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domingo, 29 de agosto de 2010

La Conciencia de Sí Misma






Turiya - En cuanto se abre la boca para decir algo, la verdad y la mentira disputan entre sí.
Angelo Nero - ¿Quién abre la boca?
Turiya - Si respondo a tu pregunta, ¿quién sabrá si es verdad o es mentira?




Cuando el amor habla, siento esa plenitud que la mujer encuentra en el hombre y el hombre halla en la mujer.
Que sea verdad o mentira, ¿a quién le importa el significado de las palabras, si están cantando la canción del todo para llenar la nada?
Es así. No hay nada. Eso es todo.




Con sólo mirarlo, lo conocido se deshace.
El truco es que no lo haga yo (que soy lo conocido), sino la única mirada.





Turiya - Si haces un esfuerzo para unirte a lo único, te llamaré “payaso invisible haciendo morisquetas en el vacío”.
Angelo Nero - Tú quieres decirme que no haga nada porque ya soy lo único.
Turiya - Lo que quiero decir es que, hagas o no hagas, no hay nadie que pueda ser lo único, sino lo único.



Si el silencio está muerto o no existe, como alguno dice, ¿por qué te daría tanto miedo?




Los hijos inquietos de la conciencia salen a jugar fuera de casa. Desde la ventana, la madre observa esos juegos con una sonrisa y enciende la estufa. Ya volverán cuando haga demasiado frío.



¿Buscar el silencio? ¿Dónde ir a buscarlo que no esté?



Eso que estás mirando es tu estado de ánimo. Y tú lo llamas “el mundo”.



Ya eres silencio. Todo lo demás es lo que no eres.



¿A dónde crees que va la conciencia de sí misma?





Para una persona, el silencio es como tener un hijo en la panza. El silencio es hijo del silencio.



Mensaje para un amigo por Internet:
“En esto me gusta subirme al carro de aquellos magos del zen, a quienes el misterio les salía por las orejas de tanto desbordarse y que hacían magia con acarrear leña o juntar agua del pozo, así como nosotros hablamos a través de una increíble red cibernética gracias, entre otras cosas, a papá y mamá, que nos enseñaron el idioma español. En fin, es imposible hallar algo que no sea rotundo misterio”.




Concepto quiere decir concebido. Por eso, no hay concepto que pueda concebir al silencio, así como ningún hijo puede concebir a su madre.



El silencio es lo inconcebible.





Si la imagen de sí mismo va desapareciendo, envejecer no es una tortura, puede ser una dicha. Por cierto, como dice Jeff Foster, no te salvas de todos los achaques que aparezcan. Pero si aparece el silencio, ¡qué gran regalo nos hace la vida! Haber pasado por aquí y haber visto este misterio con los ojos del mismo misterio.




El silencio está vivo. Paradójicamente, es por eso que le escapamos. ¿Y dónde buscamos refugio? En el diálogo interno, la importancia personal. Eso es todo. No queremos dejar de sentirnos importantes.




Somos simples, es verdad. Las complicaciones son ajenas. Cuando descubres que los problemas planteados por el acuerdo social no te incumben, quedas otra vez como niña recién nacida, dejando que el silencio se ocupe de la salida del sol, de los quehaceres del día, de viajar en tren o en auto, de hacer la comida o conseguirla, de atravesar el misterio de la energía, de la caída del sol…




El ego cree que hace lo que hace hasta que se le queda el suspiro entrecortado y justo ahí, en ese momento, aparece el silencio. Entonces, el ego es puesto en su lugar, que viene a ser ninguno.
Eso sí, cuando aparezca de nuevo, siempre aparecerá con un “pero”. En el fondo, es un payaso. Reírse del ego es salud…



La palabra nace y muere en el silencio.
El instante nace y muere en la eternidad.
Ni el instante ni la palabra existen.




El ego tiene la descabellada ilusión de controlar la vida. Hasta en lo mínimo.
Soltar, soltar, soltar, hasta que descubramos que el misterio nos está latiendo el corazón.



La luz que recibes
es la luz que das.
Cuanto más te vacías
más te llenas.
“No des para recibir;
recibe para dar”,
han recomendado
los sabios
del otro mundo.
No es difícil
ni fácil
de concebir.
Lo que te conviene
es no tener conveniencia.
Si quieres ser,
deja de ser.


Vita Preziosa



No se puede conocer ni desconocer al silencio.



Hazle nido al silencio en tu corazón y lo reconocerás en todos los paisajes y todos los climas.




La vida es la maestra. La vida es la discípula. Siendo así, el mundo está completo. Y todo lo que ahora mismo está surgiendo es exactamente lo completo, que simplemente cambia de forma sin cesar.



Estamos metidos en el cráter de un volcán de silencio.



“Hágase tu voluntad y no la mía”, suele decirse.
Es una cita de las palabras de Jesús.
Su significado es: que se cumpla la Voluntad Suprema y no mi deseo personal.
¿Cuál es la voluntad del silencio?
Ser silencio.De eso se trata.


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Extraído del libro "Gracias a la Vida", de Furia del Lago - Editorial Ananda


lunes, 23 de agosto de 2010

Sin Ego





Es fácil creer que “yo no tengo ego”. Después de todo, el ego no existe. Con sólo abrir los ojos y mirarse por dentro, todo en un solo gesto, se puede comprobar que estamos nadando en medio del infinito.
Tú eres una célula del infinito, yo soy otra célula del infinito. No existe ninguna separación, en realidad. “Tú y yo” son meras formas gramaticales para designar personas diferentes imbuidas por la misma energía. Pero somos esa energía, con caras distintas.






