sábado, 16 de octubre de 2010

¿Qué Soy Yo?




Para el maestro Advaita, todas las búsquedas y todas las ciencias se detienen al llegar al “yo”.
Por ejemplo, Juana López va a visitar a Gurú Sánchez y le dice: “Quiero saber qué es la vida, qué es el mundo y qué estoy haciendo aquí”.
Gurú Sánchez le responde: “Primero averigüe qué es ese yo que hace la pregunta. Lo demás vendrá por añadidura”.



Juana López se retira del Taller de Meditación de Gurú Sánchez, toma un ómnibus en la esquina y emprende el regreso a su casa. Mientras viaja, saca una pequeña libreta del bolsillo de su abrigo, una lapicera y anota: “¿Quién es esto que quiere saber?”
Y debajo, anota:
“Yo sé perfectamente quién soy: soy alguien que no sabe quién es. Ja. Simpleza pura, ¿no?”



Pero al repasar la charla con Gurú Sánchez, recuerda que él le ha preguntado “qué” es ese yo que hace la pregunta. No “quién” es.
Cuando se pregunta qué soy, estoy dando por sentado que soy un objeto. Y cuando se pregunta quién soy, estoy dando por sentado que soy un sujeto.
Pero, en definitiva, ¿qué es lo que soy?
Respuesta: no soy objeto ni sujeto. Ambas cosas son conceptos, ideas que surgen de algún pozo lleno de ideas. Y ese pozo lleno de ideas (la sociedad, la cultura, la educación), es nada más que una idea que las engloba todas. ¿Cuál es esa idea?: “yo”.



En otra charla con Gurú Sánchez, el maestro le dice: “Los pensamientos van y vienen. No haga nada con ellos. Simplemente, mantenga en usted misma la pregunta: ¿a quién le ha venido este pensamiento? No salga de ese lugar. Manténgase en la fuente de todos los pensamientos y podrá ver”.



Juana López - Cuando pregunto a quién le ha venido este pensamiento, estoy dando por sentado que hay un yo, alguien, un sujeto a quien le surgen los pensamientos.
Gurú Sánchez - Así es. Ese pensamiento, el yo, es la madre de todos los pensamientos.
JL - ¿Y qué pasa si dejo de pensar?
GS - Pruebe, a ver.




Anotación en la libreta de Juana: “En realidad, todos los pensamientos inventan al yo. En cuanto desaparecen los pensamientos, desaparece el yo. ¿Qué es lo que queda? El Ser en toda su plenitud. Simplemente ser”.

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Extraído del libro "Simplemente Ser", de Furia del Lago - Editorial Ananda







martes, 12 de octubre de 2010

Barca Pequeña



(Cuaderno de apuntes de Juana López)


Somos cada cual una frágil burbuja, una mota de polvo, una minúscula forma de vida vagando entre miles de millones de galaxias. Somos prácticamente inexistentes. Pero estamos tan envanecidos por nuestra arrogancia que el enorme misterio de la vida se nos pasa por alto.
Sin embargo, la vida misma se encarga de ponernos en nuestro lugar una y otra vez.



Dios Querido,
sé bueno conmigo,
el mar es tan inmenso
y mi barca tan pequeña…

Oración de los pescadores


Sostener el "yo soy" como perplejidad o pregunta fundida en la respuesta es algo devastador. Claro está, si digo que "yo soy una persona" o que soy alguien importante, o que tengo tales y cuales atributos, ya estoy armando un esquema dentro de lo conocido y eso (lo conocido) es lo que suelo considerar como "yo".
Con sólo indagar en esto, se advierte que el famoso "yo" pierde fuerza. Lo otro, el "yo soy" sin atributos, es algo que se pronuncia con la sangre que recorre nuestras venas, no con palabras.


Buscar palabras que suenen como notas y señalen al silencio que las escucha, el que mora en el pecho.


Te la pasas preparándote para dar ese salto que no tiene un piso a donde volver. Eso de prepararte ya es el piso. ¿No lo ves?





Para ir a donde no se sabe
hay que ir por donde no se sabe.


San Juan de la Cruz




La vida te da todo. Pero tú quieres algo. Ahí es donde te conviertes en la inventora imaginaria de problemas imaginarios.



Tenemos miedo de admitir que Dios está aquí, ahora. Eso no está bien visto socialmente. Y eso, por otra parte, nos convierte en nulidades incuestionables pero, al mismo tiempo, vaya paradoja, nos convierte en Dios mismo.
Es que Dios también es nada y es todo, ambas cosas al mismo tiempo, unidad absoluta. (Y el absoluto no tiene opuesto).



En vano buscas a Dios porque lo tienes delante de ti, dentro de y siendo las cosas de este mundo. Alarga tu mano, ahí está la mano de Dios. Mira tus piernas, son las piernas de la divinidad. Ese pájaro que acaba de posar en esa rama, ¿de verdad crees que eso no es manifestación de Dios?
¡Mira! ¡Mira a tu alrededor! ¡Dios está en todo! Un dios que no esté en todo es un dios pequeño, un dios de la mente, un dios de creencias, religiones, pensamientos. ¿Acaso eso no se llama idolatría? ¿Acaso no se trata de un mero ídolo fabricado por la mente, fabricado por el hombre?
¡Deshazte de todo eso! Deshazte de todas las religiones, regresa este momento y contempla al Dios que llevas buscando toda tu vida. Regresar al Ahora constituye la verdadera adoración, la verdadera oración, la verdadera meditación, la verdadera fe, porque sólo a Dios se le puede ver, sentir, oír y experimentar ahora. ¿Sientes cómo respiras? ¿No es Dios el que respira a través de ti? ¿Sientes cómo te palpita el corazón dentro del pecho? ¿No es eso obra de Dios? ¿De verdad necesitas un futuro para poder encontrarlo? ¿No está contigo ahora mismo? ¿No te está mirando directamente a los ojos?

San Agustín




Ese miedo de admitir que Dios está presente aquí mismo, que es la única presencia, nos hace cometer las estupideces más ridículas. La principal de todas es que cada uno se ponga a conversar con uno mismo cuando está solo.



El miedo proviene de haber dicho “yo” y creérselo. Esa creencia tiene pies de barro y está siendo amenazada por la presencia misma de la Presencia Única, ahora mismo.



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Extraído del libro "Simplemente Ser", de Furia del Lago -Editorial Ananda

miércoles, 6 de octubre de 2010

La Ciencia del Silencio





¿Quién hace todo lo que se hace? No lo sabemos. Todas las ciencias no sirven más que para darnos utilidad, pero, ¿quién soy yo? Eso no pueden averiguarlo.
Hace falta otra ciencia, distinta, especial, no utilitaria, para investigar acerca de esta persona singular a la que llamo “yo”.






En primer lugar, ¿qué quiero decir cuando digo “yo”? Me estoy refiriendo a un organismo humano en particular. Un cuerpo al que identifico especialmente con nombre y apellido. Juana López. Mujer. De de cincuenta o sesenta años de edad.
En este caso yo, Juana López, soy una mujer que anda y desanda, que hace cosas y deshace. Pero tendría que preguntarme si yo tengo algún control acerca de esto que llamo “mi vida”.
Por empezar, el corazón me late y no sé de dónde viene el latido. La sangre corre por mis venas. Soy respirada, ya que no es una función que yo cumplo a voluntad. Y así todo el tiempo. Me echo a dormir y el organismo funciona por sí solo. ¿Qué es esto?




Esto es vida. No sabemos lo que es, aunque estamos sumergidos en ella. En eso nos parecemos al pez, que tampoco sabe qué es el océano, aunque vive dentro de sus aguas.
Pero en esta parábola, el pez humano cree que está separado del océano de la vida. Se le hace difícil creer que el pez mismo es océano.







