, que no está condicionado por ninguna forma, ningún color, ningún nombre y ninguna idea. Sencillamente, yo soy. (Un besoto)

    ResponderEliminar
  11. Hola Teresa. Con paso felino vienes de visita y traes ese corazón tuyo, lleno de luz, desde el lugar inalterable de tu inocencia primordial.
    El silencio logra ese milagro que siempre ha estado aquí: que no exista división entre lo externo y lo interno. Al quedar en silencio, nos encontramos en el país de la inocencia, donde nada se parece a nada.
    Siempre que haces tu aparición por aquí dejas un regalo de luz. Un beso grande, querida.

    ResponderEliminar
  12. Ya que lo mencionas, te dejo aquí el poema completo de Ungaretti, que se llama "Vagabundo".

    En ninguna
    parte
    de la tierra
    me puedo
    arraigar


    A cada
    nuevo
    clima
    que encuentro
    descubro
    desfalleciente
    que
    una vez
    ya le estuve
    habituado


    Y me separo siempre
    extranjero


    Naciendo
    tornado de épocas demasiado
    vividas


    Gozar un solo
    minuto de vida
    inicial


    Busco un
    país inocente.

    ResponderEliminar
  13. Comparto esa nostalgia de Santosham. Da tristeza convivir con tanta gente que está tratando de conseguir algo de la vida, en lugar de vivirla a pleno.
    Se dice con frecuencia que no se puede volver a lo natural... Que ya es tarde. Que la civilización está fuera de madre.
    Sin embargo, me atengo a esa enseñanza milenaria de los antiguos maestros: la inocencia primitiva.
    Y resguardar este magno tesoro en medio de las tribulaciones. Un abrazo

    ResponderEliminar
  14. Uno se pregunta: porque no podemos conservar esa inocencia tan bella de nuestra niñez??, porque nos ensuciamos tanto, nos enlodamos tanto?, después cuesta mucho, toda la vida, volver a encontrar el silencio interno, volver a la naturaleza como dices siempre tú.
    Gracias por estar, por tus palabras, amiga...
    Un beso
    Silvia

    ResponderEliminar
  15. Hermoso texto lleno de dulzura Furia...la inocencia...llegar a un estado de gracia donde abandonamos TODO...nombre, identidad, conceptos...TODO!
    Gracias de verdad!
    Un cariñoso abrazo mi amiga
    Maribel

    ResponderEliminar
  16. Hola, Oso. Es muy hermoso el poema de Ungaretti. Gracias por haberlo traído. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  17. Sí, Luciana. Concuerdo con vos. La inocencia se mantiene ahí, es nuestro tesoro. Pasan los años, pasan las historias, pasa todo como un río que pasa. Y, sin embargo, yo siento que sigo siendo ese mismo ser que siempre he sido. Es algo inalterable, de verdad. Y, además, cada uno de nosotros lo siente dentro de sí. Puedes haber envejecido, haber cambiado físicamente, haber encanecido. Pero eso no importa. Dentro de esta persona aparente, hay un ser que no cambia. No es niño ni anciano, no es joven ni viejo, no es ignorante ni culto. Eso es la inocencia.
    Gracias por tu reflexión tan profunda. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  18. Sí, es como vos decís, Silvia. Nos preguntamos una y otra vez dónde hemos dejado esa inocencia, pero el silencio está en nosotros y es lo que nos une a la totalidad. No nos abandona. Somos nosotros lo que lo abandonamos, para ir en busca de fantasías y absurdos a los que llamamos “el mundo real”. Sí, sí, claro, el mundo real exige que trabajes para ganarte la vida. Pero es evidente que no tendríamos que perder el alma para ello. ¿No es así? Un beso grande, querida Silvia.

    ResponderEliminar
  19. Hola, Sadhu. Me encanta que te haya gustado. Pranam.

    ResponderEliminar
  20. Bien dicho, amiga Maribel. En estado de gracia lo abandonamos todo. Y lo más "gracioso" de todo ello es que abandonamos lo que nunca fue nuestro, ese cúmulo de ilusiones que tanto daños nos hace. Un abrazo lleno de cariño para ti, querida.

    ResponderEliminar