Esta energía se llama “Yo Soy”. Es el darse cuenta del ser. Una persona cualquiera, una hormiga en medio de millones y trillones de galaxias, descubre que es el infinito metido en una semilla. ¿Parece raro? Bueno, también es raro que un árbol se meta en una semilla, ¿o no? Adentro de la semilla hay un árbol. ¿Qué es, pura imaginación o milagro?
Respuesta: las dos cosas.



Sí, una semilla es un prodigio de imaginación. Hagamos este recorrido: imaginación viene de imagen. El árbol se hace una imagen de sí mismo y la encierra en una cápsula. Esa imagen lo reproduce. Quizá con otra forma, no es una copia exacta. Pero la forma del nogal sigue siendo otro nogal.







Tomemos ahora a la persona humana. También es una semilla. En italiano, semilla se pronuncia “seme” y nosotros le decimos “semen” al esperma. Pero dejemos el latín básico.
Cualquier ser humano, sencillamente, es una máquina de reproducir conciencia. Podrá venir tu vecino y decirte: “Ah, pero yo soy alguien especial, único en el mundo y con características que no se parecen a las de ningún otro”. Bien, bien. El mamífero vestido se toma en demasiado en serio.




Cuando alguien dice “Yo Soy” está reconociendo esa energía desconocida que nos mueve. Mi “Yo Soy” es el mismo que tu “Yo Soy”. Cada uno de nosotros tiene la clara impresión de ser.
Pero a partir de esa naturaleza básica, nos agregamos atributos y características que supuestamente nos diferencian. Yo soy mujer, tú eres hombre, aquel es alto y el otro bajo, uno es rubio y la otra morocha.
Cada uno de nosotros es conciencia de ser. Eso se puede expresar de distintas formas, pero básicamente somos lo mismo.



Analogía. Todos somos agua. El agua puede ser envasada en un jarrón o una olla, puede caer del cielo o andar libremente por el campo, puede formar ríos o mares. Todo esto, ¿en qué cambia su cualidad esencial? En nada: sigue siendo agua.





Hace años escribí un libro de poemas titulado “La Barca de la Sonrisa”. Me robo a mí misma un poema en prosa, extraído de ahí:


Para definición del placer, tenemos a esos padres que juegan con el niño ese extraño rito de los reyes magos. El placer consiste en decirle al chico, cuando ya es tarde, que los reyes magos no existen.
Primero te enseñan a creer y luego te quieren enseñar a no ser crédulo.
Pero ya es tarde. Vives en medio de millones y millones de crédulos.
Creer es el único deporte que practican todos.
Si quieres hacer la prueba, pregúntale a cualquiera quién es. Verás que te responde: "Yo soy yo, ¡por supuesto!"
Es inútil. Hay demasiada gente que se toma demasiado en serio.


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Extraído del libro "Gracias a la Vida", de Furia del Lago - Editorial Ananda
Ilustración: "María Pía", de Fernando Natali (Córdoba - Argentina)

martes, 17 de agosto de 2010

El Misterio Evidente






La niña juega con la muñeca, piensa que es la mamá de esa nena. Imagina cosas y más cosas. Que le prepara la comida, que le tiende la camita para que luego se eche a dormir. Y antes de dormir le cuenta un cuento.
Pero incluso a esa edad, todas esas fantasías duran poco. La niña muestra interés por inventarse un mundo para su muñeca, hasta que entonces aparecen la escuela y los compañeros de escuela. Y, sobre todo, el mundo de los adultos.
Ahí estará el cambio: la niña dejará las muñecas y aprenderá otros juegos. Los juegos que le proponen los adultos.




Se juega a vivir como se aprende a vivir. No son dos procedimientos distintos. Los varones hacen sus juegos y también aprenden a su manera.
Cuando ambos, varones y mujeres, empiezan a transitar un camino que los acerca y los une, también realizan sus juegos.




La adolescencia es un ensayo general para luego poner en escena una obra de teatro: la edad adulta.
Lamentablemente, los jóvenes ignoran esto, se toman en serio y luego terminan la edad adulta sin darse cuenta de que sólo es una obra de teatro, una representación donde cada cual puede adoptar distintos personajes, fluir, inventar nuevas posibilidades, crear aventuras sobre la marcha y descubrir los misterios de la vida sin parar.
¿Eso es lo que hacen? Por supuesto que no.




El muchacho se siente atraído por la chica y ella por él. Más que suficiente. Se ponen de novios. Eso es lo que se estila. Algunos hay que van más allá y se casan. Tienen hijos, forman una familia, cumplen con sus deberes como padres…
Pasan veinte años y el marido cree que conoce a su mujer. ¿Cómo ha llegado a semejante pantano emocional?
Eso es válido también para ella. La esposa cree que conoce a su marido. Ha entrado en el mismo juego y en la misma rutina.