En el caso de Juana López, ella vive en la vida. Y sin embargo, considera que es alguien, una entidad separada de todo lo demás.
Al igual que tantas y tantas personas en el mundo, Juana López sufre. Sufre todo el tiempo. Tiene sus momentos de alegría y esparcimiento, pero no son más que un escape momentáneo del permanente sufrir.






¿Quién es el que ve a través de mis ojos?






Un día cualquiera, por esas cosas del destino, Juana se topa con un texto singular en una revista de la “Nueva Era”, o acaso alguna de dietas vegetarianas, o quizá en algún periódico barrial. Para el caso no importa. El asunto es que ella de pronto se estrella contra este párrafo: “La causa raíz de todo sufrimiento es el sentimiento de existencia separada. Tenemos una conciencia divisiva que percibe las cosas como el yo y el no yo, lo mío y lo no mío, como mi gente y la tuya, como mi nación y la tuya. De ahí surge el sufrimiento”.
Este acontecimiento causa gran conmoción en la pobre Juana.




En la escena siguiente de este guión, vemos a Juana entrevistarse con Gurú Sánchez, un maestro equis a quien ella visita para tratar de comprender, de una vez por todas, por qué la vida es un sufrimiento constante.
Juana López - Se supone que yo soy una persona y usted otra persona. Eso es lo que nos han enseñado. Pero usted dice que no, que no somos personas.
Gurú Sánchez - Yo no digo que seamos algo ni dejemos de serlo. Simplemente le pido que se mire a sí misma y diga: “Yo soy”. Eso es todo. Yo soy. No digo que soy algo en especial, no digo que soy esto ni aquello. Simplemente yo soy. Eso es un hecho. Ser. Pero usted habla de ser algo y eso la condiciona. Para averiguar qué es usted, tiene que dejar de lado todas las opiniones previas, inclusive la pretensión de ser algo. Usted no sabe qué es, pero veamos si es imprescindible que usted sea algo.
JL - ¿Y entonces, qué me queda?
GS - Usted es, ¿no es cierto? Esto lo podemos afirmar sin duda. Quédese ahí, en ese “yo soy”. No es necesario que usted sea algo ni alguien, ni esto ni aquello. Se trata simplemente de ser. Eso es todo.




Simplemente ser. La sugerencia de Gurú Sánchez, o su visión despojada de todo deseo, es difícil de tragar. La mayoría de nosotros (mejor dicho, todos nosotros) estamos entrenados para ser alguien, algo, algún símbolo de poder, alguna especie de persona con personalidad especial…
A todo esto, Juana empieza una búsqueda frenética por las librerías reales y las virtuales, indagando en la biblioteca del mundo acerca de esto que “yo soy”. Así es como se encuentra con que existe una tradición milenaria que niega por completo el entrenamiento impartido por quienes pretenden hacer de la persona un ente separado de la única energía, el ser.




¿Quién eres tú? ¡Sí! ¿Quién eres tú? ¿Estás preparado para tener por un momento la experiencia de simplemente ser? ¿Sin ningún esfuerzo, sin agarrarlo y sin soltarlo, sin hacer nada? ¿Simplemente siendo lo que tú eres, sin saber qué es? ¿En completa observación de ti mismo?
El momento perfecto por el que estás esperando no existe, porque el momento perfecto es ahora.


Om C. Parkin







Juana López se retira a meditar por un tiempo y se topa con esto, por ejemplo, un mero texto de Parkin. Se supone que yo soy alguien, y por lo menos algo. Pero aquí me piden que examine lo que soy, sin determinar, ni saber lo que soy, sin pensar en ello. Sin hacerme la más mínima idea acerca de lo que soy.
Por cierto, Juana busca por Internet y se encuentra con Parkin, o por ejemplo con Ramana Maharshi.




De todos los pensamientos que surgen en la mente, el pensamiento “yo” es el primero. Sólo después de surgir este pensamiento “yo”, surgen los otros pensamientos.


Ramana Maharshi




En otras palabras, ¿quién soy yo sin ese pensamiento “yo”? Ni siquiera puedo usar la palabra “quién”, puesto que se trata de un vocablo engañoso, que siempre remite a una persona separada con supuesta autonomía, como si no se tratara de una simple idea.
Sí, admitámoslo, el “yo” es nada más que una idea. Y esa idea consiste en adjudicarme a mí misma (“yo”) toda una historia personal, un transcurso temporal de un organismo al que se le atribuye un nacimiento y que va rumbo a una muerte.





Juana López - Pero yo no lo veo al “yo” como una idea.
Gurú Sánchez - Es difícil verlo, porque el propio “yo” está entrenado para no verse como una idea, sino como una realidad. Si usted no piensa en sí misma como yo, ¿qué es lo que subsiste?
JL - No sabría decirlo, porque no soy capaz de pensar en mí misma sino como yo.
GS - Claro, claro. Usted entonces ya está dando por conocida a esa persona que llama yo.
JL - Y no es así.
GS - Cuando usted conversa con alguien y dice “yo”, ¿sabe de qué está hablando?
JL - Si yo estoy conversando con otra persona, ambos damos por sobreentendido que sabemos de qué estamos hablando cada vez que decimos “yo”.
GS - Sí, así parece. Pero ahora yo le digo a usted que se quede sola y que indague, que acometa una indagación profunda y averigüe qué es eso a lo que usted misma llama “yo”. ¿Qué ocurre entonces?
JL - Si tengo que decir la verdad, no sé nada, no tengo idea de qué es esto que llamo “yo”.
GS - Así son las cosas.


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Extraído del libro "Simplemente Ser", de Furia del Lago - Editorial Ananda

Foto: Zaragoza

sábado, 2 de octubre de 2010

Un Solo Movimiento



Sólo el ser puede conocer el ser. Puesto que no hay nada separado, no existe posibilidad alguna de ignorar el ser. Somos el ser. Somos lo que es. Y eso no es iluminación ni tampoco no-iluminación.
Solamente lo que es puede saber “qué es” lo que es.



Un maestro de Tai Chi se paró delante de sus alumnos y les pidió que contaran los movimientos que hacía con sus manos, sin caminar. Así que movió las manos en distintas direcciones y luego preguntó: “¿Cuántos movimientos hice?” Todos respondían encimándose unos con otros: “Diez, doce, nueve, once…” El maestro sonrió y les dijo: “Uno solo”.



Ser lo que es. Sin que haya nadie que quiera entender. Si hubiese alguien que quiere entender, es porque pretende que la vida entera, la totalidad, el ser absoluto, estén a disposición de sus ganas de comprender, de sus conveniencias y sus ambiciones personales.




No puedes fabricar sino el instante
que se está fabricando. Tú eres eso.



Flecha del infinito que en el aire
va trazando su huella, la molienda
de lo que todavía no recibe
nombre propio ni rostro queda en blanco.




En este sitio donde ya no estás
la luz muere en la luz. Es lo que eres.

Vita Preziosa








No hay nada que obtener. Esta es la clave de lo que dicen los maestros Advaita. Somos lo que somos, no lo que creemos ser, ni lo que fingimos ser.
Tratar de alcanzar la totalidad, entonces, constituye una manera de creer que estoy alejada de ella. Pero eso es imposible. ¿Cómo puede ser que no esté incluida en la totalidad? Es obvio que mi mente se ha excluido de lo total y me quiere convencer, a toda costa, de ser alguien que está separada de lo absoluto.







¿Por qué desperdiciar energía con lo que tú no eres? Ve directo a lo que eres. Nuestra verdadera naturaleza está más cerca que todo pensamiento. Es la fuente de todo pensamiento.

