domingo, 12 de diciembre de 2010

Sin Esperar Nada



En un ensayo reciente, Dionisio Mayor asegura que la atención puede morir en estado de alucinación, o vivir sin límites en la pureza total, no contaminada por ninguna opción. Total de cuentas: atención pura versus caprichos personales. Eso sí, mencionar los “caprichos personales”, como aquí queda impreso, resulta políticamente incorrecto. En cuanto se mencionan estos atributos, saltan (impulsados por el resorte de la indignación) los defensores del libre albedrío. A tales y cuales personajes, la carencia de opciones los pone muy nerviosos. “Yo quiero elegir la vida que se me antoje”, declaran con más o menos palabras, pero siempre con lenguaje contundente. “Por supuesto, elija lo que se le antoje”, responde la vida misma, directamente sin palabras, aunque sí con hechos.
En suma, el mosquito puede optar por encarar su vuelo hacia la izquierda o bien hacia la derecha, pero sus actos no dejarán de ser los de un mosquito en medio de la inmensidad. Caso semejante nos depara el mamífero vestido, si es que de la metáfora nos servimos. Un definido libre albedrío en medio del infinito no deja de ser cosa de nada. “Pese a todo ello, el ser humano se pregunta qué sentido tiene la vida”, discurre el académico. Ay, Santa Razón, cuántos crímenes se cometen en tu nombre.
Se habrá notado ya que la atención es el don de cada uno y, como le cabe a cualquier don, su impulso y su destino es el de darse. La atención alucinada, como la llama Dionisio Mayor, es una energía embotellada en la opción, mutilada por la dualidad, atrapada en la parte. La atención pura, en cambio, no queda enganchada de ningún propósito personal, discurre libremente, se mantiene prestando atención, sin esperar nada del acto en sí.


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Extraído del libro "Simplemente Ser", de Furia del Lago - Editorial Ananda

12 comentarios:

  1. Furia del lago

    Brillante como siempre, contando la verdad con un simpático humor ácido.
    Me encaaaanta. Gracias y un abrazo.

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  2. Que bueno Furia!.

    Como los mosquitos (eso si mamíferos y vestidos) nos movemos en el río de la vida de izquierda a derecha, pensando que "manejamos" a nuestro antojo lo que sucede en esta infinita realidad!. Que nos creemos?.

    "La atención pura, en cambio, no queda enganchada de ningún propósito personal, discurre libremente, se mantiene prestando atención, sin esperar nada del acto en sí".

    Gracias por tus puras y sencillas palabras...

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  3. El yo personal no ve más allá de su propia nariz y desde esa visión la libertad, el libre albedrío y demás golosinas de que se rodea quedan reducidos a la posibilidad de "hacer lo que quiero sin imposiciones", en ese estado de estrechez mental jamás puede vislumbrar ni entender el vivir sin opciones....el mayor regalo de la vida...la auténtica libertad, esa que se alcanza cuando ni siquiera sentimos la necesidad de mencionarla y mucho menos de explicarla.
    Gracias Furia por esta reflexión tan oportuna y desprejuicida de la "molesta picazón" que puede producir.
    Un abrazo.

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  4. El mosquito puede volar a favor o en contra del viento y creer que dirige su vida con más o menos esfuerzo. Pero a fin de cuentas, es sólo la ilusión de dirigir su vuelo.

    He descubierto tu blog hace poquito y me está gustando mucho! Un saludo :)

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  5. "Yo quiero elegir la vida que quiero" dijo el pajarito que no pudo elegir ni su nido, ni su papás pajaros,ni el como, ni el cuando, ni el ni siquiera...

    Hay pajarito...vuela y calla, que es lo mejor que puedes hacer

    Como siempre, agradecido Furia por la transparencia y el encanto

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  6. "... Ay, Santa Razón ..." que sobrevalorada estás!
    Un abrazo amiga!

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  7. Me gusta que te guste, Aviló. Un abrazo.

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  8. No esperar nada, no buscar nada. En suma, nada personal. Un abrazo, Gorka.

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  9. Dejar que la molesta picazón quede en el olvido, Delia. Lo único que nos permite zafar del ego.

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  10. Hola, Almudena. El mosquito liberado está contento siendo mosquito. Esa es nuestra oportunidad. Un abrazo.

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  11. “El vuelo del silencio…” Vaya título para un poema sobre un pájaro que (por fin) se decide a volar. Gracias por la inspiración, Santosham…

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  12. Sí, Zanara. Se me ocurre ahora que la Santa Razón es el Becerro de Oro de nuestra civilización. Un abrazo, querida.

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