La niña abandona las muñecas porque se le ofrece un mundo para crecer (la escuela, los amigos, la sociedad) y tiene que aprender a vivir en ese nuevo mundo.
Pero muchas, al casarse, posiblemente piensan que han concluido el aprendizaje. Creen que ya tienen en su poder lo que necesitaban y que, por lo tanto, no existe ningún nuevo mundo para transitar.




Cuando yo era niña me sentía muy amiga de Jesús de Nazareth o Francisco de Asís, por ejemplo. ¿Cómo se puede ser amiga de alguien a quien no has conocido personalmente? No lo sé. Pero he conocido a personas de la secundaria o la universidad, por ejemplo, con quienes no he podido tener ni un asomo de intimidad, o por lo menos algún acercamiento, no digamos amistad.
En cambio, yo tengo amigos maravillosos como Nisargadatta Maharaj ó Ramesh Balsekar. Y nunca les he dado la mano.




Suscitar el misterio, sentirlo en el cuerpo, dejarlo correr por las venas, despertarse. El arte de vivir tiene mucho de esta devoción por lo desconocido. Es verdad, nada puede decirse del misterio. Pero compartir este silencio de ser es un bálsamo en la marcha por el páramo. Somos desconocidos.






Despertar, no dejarse distraer
por la comodidad del miedo. Irse
de todas las probables lejanías
que te impiden leer con este cuerpo
las señales que aquí quedan escritas.
Quedan, aunque se van, hechas de río.
Quedan en esta forma que se va
transformando. La magia persevera
cambiando lo que está por lo que está.


Vita Preziosa





El novio desconoce a la novia. Al descubrir esto, también comprende que se desconoce a sí mismo. Todo este asunto del noviazgo produce incertidumbre por demás. ¿Qué hacer? Los varones necesitan ser guiados. Las mujeres necesitan ser contenidas. ¿Cómo hará este pobre novio para “controlar” sus emociones? Eso es al menos lo que exigen las costumbres circundantes. No olvidemos que al muchacho lo guían las costumbres de los demás. Por lo tanto, hace lo que hicieron los otros, antes de él. Se casa con ella. Eso (piensa él) terminará con la incertidumbre y el descontrol.




Cuando miras a tu mujer y no la reconoces, ahí comienza la catástrofe.

Uppaluri Gopala (U.G.)





Hay que poner algo en claro: lo conocido y lo desconocido no existen. Son dos inventos de la mente.
Simplemente, una persona adopta costumbres, muchas de ellas se transforman en rutinas y al final terminan por quedarse a vivir en forma de jaula que encierra a la persona.
Nadie repara en ello. La Reina Comodidad siente que es reina por derecho divino.




Un hombre o una mujer, adiestrados por la costumbre social, adoptan comportamientos rutinarios y luego a esa conducta la denominan “yo”.



Para el hombre ordinario, el mundo es lo que la gente hace. Para un guerrero, el mundo es un misterio insondable.

Don Juan Matus




Esto es lo que se llama el proceso de identificación. La conciencia queda encerrada en la burbuja de una personalidad. Nissargadatta Maharaj decía que la persona se identifica fácilmente con el cuerpo, con el pensamiento, con las opiniones, con los papeles que les toca desempeñar en el ámbito social. Es por eso, aseguraba, que sufrimos tanto.
Levantaba la mano y explicaba:

Miren cómo se tocan mi dedo pulgar y mi dedo índice. Cuando me identifico con el índice, soy el que siente y el pulgar es el objeto de mi experiencia. Cuando la identificación es al contrario y yo me ubico en el dedo pulgar, siento que este índice es como un objeto. Puedo cambiar de atención y convertirme en cualquier cosa que mire… Yo llamo amor a esta capacidad de entrar en otros focos de la conciencia. Puedes darle el nombre que quieras. El amor dice “Yo soy todo”. La sabiduría dice: “No soy nada”. Entre estos dos fluye mi vida.





A su vez, Jack Kornfield, al comentar estas palabras de su maestro, señala: “La capacidad de cambiar de identidades no pertenece sólo a los gurús de la India. Es una habilidad humana. Muchas ocupaciones requieren la capacidad de entrar en otras identidades. Los mejores rastreadores de animales se convierten en el animal que persiguen. Los buenos detectives se adentran en la identidad de sus presas. Los actores triunfan por su habilidad en adquirir de forma convincente otras identidades. Una madre se identifica de forma natural e instintiva con su bebé que llora. Los amantes dicen que sus corazones laten como uno solo”.




En la película “Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos”, un hombre y una mujer (una pareja) deciden borrar los recuerdos que tienen el uno del otro. La película es una metáfora sobre la rutina y la gran obsesión de meter la vida dentro de lo conocido.
Ambos se someten a una operación hecha por una máquina que les borra los recuerdos. Quedan limpios. Casi al final, el hombre dice: “Tanto tiempo perdido con alguien sólo para descubrir que es una desconocida”.







Lo nuevo es permanente. Su pureza
pasa por donde no se mancha y donde
no conoce siquiera la pureza.
Lo conocido es muerte que se esconde


apenas ve lo puro. Todo es nuevo…
Lo viejo es nada más que pura nada.
Pero nada es más viejo que lo nuevo
ni tampoco lo nuevo. La mirada,


que ve a los dos en uno, sin piedad
ni violencia navega la sorpresa
de comprobar que toda la pureza


escapa de sí misma sin edad
para fundar su mítica riqueza:
el viejo truco de la novedad.