Jean Klein





¿Qué es lo absoluto? ¿Es todo, es nada? No lo podemos saber. Es inconcebible. Es lo que es. Y aquí mismo se revela por sí solo.


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Extraído del libro "Simplemente Ser", de Furia del Lago - Editorial Ananda

lunes, 27 de septiembre de 2010

Más Allá de Sí Mismo




Mientras va por el camino, el silencio ve pasar toda clase de ideas: autos, nubes, gente, árboles, casas, vacas, postes de luz, puentes, “vendo miel”, kilómetro 34, pinos, tractor, girasoles, vivero…
Para el silencio, todas esas ideas son burbujas de jabón que estallan apenas aparecen.
El silencio se dedica por completo a simplemente ser.




De igual manera, el niño va de viaje por el escenario de la existencia y dice: “Yo soy”. Camino más adelante, cuando crece y ya es anciano, también dice: “Yo soy”. Sigue siendo ese ser, al que, por más que lo llamemos “yo” no podemos definir.
Los conocimientos van y vienen, pero el ser permanece.



El ser humano anda con una cortadora de césped conceptual en medio de la selva infinita del ser.




El infinito siempre va más allá de sí mismo. ¿Cómo lo sé? Yo no sé nada. Sólo estoy leyendo lo que escribe el infinito.

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Extraído del libro "Simplemente Ser", de Furia del Lago - Editorial Ananda

viernes, 24 de septiembre de 2010

Ejercicio de Puro Contento





Existe un entrenamiento de alto vuelo, llamado “Con los Pies Sobre la Tierra”, que no tiene finalidad ni tampoco mapa, y cuyos efectos sobre el aspirante a la Armonía Natural son inmediatos. Algunos maestros de la antigüedad, para definirlo, solían decir que se trata de un método sin método, consistente en “arrancar desde la Beatitud para llegar a la Beatitud”.
Como se puede apreciar de un simple vistazo, carece de historia. Los sufíes pusieron en práctica el juego de inventarse una personalidad impersonal, pero los registros que se conservan de tales operaciones parecen haber sido fabricados para saborearlos, más que para entenderlos.
Rumi, por ejemplo, nos dice:

A nosotros que, sin copa ni vino,
estamos contentos.
A nosotros que, despreciados o alabados,
estamos contentos.
A nosotros nos preguntan: “¿En qué acabaréis?”
A nosotros que, sin acabar en nada,
estamos contentos.

Una personalidad impersonal, vaya retruécano. Sin copa ni vino, ¿de dónde viene el éxtasis?
Si quieres mezclar la respuesta con los negocios que van surgiendo de un sueño tras otro, ay, querida, ya te lo has perdido.
¿A qué viene todo este absurdo esfuerzo que empleas para quedarte a vivir sin esfuerzo?, dicen los maestros del Advaita.
“Es que me cuesta entenderlo”, se queja el aspirante.
¿Qué quieres entender para entrar en el misterio?, te responde la luz que se abre de pronto aquí, en la intimidad de la palabra nunca dicha.
Si olvidas a tu madre, comprobarás aquellas palabras que ella misma pronunciaba, con cadencia singular, cuando te contaba por las noches la historia de las estrellas. “Recuerda siempre que el plato del huérfano es el hueco de su mano”, te decía tu madre.
Eso de la personalidad impersonal, en suma, es una invitación a que examines el esfuerzo que sigues haciendo para quedarte sin esfuerzo y dejarte deslizar por el océano de la vida con esa gracia de la ola que está embarcada en el impulso de lo desconocido.
Pongamos por ejemplo estas señales de Vita Preziosa, escritas en verso:


En silencio te habla este silencio
que sin límites sabe lo que alberga.


¿Qué quieres preguntarle que no sepa?
“Ahora que ya puedes tú ser yo
la gloria de vivir podemos darnos”,
responde con lenguaje no estrenado.



Ahora que ya puedes aceptar que eres silencio, entonces la cualidad del camino sin meta se te puede mostrar como la meta sin camino.


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Extraído del libro "Simplemente Ser", de Furia del Lago - Editorial Ananda

domingo, 19 de septiembre de 2010

La Ciencia de Sólo Ser



El advaita dice que sólo hay Uno. No hay jamás, en ningún sentido, multiplicidad, ni siquiera duplicidad. Esto es lo que dice David Carse, por ejemplo, que “toda percepción de distinción y separación, de dualidad y, por ende, de lo que se conoce por realidad física, es una ilusión creada mentalmente y tiene la misma naturaleza que un sueño”.



¿Qué es lo que vemos en un sueño? Imágenes. Son todas ilusiones. Ni siquiera hay alguien que pueda ver el sueño, porque es el mismo sueño el que está viéndose, o soñándose.
Y así ocurre que soñamos esto que estamos viendo, ahora mismo, puesto que no existe nada separado viendo el “todo” por otra parte. Todo es todo y eso incluye la nada que está pensando esto.



Puesto que está en contra de toda dualidad, el maestro advaita elimina la posibilidad de que el discípulo eventual busque fuera de sí mismo. No hay dualidad, por lo cual no podemos decir que haya nada dentro ni fuera de ninguna cosa.
Alguien fue a visitar a Tony Parsons y le preguntó: “¿Qué puedo aprender de usted que no pueda aprender por mí mismo?”
“Nada –le respondió Parsons-. Usted comprende todo lo que se está diciendo aquí, pero puede no reconocerlo seriamente. Lo que usted ES no necesita ninguna enseñanza. No obstante, a la ilusoria entidad separada se le está diciendo que es una ilusión. Los sistemas de creencia quizá están siendo demolidos, y la idea de la esperanza, del éxito o del fracaso, junto con el concepto del bien y del mal, se van desvaneciendo. Todo lo que queda es nada. “Nada” no tiene necesidad de aprender nada”.


Angelo Nero – Siempre he pensado que es necesario aprender a vivir. Es más, una de las cosas que siempre me ha chocado es eso, que enseñan tantos y tantos conocimientos inútiles, pero en ninguna parte enseñan a vivir. ¿Tú qué opinas de esto?
Turiya – Yo digo que la vida es maestra y discípula.
AN - ¿Qué quieres decir, que yo mismo tengo que ser mi propio maestro?
T – Veamos, ¿qué es lo que necesitas para vivir?
AN – Bueno, muchas cosas. Habría que enumerar cosas materiales y cosas metafísicas, supongo.
T – Ya estás viviendo y eso es todo lo que hace falta para vivir.



Cuando encuentras la meta y el camino,
los dos al mismo paso, la jornada
se revela final. No queda nada
por delante. Tu impulso es tu destino.


La búsqueda del cielo es lo que llena
de nubes este cielo transparente
de la mirada. Deja que la mente
descubra que no existe y está plena



de vacío. Que vibre con la ciencia
de sólo ser, sin gesto ni atavío.
Que se queme en la pira de la ausencia


y se deje llevar por el navío
de tanta sencillez que resplandece
y está donde su estar desaparece.


Vita Preziosa







Es la mente utilitaria la que ha inventado el mundo dual. Según sus pautas, yo y el mundo estamos divididos.
Pero su misma lógica de doble filo termina por herir al que la usa y así se descubre con toda facilidad que yo no puedo ser una persona que está separada del mundo. Ergo, yo soy el mundo.
La consecuencia de todo esto es muy simple: ni yo ni el mundo existimos. Son dos conceptos inventados por alguien inventado, esto que llamo “yo”.
Claro está, necesito el “yo” para vivir en el mundo social, manejarme con las personas, hacerme responsable de conseguir comida, techo y todo lo que me hace falta para sobrevivir como persona. Pero ese yo es algo inventado, lo mismo que un apellido. Si te llamas García y quieres cambiar ese apellido por López, ¿cuál será la diferencia?




El niño recién nacido no sabe que él “es” ni sabe lo que significa “ser”. A medida que va creciendo, va sabiendo. Pero eso que sabe puede distraerlo. Ha entrado en el juego de maya.
Es un simple darse del ser. El ser se da y sigue siendo ser. Y al saber, cada cual se siente “un” ser especial, separado, diferente. Hasta que llega el verdadero saber. Entonces se descubre que ser y saber no son dos, sino la unidad absoluta.




No hay “alguien” que pueda comprender la unidad, la no-dualidad. ¿Por qué? Porque alguien se ubica en posición dual, se toma a sí mismo como alguien separado.
Si todo es unidad, si todo es uno sin dualidad, entonces la mera idea de separación se parece a una esfera cúbica.
¿De qué saber hablamos, entonces? ¿Cuál es ese conocimiento en el que está centrado el maestro advaita? No es un conocimiento de “alguien” acerca del ser, no es personal. Es un conocimiento del ser acerca del ser, es la unidad misma, la unidad que nunca puede fragmentarse en ninguna dualidad.




El buscador de la no-dualidad es una gota de agua que está sumergida en un océano y que anda buscando al océano.
Sólo la no-dualidad puede comprender la no-dualidad.


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Extraído del libro "El Amor es Todo lo que Hay", de Furia del Lago - Editorial Ananda

miércoles, 15 de septiembre de 2010

De locos





Conversar con un advaita parece un diálogo de locos.
- Quiero saber qué estoy haciendo en este mundo – pregunta el visitante.
- El mundo no existe ni usted tampoco – es la respuesta.
Por supuesto, para la gente “normal”, eso es un disparate. Para el advaita, por el contrario, el disparate es la gente normal.





Obsérvese lo que dice Robert Adams:
Puedo aseguraros que no existe tal cosa como Dios. No hay tal cosa como la creación, y no hay tal cosa como el universo. Así que no hay tal cosa como el mundo, y no hay tal cosa como tú. No hay tal cosa como “yo”. ¿Qué queda? ¡Silencio!



¿Cómo se puede entender esto? Aquí está la clave. Esto no es algo para “entender”. No es un asunto para ser pensado y razonado. De ninguna manera es pasto para el intelecto.
Esto es misterio puro.




De manera que alguien se acerca al maestro advaita con el propósito de entender algo y el maestro le responde que no es un asunto de comprensión, sino que lo invita a tirarse al abismo del misterio. Ja.




Dice Wei Wu Wei: “La comprensión esencial es que en realidad nada es. Esto es tan obvio que no se percibe”.
Por supuesto. Si nada es, no hay nada (ni nadie) que pueda percibirlo. En consecuencia, eso de la “comprensión esencial” es absurdo. ¿Quién comprende qué cosa?




Perfecto, ¿qué es lo que tenemos entre manos? Misterio puro.
Sin embargo, Juan Aprendiz insiste con sus preguntas. Esto se debe, sencillamente, a que sigue cultivando su vieja costumbre de vivir en un mundo de preguntas y respuestas por separado.
“Ahora bien, ya que tanto te gusta moverte en ese mundo dual – le señala el maestro -, dime qué es el silencio, ¿pregunta o respuesta?




Es un koan, claro. El pobre Juan Aprendiz trata de averiguar si el silencio es pregunta o es respuesta, sin saber que ha caído en la trampa del misterio.


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Extraído del libro "El Amor es Todo lo que Hay", de Furia del Lago - Editorial Ananda

sábado, 11 de septiembre de 2010

Breviario de Iluminación Para Holgazanas




Escarabaja Pelotera, desde pequeña, viene cultivando un sueño: el de ser una reina. Pero, a veces, además de sueños, tiene pesadillas.
Una de las peores pesadillas la coloca en medio de un pastizal verde brillante, topándose con una Vaquita de San Antonio, bicho rojinegro inquisidor como pocos. En esa pesadilla recurrente, el diálogo suele ser, más o menos, del siguiente modo:
Vaquita - ¿Por qué quieres ser reina?
Escarabaja – Porque no quiero trabajar.
V – Pero te la pasas trabajando para llegar algún día remoto a ser una reina.
E – Bueno, esto no es tan fácil, no te creas.
V – A mí me parece que deberías empezar por el final.
E - ¡Qué ridícula! Eso no tiene lógica.
V – No tiene lógica, pero tiene esdrújula. ¿Cuál es la lógica de trabajar para ser reina?
E - ¿Cómo puedo yo saberlo?
V – Ya lo ves. Tampoco sabes cuál es la lógica de empezar por el final.
E – Bueno, en materia de lógica, esto es un sueño que está soñando otro sueño.
V – Por eso te digo: si empiezas por el final, dejas de trabajar inmediatamente.
E - ¿Y con eso qué?
V – Ni siquiera siendo reina dejarías de trabajar, porque todo el tiempo estarías fingiendo que eres reina. En cambio, así como te digo, ya tienes lo que tanto querías: dejar de trabajar.
(Aquí es el momento en que Escarabaja Pelotera despierta de su pesadilla).



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Extraído del libro "El Amor es Todo lo que Hay", de Furia del Lago - Editorial Ananda

lunes, 6 de septiembre de 2010

Un poco de espuma





El vacío es plenitud. Intentar llenarlo con pensamientos, recuerdos, actividades, esfuerzos, deseos o lo que fuese, no es más que un poco de espuma en el gran océano del vacío. Toda la espuma del mar sigue siendo el mar.



Juan Gómez y María López le dan gran relieve a la espuma, le adjudican una importancia suprema. A veces la espuma tiene forma de éxtasis, a veces de conflicto, a veces de obra de arte. Todo este asunto de la espuma y sus variables formas los tienen arrobados. Tan encantados están por estos juegos de olas que chocan entre sí, que no reconocen ese mismo encantamiento como más espuma.




“Yo soy más importante que tú”, le dice Juan a María. Y ella trata de buscar la aprobación de alguien tan importante.
“Tú, que te crees tan importante, nada puedes hacer sin mí”, replica María.
Todos juegos de la espuma, figuras inciertas que asume el gran océano de la conciencia en la superficie.




De pronto, tan sólo por jugar, esta escena se congela en el escenario de la vida y podemos observarla con los ojos del silencio. Este manojo de espuma está diciéndole a este otro manojo de espuma: “Yo soy más importante que tú”.
Es increíble, dos salpicaduras de olas se sienten diferentes unas de otras.
La escena se descongela, las espumas terminan de estallar y nuevamente vuelven a ser lo que siempre han sido: agua del gran océano.


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Extraído del libro "El Amor es Todo lo que Hay", de Furia del Lago - Editorial Ananda
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Foto: Faro de La Coruña

domingo, 29 de agosto de 2010

La Conciencia de Sí Misma






Turiya - En cuanto se abre la boca para decir algo, la verdad y la mentira disputan entre sí.
Angelo Nero - ¿Quién abre la boca?
Turiya - Si respondo a tu pregunta, ¿quién sabrá si es verdad o es mentira?




Cuando el amor habla, siento esa plenitud que la mujer encuentra en el hombre y el hombre halla en la mujer.
Que sea verdad o mentira, ¿a quién le importa el significado de las palabras, si están cantando la canción del todo para llenar la nada?
Es así. No hay nada. Eso es todo.




Con sólo mirarlo, lo conocido se deshace.
El truco es que no lo haga yo (que soy lo conocido), sino la única mirada.