Vita Preziosa





Cuando somos niños, la frescura del momento nos posee. A medida que vamos cayendo y decayendo por el tobogán de la rutina, esa frescura se va perdiendo.
Es difícil encontrar a un viejo con toda su frescura, como el caso de Maharaj, por ejemplo.





Si lo nuevo es permanente, quiere decir que no existe ni lo nuevo ni lo viejo. ¿Qué es este misterio al que llamas “mi esposo”? ¿Qué es este misterio al que consideras “mi mujer”?



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Extraído del libro "Gracias a la Vida", de Furia del Lago - Editorial Ananda

jueves, 10 de junio de 2010

Dar la vida




Angelo Nero – En nuestra última conversación, me decías que el amor es un darse que recibe interminablemente el don de dar. ¿Cómo se concibe algo así?
Turiya – No puedes concebirlo. Quiero decir, no es algo que puedas encerrar en un concepto. El concepto es un reducto donde pretendemos encerrar lo que se puede concebir mentalmente. Pero el amor no se puede encarcelar. Es como si el corazón quisiera atrapar al latido.
AN – Es algo que nos traspasa…
T – Sí. La persona que aparentamos ser, este organismo humano al que llamamos mujer u hombre, es como una flauta, traspasada constantemente por el viento de la música vital.
AN – Esa música vital es lo que llamamos amor.
T – Puedes llamarlo amor, si quieres. Tengamos en cuenta que todo esto no son más que conceptos. Pero bueno, para eso están los conceptos, para ir más allá de ellos. Son como escaleras, las usas para subir y una vez que estás arriba ya no las necesitas más.
AN – Quiero saber por qué no podemos amar. Da la impresión de que todos supiéramos qué es el amor, pero al mismo tiempo es imposible definirlo.
T – Eso es lo que pasa con saber. El saber siempre es algo incompleto, por definición, porque al saber estás encerrando una experiencia vital en un reducto de la memoria llamado funcionamiento conceptual. Con el amor pasa eso que tú dices, todos lo conocemos, pero al mismo tiempo lo desconocemos. Es que no podemos clasificarlo, ni manipularlo, ni hacer nada con él. Sólo podemos vibrar con su vibración. Y, de hecho, lo estamos haciendo.
AN - ¿Lo estamos haciendo? ¿Quieres decir que estamos realmente sintiendo amor?
T – Lo que digo es que estás vibrando al compás del amor. Tú no sabes cómo, pero tu corazón está latiendo. Eso es el amor. Pero no sabes quién te late el corazón. Yo te lo puedo decir, pero al decírtelo, no estoy diciendo nada: es el amor lo que hace latir tu corazón. Es la vida en su totalidad. Es el milagro del ser manifestado como conciencia de ser. Como ves, te lo digo todo y sin embargo no te digo nada.
AN – A todos nos palpita el corazón. Pero unos son criminales y otros santos. Y todos actúan con ese palpitar del corazón en sus personas.
T – Así es. El amor es la materia prima. Y así como cada uno tiene un rostro diferente, también sucede con cada uno que sus actos serán distintos. Es una sola vida expresada en miríadas de organismos, formas y objetos.
AN - ¿Eso quiere decir que cada uno hace lo que quiere?
T – Lo que quiere cada uno es tener una vida separada, lo que consigue es que la totalidad de la vida destruya esa fantasía de separación.
AN – O sea que, quiera lo que quiera y haga lo que haga, siempre mis deseos personales serán avasallados por la vida en su totalidad.
T – Por supuesto. Lo que quieres es ser alguien, vale decir, alguien separado. Puesto que no estás separado de la vida, eso que quieres será destruido a cada rato. Es inevitable.
AN – Ahora bien, tomemos el caso de una persona que te dice: quiero amar. ¿Puede hacerlo?
T – Eso es lo mismo que decir: quiero vivir. Ya estás viviendo, ¿qué más quieres?
AN – Un momento, ¿estás diciéndome entonces que ya estoy amando?
T – Es inevitable. Somos amor. El amor es la sustancia de la vida. La vida nos crea para amar a la vida. Somos un don de la vida creado para darnos.
AN - ¿Y por qué hace eso la vida?
T – Voy a decirte el secreto, pero tú ya lo sabes: la vida consiste en dar la vida.


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Extraído de "Gracias a la Vida", de Furia del Lago - Editorial Ananda