Turiya - Si haces un esfuerzo para unirte a lo único, te llamaré “payaso invisible haciendo morisquetas en el vacío”.
Angelo Nero - Tú quieres decirme que no haga nada porque ya soy lo único.
Turiya - Lo que quiero decir es que, hagas o no hagas, no hay nadie que pueda ser lo único, sino lo único.



Si el silencio está muerto o no existe, como alguno dice, ¿por qué te daría tanto miedo?




Los hijos inquietos de la conciencia salen a jugar fuera de casa. Desde la ventana, la madre observa esos juegos con una sonrisa y enciende la estufa. Ya volverán cuando haga demasiado frío.



¿Buscar el silencio? ¿Dónde ir a buscarlo que no esté?



Eso que estás mirando es tu estado de ánimo. Y tú lo llamas “el mundo”.



Ya eres silencio. Todo lo demás es lo que no eres.



¿A dónde crees que va la conciencia de sí misma?





Para una persona, el silencio es como tener un hijo en la panza. El silencio es hijo del silencio.



Mensaje para un amigo por Internet:
“En esto me gusta subirme al carro de aquellos magos del zen, a quienes el misterio les salía por las orejas de tanto desbordarse y que hacían magia con acarrear leña o juntar agua del pozo, así como nosotros hablamos a través de una increíble red cibernética gracias, entre otras cosas, a papá y mamá, que nos enseñaron el idioma español. En fin, es imposible hallar algo que no sea rotundo misterio”.




Concepto quiere decir concebido. Por eso, no hay concepto que pueda concebir al silencio, así como ningún hijo puede concebir a su madre.



El silencio es lo inconcebible.





Si la imagen de sí mismo va desapareciendo, envejecer no es una tortura, puede ser una dicha. Por cierto, como dice Jeff Foster, no te salvas de todos los achaques que aparezcan. Pero si aparece el silencio, ¡qué gran regalo nos hace la vida! Haber pasado por aquí y haber visto este misterio con los ojos del mismo misterio.




El silencio está vivo. Paradójicamente, es por eso que le escapamos. ¿Y dónde buscamos refugio? En el diálogo interno, la importancia personal. Eso es todo. No queremos dejar de sentirnos importantes.




Somos simples, es verdad. Las complicaciones son ajenas. Cuando descubres que los problemas planteados por el acuerdo social no te incumben, quedas otra vez como niña recién nacida, dejando que el silencio se ocupe de la salida del sol, de los quehaceres del día, de viajar en tren o en auto, de hacer la comida o conseguirla, de atravesar el misterio de la energía, de la caída del sol…




El ego cree que hace lo que hace hasta que se le queda el suspiro entrecortado y justo ahí, en ese momento, aparece el silencio. Entonces, el ego es puesto en su lugar, que viene a ser ninguno.
Eso sí, cuando aparezca de nuevo, siempre aparecerá con un “pero”. En el fondo, es un payaso. Reírse del ego es salud…



La palabra nace y muere en el silencio.
El instante nace y muere en la eternidad.
Ni el instante ni la palabra existen.




El ego tiene la descabellada ilusión de controlar la vida. Hasta en lo mínimo.
Soltar, soltar, soltar, hasta que descubramos que el misterio nos está latiendo el corazón.



La luz que recibes
es la luz que das.
Cuanto más te vacías
más te llenas.
“No des para recibir;
recibe para dar”,
han recomendado
los sabios
del otro mundo.
No es difícil
ni fácil
de concebir.
Lo que te conviene
es no tener conveniencia.
Si quieres ser,
deja de ser.


Vita Preziosa



No se puede conocer ni desconocer al silencio.



Hazle nido al silencio en tu corazón y lo reconocerás en todos los paisajes y todos los climas.




La vida es la maestra. La vida es la discípula. Siendo así, el mundo está completo. Y todo lo que ahora mismo está surgiendo es exactamente lo completo, que simplemente cambia de forma sin cesar.



Estamos metidos en el cráter de un volcán de silencio.



“Hágase tu voluntad y no la mía”, suele decirse.
Es una cita de las palabras de Jesús.
Su significado es: que se cumpla la Voluntad Suprema y no mi deseo personal.
¿Cuál es la voluntad del silencio?
Ser silencio.De eso se trata.


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Extraído del libro "Gracias a la Vida", de Furia del Lago - Editorial Ananda


lunes, 23 de agosto de 2010

Sin Ego





Es fácil creer que “yo no tengo ego”. Después de todo, el ego no existe. Con sólo abrir los ojos y mirarse por dentro, todo en un solo gesto, se puede comprobar que estamos nadando en medio del infinito.
Tú eres una célula del infinito, yo soy otra célula del infinito. No existe ninguna separación, en realidad. “Tú y yo” son meras formas gramaticales para designar personas diferentes imbuidas por la misma energía. Pero somos esa energía, con caras distintas.






Esta energía se llama “Yo Soy”. Es el darse cuenta del ser. Una persona cualquiera, una hormiga en medio de millones y trillones de galaxias, descubre que es el infinito metido en una semilla. ¿Parece raro? Bueno, también es raro que un árbol se meta en una semilla, ¿o no? Adentro de la semilla hay un árbol. ¿Qué es, pura imaginación o milagro?
Respuesta: las dos cosas.



Sí, una semilla es un prodigio de imaginación. Hagamos este recorrido: imaginación viene de imagen. El árbol se hace una imagen de sí mismo y la encierra en una cápsula. Esa imagen lo reproduce. Quizá con otra forma, no es una copia exacta. Pero la forma del nogal sigue siendo otro nogal.







Tomemos ahora a la persona humana. También es una semilla. En italiano, semilla se pronuncia “seme” y nosotros le decimos “semen” al esperma. Pero dejemos el latín básico.
Cualquier ser humano, sencillamente, es una máquina de reproducir conciencia. Podrá venir tu vecino y decirte: “Ah, pero yo soy alguien especial, único en el mundo y con características que no se parecen a las de ningún otro”. Bien, bien. El mamífero vestido se toma en demasiado en serio.




Cuando alguien dice “Yo Soy” está reconociendo esa energía desconocida que nos mueve. Mi “Yo Soy” es el mismo que tu “Yo Soy”. Cada uno de nosotros tiene la clara impresión de ser.
Pero a partir de esa naturaleza básica, nos agregamos atributos y características que supuestamente nos diferencian. Yo soy mujer, tú eres hombre, aquel es alto y el otro bajo, uno es rubio y la otra morocha.
Cada uno de nosotros es conciencia de ser. Eso se puede expresar de distintas formas, pero básicamente somos lo mismo.



Analogía. Todos somos agua. El agua puede ser envasada en un jarrón o una olla, puede caer del cielo o andar libremente por el campo, puede formar ríos o mares. Todo esto, ¿en qué cambia su cualidad esencial? En nada: sigue siendo agua.





Hace años escribí un libro de poemas titulado “La Barca de la Sonrisa”. Me robo a mí misma un poema en prosa, extraído de ahí:


Para definición del placer, tenemos a esos padres que juegan con el niño ese extraño rito de los reyes magos. El placer consiste en decirle al chico, cuando ya es tarde, que los reyes magos no existen.
Primero te enseñan a creer y luego te quieren enseñar a no ser crédulo.
Pero ya es tarde. Vives en medio de millones y millones de crédulos.
Creer es el único deporte que practican todos.
Si quieres hacer la prueba, pregúntale a cualquiera quién es. Verás que te responde: "Yo soy yo, ¡por supuesto!"
Es inútil. Hay demasiada gente que se toma demasiado en serio.


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Extraído del libro "Gracias a la Vida", de Furia del Lago - Editorial Ananda
Ilustración: "María Pía", de Fernando Natali (Córdoba - Argentina)

domingo, 22 de agosto de 2010

Flecha del infinito




No puedes fabricar sino el instante
que se está fabricando. Tú eres eso.




Flecha del infinito que en el aire
va trazando su huella, la molienda
de lo que todavía no recibe
nombre propio ni rostro queda en blanco.




En este sitio donde ya no estás
la luz muere en la luz. Es lo que eres.


Vita Preziosa


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Extraído del libro "Todo para Nada", de Vita Preziosa - Editorial Ananda


martes, 17 de agosto de 2010

El Misterio Evidente






La niña juega con la muñeca, piensa que es la mamá de esa nena. Imagina cosas y más cosas. Que le prepara la comida, que le tiende la camita para que luego se eche a dormir. Y antes de dormir le cuenta un cuento.
Pero incluso a esa edad, todas esas fantasías duran poco. La niña muestra interés por inventarse un mundo para su muñeca, hasta que entonces aparecen la escuela y los compañeros de escuela. Y, sobre todo, el mundo de los adultos.
Ahí estará el cambio: la niña dejará las muñecas y aprenderá otros juegos. Los juegos que le proponen los adultos.




Se juega a vivir como se aprende a vivir. No son dos procedimientos distintos. Los varones hacen sus juegos y también aprenden a su manera.
Cuando ambos, varones y mujeres, empiezan a transitar un camino que los acerca y los une, también realizan sus juegos.




La adolescencia es un ensayo general para luego poner en escena una obra de teatro: la edad adulta.
Lamentablemente, los jóvenes ignoran esto, se toman en serio y luego terminan la edad adulta sin darse cuenta de que sólo es una obra de teatro, una representación donde cada cual puede adoptar distintos personajes, fluir, inventar nuevas posibilidades, crear aventuras sobre la marcha y descubrir los misterios de la vida sin parar.
¿Eso es lo que hacen? Por supuesto que no.




El muchacho se siente atraído por la chica y ella por él. Más que suficiente. Se ponen de novios. Eso es lo que se estila. Algunos hay que van más allá y se casan. Tienen hijos, forman una familia, cumplen con sus deberes como padres…
Pasan veinte años y el marido cree que conoce a su mujer. ¿Cómo ha llegado a semejante pantano emocional?
Eso es válido también para ella. La esposa cree que conoce a su marido. Ha entrado en el mismo juego y en la misma rutina.




La niña abandona las muñecas porque se le ofrece un mundo para crecer (la escuela, los amigos, la sociedad) y tiene que aprender a vivir en ese nuevo mundo.
Pero muchas, al casarse, posiblemente piensan que han concluido el aprendizaje. Creen que ya tienen en su poder lo que necesitaban y que, por lo tanto, no existe ningún nuevo mundo para transitar.




Cuando yo era niña me sentía muy amiga de Jesús de Nazareth o Francisco de Asís, por ejemplo. ¿Cómo se puede ser amiga de alguien a quien no has conocido personalmente? No lo sé. Pero he conocido a personas de la secundaria o la universidad, por ejemplo, con quienes no he podido tener ni un asomo de intimidad, o por lo menos algún acercamiento, no digamos amistad.
En cambio, yo tengo amigos maravillosos como Nisargadatta Maharaj ó Ramesh Balsekar. Y nunca les he dado la mano.




Suscitar el misterio, sentirlo en el cuerpo, dejarlo correr por las venas, despertarse. El arte de vivir tiene mucho de esta devoción por lo desconocido. Es verdad, nada puede decirse del misterio. Pero compartir este silencio de ser es un bálsamo en la marcha por el páramo. Somos desconocidos.






Despertar, no dejarse distraer
por la comodidad del miedo. Irse
de todas las probables lejanías
que te impiden leer con este cuerpo
las señales que aquí quedan escritas.
Quedan, aunque se van, hechas de río.
Quedan en esta forma que se va
transformando. La magia persevera
cambiando lo que está por lo que está.


Vita Preziosa





El novio desconoce a la novia. Al descubrir esto, también comprende que se desconoce a sí mismo. Todo este asunto del noviazgo produce incertidumbre por demás. ¿Qué hacer? Los varones necesitan ser guiados. Las mujeres necesitan ser contenidas. ¿Cómo hará este pobre novio para “controlar” sus emociones? Eso es al menos lo que exigen las costumbres circundantes. No olvidemos que al muchacho lo guían las costumbres de los demás. Por lo tanto, hace lo que hicieron los otros, antes de él. Se casa con ella. Eso (piensa él) terminará con la incertidumbre y el descontrol.




Cuando miras a tu mujer y no la reconoces, ahí comienza la catástrofe.

Uppaluri Gopala (U.G.)





Hay que poner algo en claro: lo conocido y lo desconocido no existen. Son dos inventos de la mente.
Simplemente, una persona adopta costumbres, muchas de ellas se transforman en rutinas y al final terminan por quedarse a vivir en forma de jaula que encierra a la persona.
Nadie repara en ello. La Reina Comodidad siente que es reina por derecho divino.




Un hombre o una mujer, adiestrados por la costumbre social, adoptan comportamientos rutinarios y luego a esa conducta la denominan “yo”.



Para el hombre ordinario, el mundo es lo que la gente hace. Para un guerrero, el mundo es un misterio insondable.

Don Juan Matus




Esto es lo que se llama el proceso de identificación. La conciencia queda encerrada en la burbuja de una personalidad. Nissargadatta Maharaj decía que la persona se identifica fácilmente con el cuerpo, con el pensamiento, con las opiniones, con los papeles que les toca desempeñar en el ámbito social. Es por eso, aseguraba, que sufrimos tanto.
Levantaba la mano y explicaba:

Miren cómo se tocan mi dedo pulgar y mi dedo índice. Cuando me identifico con el índice, soy el que siente y el pulgar es el objeto de mi experiencia. Cuando la identificación es al contrario y yo me ubico en el dedo pulgar, siento que este índice es como un objeto. Puedo cambiar de atención y convertirme en cualquier cosa que mire… Yo llamo amor a esta capacidad de entrar en otros focos de la conciencia. Puedes darle el nombre que quieras. El amor dice “Yo soy todo”. La sabiduría dice: “No soy nada”. Entre estos dos fluye mi vida.





A su vez, Jack Kornfield, al comentar estas palabras de su maestro, señala: “La capacidad de cambiar de identidades no pertenece sólo a los gurús de la India. Es una habilidad humana. Muchas ocupaciones requieren la capacidad de entrar en otras identidades. Los mejores rastreadores de animales se convierten en el animal que persiguen. Los buenos detectives se adentran en la identidad de sus presas. Los actores triunfan por su habilidad en adquirir de forma convincente otras identidades. Una madre se identifica de forma natural e instintiva con su bebé que llora. Los amantes dicen que sus corazones laten como uno solo”.




En la película “Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos”, un hombre y una mujer (una pareja) deciden borrar los recuerdos que tienen el uno del otro. La película es una metáfora sobre la rutina y la gran obsesión de meter la vida dentro de lo conocido.
Ambos se someten a una operación hecha por una máquina que les borra los recuerdos. Quedan limpios. Casi al final, el hombre dice: “Tanto tiempo perdido con alguien sólo para descubrir que es una desconocida”.







Lo nuevo es permanente. Su pureza
pasa por donde no se mancha y donde
no conoce siquiera la pureza.
Lo conocido es muerte que se esconde


apenas ve lo puro. Todo es nuevo…
Lo viejo es nada más que pura nada.
Pero nada es más viejo que lo nuevo
ni tampoco lo nuevo. La mirada,


que ve a los dos en uno, sin piedad
ni violencia navega la sorpresa
de comprobar que toda la pureza


escapa de sí misma sin edad
para fundar su mítica riqueza:
el viejo truco de la novedad.