lunes, 17 de mayo de 2010

La inmensidad del amor



Angelo Nero – Tú dices que el amor es todo lo que hay. Y que si yo me considero una entidad separada de todo, entonces no puedo vivir el amor.
Turiya – Así es.
AN – Sin embargo, eso de vivir como alguien separado es lo que me hace sufrir.
T – Tú lo has dicho.
AN – Por eso es que buscamos el amor. Porque nos sentimos separados.
T – Sí, claro. Este sentido de separación te hace daño, porque al rendirle culto te sientes aislado, como si estuvieras en una isla.
AN – Si tanto me hace sufrir este sentido de separación, ¿por qué no entregarme al amor?
T – Mientras seas tú el que se entrega, no habrá entrega.
AN – Eso sí que no se comprende.
T – Tienes que entender primero por qué quieres separarte. La vida entera es una inmensidad y un misterio. El ser humano, si se quiere ver como alguien separado, se verá minúsculo, prácticamente inexistente.
AN – Sin embargo, en nosotros sentimos algo sublime.
T – Así es, minúsculos como somos, podemos percibir el milagro de la vida. Pero la vida es tan vasta y tan inclasificable, que estamos en ella, cada uno, como un insecto en un bosque sin límites. Además, el cuerpo tiene un mecanismo instintivo para asegurar su propia supervivencia: el miedo. Este mecanismo es tan invasivo que termina por ocuparlo todo. Empezamos por defender un cuerpo separado y luego defendemos una imagen de uno mismo como alguien separado.
AN – Tenemos cuerpos separados.
T – No tenemos nada. Somos conciencia que está morando en un cuerpo separado, pero somos una sola vida.
AN – Eso no es lo que dicta la educación soberana.
T – Precisamente, ahí está la raíz del asunto. Estamos acostumbrados a pensar que cada uno es una entidad separada, con voluntad autónoma. Esta separación ilusoria nos hace vivir forzadamente en un mundo ilusorio, un mundo fabricado por nuestros deseos.
AN – Es como si nuestros deseos se concentraran en reforzar esa fantasiosa separación.
T – Eso mismo. Pero al concentrar nuestra energía en esos deseos, estamos luchando contra la vida misma, que es una totalidad manifiesta. Así es como forjamos una especie de “existencia propia” (a la que llamamos “mi vida”) que está en lucha contra la vida misma.
AN – Separarse es conflicto.
T – El sentido de “yo” como alguien separado es conflicto. El yo mismo es conflicto.
AN – Pero yo soy yo. Esto es lo que piensa cada uno.
T – Ahí tienes. Tú eres tú. Eso es lo que dices. O sea, tú eres alguien definido, clasificado y separado. Nadie dice: “Yo soy vida”, por ejemplo. Lo que decimos es: yo estoy por aquí y el resto de la vida alrededor. Eso mismo es la separación. Y en esa separación estamos sumergidos. Estamos fuera del milagro. ¿Te das cuenta? La vida es milagro puro, pero nosotros queremos clasificarla, meterla dentro de una definición conceptual, limitarla a nuestro cuerpo y nuestra persona.
AN – Entonces, el “yo” es la separación.
T – El “yo” es un cúmulo de deseos. Te separas de la vida y luego le exiges a la vida que te dé lo que tú quieres. Así funciona el “yo”. Y puesto que la separación engendra conflicto y te hace sentir como alguien que está en una isla, quieres amor. ¿A qué le llamas amor? A sentir la unidad de la vida, pero separado de la vida.
AN – Eso es absurdo.
T - ¿No es así como vive el ser humano? Quiere tener amor, no quiere ser amor.
AN – Tú estableces una diferencia entre ser amor y tener amor.
T – Tener amor es una exigencia del ego, que quiere controlar a la vida. Eso, como tú dices, es algo absurdo. Pero el ego se basa en eso, en controlar. Su finalidad es la de mantener el control, porque al sentir que tiene el control, alimenta su ilusión de tener una vida propia.
AN – Pero, ¿qué sentido tiene ilusionarse con una vida propia si es nada más que una ilusión?
T – Si le buscas sentido, podrías encontrar unos cuantos argumentos. Eso es lo que hace el ego, buscarle sentido a la vida. Por cierto, sentido para quién, para sí mismo. “La vida tiene sentido para mí si soy feliz, si soy rico, si consigo amor, si esto o aquello”. Son todas condiciones que el ego le pone a la vida. Si la vida entera no reúne tales requisitos, el ego se enoja y proclama que la vida es una porquería o lo que sea.
AN – Pero tú dices que el amor es todo lo que hay. Entonces, ¿cómo se entiende que hayamos concebido el ego, el sentido de separación?
T – Eso también es amor, pero pervertido. Hagamos de cuenta que el amor es aire puro. Si te encierras en una habitación y jamás abres las puertas ni las ventanas, el aire quedará viciado y finalmente morirás asfixiado. Lo mismo pasa con el amor. Tú concentras todo el amor que te da la vida en un personaje particular: tú mismo, la imagen que tienes de ti mismo. Pones toda tu energía en sostener ese personaje. Y bueno, así te va.
AN – El personaje es obra del amor pervertido.
T – Sí, un amor tóxico, un amor suicida. Paradójicamente, el instinto de supervivencia se ha deformado tanto, que por exceso de cuidar la persona en donde mora tu conciencia, terminas por matarte.
AN – De todas maneras, yo no soy esa persona. Eso es lo que dices.
T – Claro que no eres esa persona. Es una persona imaginaria, es una entidad que finge tener autonomía, voluntad propia y el poder de hacer lo que quiere. En tales condiciones, no puedes amar, porque en cuanto quieras hacerlo, entrarás en la ilusión de hacerte daño a ti mismo.
AN – Vale decir, el amor no es personal.
T – El amor es todo lo que hay. En ese paisaje de totalidad, tú eres apenas un minúsculo granito de arena. No puedes guardar el amor en tu bolsillo. El amor es un darse que está recibiendo el don de dar interminablemente. ¿Crees que el pequeño y mezquino ego puede guardar dentro de sí la inmensidad de todo lo que hay?