Vita Preziosa





Cuando somos niños, la frescura del momento nos posee. A medida que vamos cayendo y decayendo por el tobogán de la rutina, esa frescura se va perdiendo.
Es difícil encontrar a un viejo con toda su frescura, como el caso de Maharaj, por ejemplo.





Si lo nuevo es permanente, quiere decir que no existe ni lo nuevo ni lo viejo. ¿Qué es este misterio al que llamas “mi esposo”? ¿Qué es este misterio al que consideras “mi mujer”?



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Extraído del libro "Gracias a la Vida", de Furia del Lago - Editorial Ananda

viernes, 13 de agosto de 2010

El Camino del Medio



Observa con atención la cualidad del agua. No libra ninguna lucha con nada. Si le arrojas algo, lo aceptará; pero tal aceptación no implica que el agua se perderá en esa entrega. Si por ejemplo le arrojas un hierro, el agua dejará que se vaya hasta el fondo. Si le arrojas un madero, lo mantendrá flotando en la superficie. Pero el agua seguirá siendo agua. Esta es una manera, entonces, de aceptar y rechazar al mismo tiempo. O de hallar el camino del medio.
Puedes tener cuerpo de hombre o de mujer, pero sólo en superficie. Sin embargo, no es difícil que te identifiques con tu apariencia, con tu posición social, con tus actividades rutinarias. Pero cuando descubres que todo eso es nada más que una nota musical que suena en medio del gran silencio, cuando comprendes que una nota detrás de la otra produce una melodía que estalla en el aire como pompa de jabón, entonces comprendes que tu verdadero ser está ahí adentro, en ese silencio. Entonces comprendes que, en lo profundo, eres conciencia que se alimenta de la apariencia.


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Extraído del libro "Señales de Vida", de Furia del Lago - Editorial Ananda

martes, 10 de agosto de 2010

Agua viva



Seis de la mañana de un domingo. En un canal de televisión por cable está empezando un espacio que se titula “Holograma”, donde presentan a Raimon Pannikar, un filósofo catalán que habla sobre la necesidad de seguridad de la gente.
Lo que pasa – dice – es que cada uno de nosotros vive la experiencia de “la gota de agua”. Mientras estamos de paso por aquí somos una gota de agua y, de pronto, un buen día, la gota cae en el mar y desaparece.
La gente se aterra con esta perspectiva, pero eso es así tan sólo porque han sido entrenados en la frecuencia del miedo; se les dijo que tienen que aferrarse a las cosas, a la vida, a los sentimientos. Pero la vida es un río y en ese río eres una gota y esa gota un día terminará en el mar. Y todo eso no tiene nada, absolutamente nada de malo. Precisamente porque nos aferramos a las cosas existe la inseguridad en nuestra vida y nunca dejará de existir mientras pretendamos ser propietarios de la vida, simplemente porque no podemos ser dueños de la existencia ni de nada.
“Simplemente – dice Pannikar desde la pantalla – tienes que preguntarte qué eres: ¿la gota de agua o el agua de la gota?”
Es una lástima que no podamos aferrarnos a las cosas, a la gente que amamos, a los paisajes que nos alegran el corazón, a la música que nos hizo bailar, a la poesía que nos llevó de viaje. Pero, bueno... es una lástima, y nada más...
Si tanto amamos la vida, entonces tendremos que comprender que la vida es un río, un instante, un viaje infinito, un caleidoscopio que está girando en una espiral cósmica sin fronteras. Así como una casa está hecha de cal, cemento, arena y ladrillos, el material de la vida es la transformación. Estamos transformándonos sin cesar. Comprendamos con rigor científico y corazón abarcante que nada se pierde, todo se transforma.
Aprendes lo que la vida te enseña. Observa el instante: nace y muere al mismo tiempo. Por eso es eterno, es la eternidad misma; porque acepta la sorpresa de su propia muerte para ganarse un nacimiento elaborado por el asombro y volver a soltarse, morir de inmediato para el pasado y lanzarse al desconocido momento que está viniendo ahora mismo. Pero todo esto es mental. No existe un instante detrás del otro, no existe ningún instante. La sucesividad es pura imaginación que usamos funcionalmente.
Se nos ha educado de modo tal que tenemos miedo de vivir. Y tanto miedo tenemos que nos cuesta comprender que la vida es así, transformación pura. Que nosotros nunca, nunca jamás, podremos ser propietarios de nada.
Hubo gente que nos engañó, que nos dijo que tendríamos “éxito” si poseíamos determinadas riquezas o alardeábamos de tales honores. También estuvo el que nos convenció de que es necesario tener poder sobre los demás, manipularlos para robarles energía, dinero, lo que sea. La publicidad que nos tragamos afirma que tener es el verbo sagrado. El rumor que nos creímos asegura que dinero es sinónimo de felicidad.
Lo extraño de todo esto es que vivamos sufriendo tanto. La gente se pregunta cómo hicimos para que la vida de los seres humanos se haya convertido en un infierno, sin darse cuenta de que una generación ha metido a la siguiente – como si fuéramos ovejas – en un corral donde los letreros luminosos anuncian a cada rato: “Sálvese quien pueda”. Y así andamos, como en la época de Abel y Caín, el hermano destrozando al hermano, sin saber por qué la vida se ha vuelto tan desesperante ni cómo hicimos para que nuestro corazón haya tragado tanto veneno. “¿Por qué matamos a quienes han matado a otros? ¿Para demostrar que matar está mal?” (Esta es la doble pregunta de Norman Mailer). “¿Para qué se nos antoja esclavizar al prójimo?; quizá sea – reflexiona Dionisio Mayor a su vez – para olvidar que no somos dueños de nada, ni siquiera de nuestra propia vida”.
Cuánto miedo a la libertad. Vivimos aferrados unos a otros, desangrándonos (literal y metafóricamente) buscando el éxtasis que nos robaron junto con la infancia, tratando de encontrar en la maraña de la desesperación el camino entre los matorrales que conduzca directamente al paraíso perdido. Por eso, cada vez que encontramos un poquito de placer nos aferramos con dientes y uñas a sus talones, a sabiendas de que igual se nos escapará.
Un simple repaso nos permitirá comprobar que nuestra vida ha sido un aprendizaje constante. ¿Y qué es lo que estamos aprendiendo? Estamos aprendiendo a fluir. A fluir con el río de la vida.
Somos una gota de agua. Somos el agua, que se endurece con el frío y se evapora con el calor, pero sigue siendo agua, tanto en la nube, como en el mar, como en la savia o en el manantial. Somos el agua de la vida, que no termina de fluir, que no termina de buscarse a sí misma, que no termina...