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Extraído del libro "Gracias a la Vida", de Furia del Lago - Editorial Ananda
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Ilustración: "Henri Rousseau, el Aduanero", por Amalia Fernández de Córdoba
www.elmundodeviky.blogspot.com

viernes, 14 de mayo de 2010

Todo lo que hay



Angelo Nero - ¿Por qué al ser humano le cuesta tanto el amor?
Turiya – El amor no está limitado al quehacer humano ni a sus condicionamientos. Una persona limitada por sus condicionamientos personales no puede vivir en estado de amor, lo mismo que no puede poner la mano en el fuego. Si pusiera la mano en el fuego, se quemaría. Si quisiera mantenerse en estado de amor pero lo tomara como una adquisición personal, también se quemaría.
AN - ¿Qué es el amor?
T – El amor es todo lo que hay. Pero decir esto encuentra oídos sordos en quien se siente separado de todo lo que hay. Las personas, en general, están adiestradas para considerarse entidades separadas. Ellos piensan que existe “mi vida” y por otro lado “la vida”. Para vivir el amor, tienes que jugar como si estuvieras en el laboratorio de la vida. Yo te digo: el amor es todo lo que hay. Si tú estás separado de “todo lo que hay”, entonces no puedes entender de qué estoy hablando. Si no estás separado, ni siquiera necesitas que yo te lo diga, ya lo estás viviendo.



Angelo Nero – Según lo que dices, el amor es impersonal.
Turiya – No es personal ni es impersonal. Esa división es un trabajo conceptual del ser humano, que quiere catalogar todo lo que vive dentro de lo conocido. El amor es todo lo que hay, por lo tanto, está más allá de los conceptos y las categorías.
AN - ¿Por qué yo no lo siento?
T – Sí que lo sientes. ¿Acaso no te está latiendo el corazón? Bueno, ese latido es el amor.
AN – Pero la gente, cuando habla del amor, se refiere a otra cosa.
T – Eso no importa. Averigua por ti mismo qué es.


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Extraído del libro "Gracias a la Vida", de Furia del Lago - Editorial Ananda
Ilustración: "Hola, Adiós" - de Jean Pierre Lorand, pintor belga

martes, 11 de mayo de 2010

Peripecias de Fulano



(Apuntes de un diario personal)




Fulano está sentado en medio de la primavera. La totalidad de la vida se manifiesta en torno a su persona y a través de él. Por aquí vemos pájaros que revolotean en torno a las migas que ha dejado algún comensal de la plaza, de ésos que salen de la oficina a la hora de almuerzo y comen ahí mismo, entre árboles, una fuente y la gente que pasa. En torno, el sonido de los autos que pasan se mezcla con las voces no diferenciadas de la gente. Reinando por todas partes, el sol, que increíblemente está aquí mismo, acaricia las veredas y las flores, aunque muchos piensan que está lejos. Pero Fulano ignora por completo que está en medio de la primavera.



En este momento, Fulano piensa: “Tengo que conseguir un poco más de dinero, así puedo comprar un auto más nuevo, además de pagar las deudas. No sé para qué habré comprado ese televisor de última onda, pero bueno, es lo máximo. La cara que puso Pepe cuando vino de visita la última vez. Realmente, lo sorprendí. El sonido estereofónico, la pantalla grande, en fin…”



A Fulano, sin embargo, no le alcanza. Las cosas que tiene no lo colman. Quiere más. No sabe por qué, pero siempre quiere más.



Examinemos la situación. La vida se manifiesta en forma de primavera, de árboles, de pájaros, de sol, de gente que anda por la calle y de Fulano que está oscurecido por sus propios pensamientos, ahí, en la plaza, pidiéndole cosas a la vida.
Si yo fuese un ángel, me acercaría en puntas de pie a Fulano y le diría, susurrante, al oído: “La vida te da la vida, ¿qué más quieres?”
Pero Fulano no me escucharía. No está escuchando ni a la misma vida, siquiera, ¿por qué habría de escucharme a mí?



Otra cosa, Fulano, estás encerrado en una celda separada de la vida. Y esa celda eres tú mismo; mejor dicho, una imagen que te haces de ti mismo.
Es muy simple. Primero piensas: “Yo tengo mi vida”. Por lo tanto, tú estás por un lado y la vida por el otro. Luego piensas: “Para reforzar esta vida propia, necesito tales y cuales cosas, dinero, prestigio, que me den amor, que la gente reconozca mi valor, que la existencia pase lo más descansada posible, etc.”
Tienes un listado completo de peticiones. De hecho, cada vez que respiras, estás pidiéndole a la vida esto y aquello. “Tu” vida (eso que llamas “tu” vida) consiste en pedirle a la vida.



Mientras tanto, estás respirando porque la vida te respira. Y el corazón te late, porque la vida entera está latiendo para ti. Ja. Parece que vives al revés, Fulano.




Hace unos días, nos encontramos en un café. Me dijiste entonces: “Deberíamos cambiar de vida”. ¿De qué hablas? Supuestamente, nos “conocemos” desde hace años. Y hace tantísimo tiempo te vengo diciendo: “No hay nada que cambiar, la vida es lo que es, nunca será lo que quieras tú”. Pero claro, tú eres sordo, no debería olvidarlo.



Cada vez que le pides algo a la vida, te imaginas que eres algo distinto de la vida, una entidad separada, autónoma, con vida propia, con voluntad independiente.
Tú no eres eso, Fulano, te imaginas que eres eso.


Ahora pasa una nube y está ocultando un poco del sol. Pero ni te has dado cuenta, Fulano. Estás pensando en que tu mujer te abandonó. Y es la segunda que te abandona.
“La vida me está queriendo decir algo”, admitiste aquella vez, cuando tu (segunda) mujer se tomó el tren y no volvió. Claro que sí, pero la vida no sólo habla castellano. Tiene un lenguaje más amplio, imaginativo y perfecto: lo inevitable.


En ese lenguaje, la vida te explica con toda claridad: tú crees que eres alguien separado de la vida. No es así. Eso es pura ilusión.
Te la pasas pidiéndole a la vida, exigiéndole que te dé felicidad, dinero, seguridad, amigos, prestigio, y quién sabe cuántas cosas más. Ese quehacer absurdo, el de exigirle a la vida, te hace creer que estás separado de ella.



Peor aún: te hace creer que eres alguien. Alguien con vida propia, alguien con voluntad autónoma, alguien distinto de la vida.


Tu verdadero problema, Fulano, es que tú consideras que la vida es un problema y que la vida debe darte soluciones.


Claro, la raíz de tu conflicto es que quieres ser distinto de la vida. Pero eres vida, no algo distinto. Eres la vida misma, un misterio.



Ya te lo he dicho mil doscientas cuarenta y siete veces, Fulano. La vida no es un problema, es un misterio. Pero cuando te lo digo, tú piensas: “Esta tipa me trae más problemas. ¿Qué es eso de que la vida es un misterio?”


Claro, si la vida es un insondable misterio, tú no puedes controlarla. No sabes a dónde vas, no sabes lo que estás haciendo. Este asunto de no saber te pone loco. ¿Qué problema tienes con no saber? ¿Por qué deberías alterarte?


Mira, ahí pasa una mujer embarazada. Ella ni sabe qué es todo esto. Lleva una nena en la panza, o un varón, quién sabe. Nadie sabe nada, Fulano.


Si la vida es un misterio, eso es lo que tú eres. Eres el misterio de la vida. ¿A quién le importan tus deseos?


“Tú te mereces algo mejor”, susurró la serpiente en tu oído. Le creíste y ahora estás fuera del Paraíso.
Deseando.
Deseando el Paraíso, claro.


Así que tú tienes una vida propia, eres alguien autónomo y estás luchando con toda “tu” voluntad para que la vida, de una vez por todas, te dé todo lo que vienes pidiéndole.
Esa es tu ilusión. La de ser alguien separado. Y para ser alguien separado, le exiges a la vida. Te has olvidado por completo de que tú mismo eres vida.


El “ego” consiste en eso. Es un cúmulo de exigencias que le hacemos a la vida. Si te quedas sin exigencias, te quedas sin ego. Y cuando te quedas sin el ego, entonces ya no tienes una vida particular y distinta. Mejor dicho, ya no tienes vida: eres vida.
Si el ego se disolviera, descubrirías por ti mismo lo que eres. Esto no quiere decir que “sabrás” lo que eres. No se trata de saber ni de ignorar. Sencillamente, eres lo que eres. Eso está aquí mismo, ahora. Está por debajo de todas esas capas de exigencias que le haces a la vida. Tú eres eso.


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Extraído del libro "Gracias a la Vida", de Furia del Lago - Editorial Ananda


Foto: Plaza Francia, barrio de Recoleta, Buenos Aires

domingo, 9 de mayo de 2010

La Vida es la Maestra



(Apuntes de un diario personal)



El gran drama del ser humano, la raíz de todo sufrimiento, es la pretensión que alientan todos y cada uno de tener una vida propia.


¿Quién es esa persona que pretende entronarse como juez de la vida? Jamás nos hacemos una pregunta como ésa. No figura en nuestro código cultural.
Si nos formuláramos meramente el interrogante, no tardaríamos en descubrir que la vida es como es. ¿Acaso alguna vez se amoldó al deseo de cada uno?



La vida no es personal, aunque se manifieste a través de una persona. De hecho, no hay nada personal. La persona es un invento de la imaginación humana. En ninguna parte existe algo así como una persona, es apenas una construcción conceptual.



Todos nosotros, los seres humanos, estamos educados para vivir haciendo centro en esto que llamamos “yo”. ¿Y qué es el “yo”? Es el cúmulo de nuestras exigencias.
Ridículamente, cada uno centraliza su quehacer en limitar la infinita totalidad de la vida en “sus” exigencias hacia esa totalidad.


El ego le pide a la vida: “Dame, dame, dame”. Y la vida te da la vida. ¿Qué más quieres?



La vida es el arte de dar la vida. Puedes comprobarlo a simple vista. Y en eso consiste estar aquí. Tú también estás dando la vida.



En cuanto se pronuncia la posibilidad de “dar la vida”, se nos ponen los pelos de punta.
“¿Qué es eso de dar la vida? Yo no quiero dar nada”, se queja Juan Vecino.
Pero Juan Vecino es tan sólo una construcción imaginaria. La vida inventa todas estas construcciones imaginarias, llamadas “personas”, por pura definición. Ya queda dicho: la vida es dar la vida.