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Extraído del libro "Señales de Vida", de Furia del Lago - Editorial Ananda


viernes, 6 de agosto de 2010

Nitai y Nimai


Nitai me obligó a prometerle algo: que jamás revelaría su verdadera identidad. Yo la descubrí cuando ambos teníamos diez años (¿cuál sería su edad verdadera?) y nos escapábamos de la escuela para irnos a vagambular por las calles del Barrio Miraflores.
El primer día que nos escapamos juntos sacó un talonario del bolsillo y me lo mostró: era una rifa, supuestamente para beneficencia de los alumnos de nuestra escuela que se graduarían a fin del curso. Aquella vez nos divertimos en grande, porque anduvimos por los lugares más insólitos, viendo a gente mayor completamente desconocida y jugando a ver quién vendía más rifas. Ibamos por los comercios, por la feria, por las plazas y por las casas. El número era muy barato, de apenas un peso, así que mucha gente nos daba monedas. Cuando terminamos, Nitai compró un helado para él y otro para mí.
- Hicimos una buena cosecha - me dijo-. La tuya mejor que la mía.
Yo había recaudado más dinero que él y eso me ponía orgullosa.
Después del helado fuimos a su casa y me presentó a su hermano Nimai. Los dos eran muy parecidos. Nimai también había recaudado muchas monedas con la rifa, pero él no iba a la misma escuela que nosotros, sino a un colegio de varones.
- ¿Así que recaudaste más que Nitai, Furia?
- Sí, tenemos que salir mañana - respondí-. Vas a ver que conseguimos mucho más. Al principio, no sabía muy bien qué decirle a la gente, pero después aprendí la forma.
- Pero mañana no tenemos que faltar a clase - me dijo Nitai-. Así que salgamos después de la escuela.
Y así lo hicimos. A la salida de clases, Nimai estaba esperándonos. Fuimos hasta el barrio y estuvimos más de dos horas. Por suerte, mis padres pensaban que yo estaba estudiando en casa de Nitai, a quien ya conocían. Después, volvimos a casa de ellos y sacamos la cuenta. Otra vez fui yo la que recaudé más, pero esta vez no me lo creí. En secreto, sumé lo que habíamos recaudado el día anterior, le resté lo mío y lo de Nimai, y así descubrí que Nitai me estaba mintiendo. Por alguna razón oculta, él fingía que yo era la que más recaudaba, pero en realidad había sido él mismo.
En una semana teníamos un total de setecientos pesos. Era un dineral, si se tiene en cuenta que lo hacíamos juntando moneditas. Entonces, Nimai y Nitai me llevaron hasta un negocio mayorista, cuyo dueño era conocido del padre de ambos, y allí compramos ciento cuarenta bolsas de arroz grandes, cada una de veinticinco kilos.
Yo no entendía nada.
- Ya lo vas a entender- me dijo Nimai.
Al día siguiente, el padre de ambos fue a buscar las bolsas de arroz en un camión y las llevó a su casa. Una vez allí, empaquetamos el arroz en bolsas de un kilo, aproximadamente. Es decir, que empaquetamos tres mil quinientas bolsas.
- Yo creí que era una rifa de verdad - atiné a decir mientras empaquetábamos las bolsas.
- No seas tonta - me dijo Nitai-. A quién se le ocurre semejante idea..
- Somos estafadores, nena - me dijo Nimai.
A mí, la idea me entusiasmó. Era una aventura prodigiosa: habíamos estafado a medio barrio de Miraflores.
Una semana después, el papá de Nimai y Nitai nos llevó a los tres a uno de los suburbios más pobres de la ciudad. Yo nunca había estado por esos parajes. Las calles eran de tierra o de barro, las casas de chapa y cartón, había suciedad y basura por todas partes. Yo acompañé a Nimai: tocábamos a la puerta del lugar, o aplaudíamos las manos, y dejábamos una bolsa de arroz de regalo; a veces dos, si la familia era muy numerosa. No nos alcanzó para todo el barrio, pero en dos días terminamos de repartir el arroz.
Así fue como descubrí que Nimai y Nitai eran unos extraterrestres.


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Extraído del libro "Conspirando con el Cielo", de Furia del Lago - Editorial Ananda

jueves, 5 de agosto de 2010

La condición natural



La sensibilidad es la condición natural del ser humano. Pero en una sociedad antinatural, la persona sensible es alguien excepcional. En ese ámbito, la sensibilidad pugna por aflorar debajo de tantas capas de maquillaje que acorazan a los habitantes de la sociedad mercantil.
Si los seres humanos fueran sensibles, no habrían convertido a la suya en una sociedad mercantil, donde todos están tratando de conseguir algo de los demás, en lugar de ofrecerles. La falta de sensibilidad impide comprender una ley fundamental: los problemas de los unos afectan a los otros. No se puede vivir en paz en una sociedad conflictiva.
Por eso, quienes quieren vivir con sabiduría no dejan que las exigencias mercantiles de la sociedad los afecten y tratan de conservar su sensibilidad como el mayor de los tesoros de esta vida. Ellos comprenden que el refinamiento es otra capa más de maquillaje, una manera de amortiguar las asperezas de la vida en común.
Quienes viven despiertos visitan la sociedad mercantil de vez en cuando, dejan su cuota de sensibilidad sembrada entre tanto desconcierto, y luego se retiran, sin atribuirse ningún mérito por su obra. Atribuirse un mérito sería, precisamente, perder la sensibilidad en el pantano de los tironeos sociales, porque no existe mayor conflicto que el de sentirse aislado de los demás, separado.
Ellos no viven en la sociedad mercantil. Así, la fuerza de las costumbres de la gente no los ata y el peso de las convenciones sociales no los aplasta. Por eso no pierden la sensibilidad ni la humildad.


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Extraído del libro "El Tao Nuestro de Cada Día", de Furia del Lago - Editorial Ananda

miércoles, 4 de agosto de 2010

Una ilusión


Hay un personaje que siempre está yendo hacia otra parte. Cuando se rompe la continuidad de ese personaje, descubres que estás aquí, que nunca fuiste a ninguna parte. Esa ruptura de continuidad acontece de vez en cuando, quizá de manera fortuita, o porque andas buscando algo nuevo, pero siempre porque ocurre algo inesperado. El personaje que continuamente está yendo a otra parte sólo espera eso: irse a otra parte. Es una ilusión y quiere seguir siendo una ilusión. No tolera estar aquí, no soporta el ahora desnudo y límpido. Pero el poeta se asombra con el misterio, no le teme. En eso consiste vivir en estado de poesía, en amar el misterio en lugar de tenerle miedo.
Vita Preziosa

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Extraído del libro "La Danza de la Vida", de Vita Preziosa - Editorial Ananda

domingo, 1 de agosto de 2010

Vacaciones


Estudios científicos realizados en el laboratorio de la personalidad han permitido señalar que la mejor manera de trabajar es tomarse unas vacaciones para hacerlo. Cuando uno está de vacaciones, no tiene nada que hacer. Entonces, lo que haga lo hará por gusto.
Dicho con otras palabras: tomarse hoy vacaciones y al mismo tiempo trabajar, pero trabajar por el puro gusto de hacerlo... en eso consiste la dicha.
No importa si el trabajo consiste en mantener una familia, cuidar al hijo, enseñarle a disfrutar de la vida, disfrutar con él. No importa si el trabajo consiste en ir a la guerra o escribir un poema, vender artefactos imposibles o comprar más barato. La vida entera es peligrosa, pero ella es la madre de todas las artes y sin esas artes la vida es un desperdicio.
Por eso, no hay arte más grande que el de saber tomarse vacaciones, no una vez al año, como si fuéramos esclavos del tiempo, sino a cada rato, como si fuéramos dueños de la eternidad.
Hallar descanso en el trabajo, deslizarse por la obra como la piragua por el agua mansa es la clave para desatar los nudos de la vida. Igualmente, lograr que el ocio se transforme en productivo, sacar de la galera del vacío la creación entera, ésa es la magia de vivir.
La persona equilibrada es monarca de la paradoja. Nunca está ociosa, pero jamás hace nada. Cuando vivir es un juego, el juego es vida.
Si esa persona encuentra un momento de descanso, de inmediato se toma el trabajo de convertirlo en una obra maestra. Si se ve confrontado con la necesidad de trabajar, de inmediato lo toma como si fuera un recreo.
El que juega a vivir, vive para jugar.
Hay quien jamás se toma vacaciones, por la sencilla razón de que se la pasa todo el tiempo de vacaciones. Y haga lo que haga, lo hará por el puro gusto de hacerlo.


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Extraído del libro "Sin Motivo", de Furia del Lago - Editorial Ananda
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Pintura: Gloria Suazo