Sin embargo, Juancito cree que él está en condiciones de imponer condiciones. Vaya pretensión. “La vida me da poco”, dice a veces. “Esta vida es un infierno”, dice otras. “No sé por qué me falta suerte”, suele quejarse a menudo.
No sólo Juan. Todos estamos entrenados para exigirle a la vida. Es tremendamente absurdo, pero es así.



Hay excepciones, claro. Hay quienes, en algún momento, se detienen y piensan: “La vida me da todo”. O acaso vayan más allá y digan: “La vida consiste en darlo todo”.
Nótese que no dicen: “Mi” Vida, sino “La” Vida.


La vida lo da todo. El que no da todo, queda separado de ella.


Convertir la vida en “mi” vida. Esa es la desgracia del ser humano. Querer una vida separada. Además de absurdo, es la raíz de todo sufrimiento.


La vida te da su gracia. Cuando le das gracias a la vida, por su gracia, eso es amor.


No hay otro amor, sino el amor de la vida por la vida. Todo lo demás son apegos y rechazos personales, exigencias absurdas de quien exige vida y no quiere darla.


El amor es la vida que le da gracias a la vida.


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Extraído del libro "Gracias a la Vida", de Furia del Lago - Editorial Ananda

jueves, 6 de mayo de 2010

Otro sueño




(Apuntes de un diario personal)



No saber es la apertura de mi mente a lo que la mente no puede conocer. ¡Qué alivio, qué profunda liberación!
Cuando no sabe uno quién es, se produce una apertura, se abre una grieta en la estructura de la mente. En ese momento, la mente no está ya presa en la última definición de la propia identidad, o en la batalla entre la última definición y la definición habitual. En ese momento hay silencio. No surge ninguna definición ni el estar de acuerdo o en desacuerdo con ella. Hay solamente silencio.
Y Papaji dijo: “Eso es exactamente quien eres”.

Gangaji




Sólo el silencio puede revelar
la magia del silencio. Te lo nombro
para que así te dejes deslumbrar,
como yo, por la llama de su asombro.


Es esta llama que consume al mundo,
creado y devorado por su boca,
lo que revela ese lugar profundo
donde eres la luz que el ser provoca.


Y es en esta presencia de la hoguera
donde a la vez descubres que eres fuego
y eres leña: mentira verdadera.


Es aquí donde juegas todo el juego:
el silencio te incendia de tal modo
que a la vez siendo nada lo eres todo.

Vita Preziosa





Para no escuchar el silencio que eres, te inventas una persona. Y luego andas diciendo y repitiendo por todas partes: “Yo soy yo”.



Te digo que eso que llamas “yo” es un sueño. Sueñas que me escuchas. De pronto despiertas y dices: “ah, todo esto es un sueño”. Si todo esto es un sueño, hay alguien dentro del sueño que está soñando su despertar.
La vieja pregunta: ¿Quién sueña y quién despierta?
Mejor dicho: ¿Quién eres?




Lo que nació debe morir. Solamente lo que no nació es inmortal. Encuentre qué es lo que nunca duerme y nunca se despierta, y cuyo pálido reflejo es el sentido del “yo”.

Nissargadatta Maharaj






¿Qué es eso que nunca duerme y nunca despierta? Es el vasto silencio que, sin principio ni fin, anuncia: Yo Soy Lo Que Es.




Dice Wei Wu Wei: “La comprensión esencial es que en realidad nada es. Esto es tan obvio que no se percibe”.
Si nada es, entonces yo (esta supuesta entidad personal que llamo “yo”) no puedo percibirlo, porque cultivo la superstición de ser alguien o algo.
Sólo cuando descubres que eres nada estás en condiciones de percibir que nada es.



Sueñas que eres una reina. Todo se desarrolla en el sueño con la normalidad cortesana de los reinados. Tus súbditos viven nada más que para rendirte pleitesía. Y quienes se atrevan a no agachar la cabeza, la perderán en la guillotina. Esto sigue así durante un tiempo que parece muy largo hasta que, de pronto, despiertas.
Y bien, no eres una reina. Al despertar, la reina ha muerto.


La metáfora del despertar se ha utilizado con mucha frecuencia. El problema es que muchos creen que si despiertan seguirán siendo la misma persona. Es decir, una misma persona pero ahora “despierta”.
No es así. Cuando despiertas, dejas de ser una reina y dejas de ser una persona. Te quedas sin esa creencia del ego, la de ser una persona separada con autonomía y vida propia. Ahora te descubres como conciencia absoluta.
Otra cosa: no te has convertido en conciencia absoluta. Siempre lo has sido, sólo que, en tu sueño, creías que eras una reina.



Angelo Nero – Bueno, entonces todo esto es fácil. Sólo tengo que rechazar todo lo que no soy.
Turiya - ¿Quién rechaza?
AN – O quizá tengo que aceptar todo lo que soy.
T - ¿Quién acepta?
AN - ¿Quieres decir que no puedo hacer nada?
T – Si te empeñas en hacer nada, será siempre un sueño el que lo haga. Todo lo que hagas dentro del sueño será más sueño.
AN – Pero si lo veo como sueño, entonces estoy despierto.
T – Sí, claro. Dentro del sueño.
AN- ¿Por qué dices eso? Si despierto, entonces ya no estoy en el sueño.
T- Si tú eres un sueño, como ya hemos visto, hasta tu despertar será un sueño.
AN - ¿Estás diciendo que yo soy el sueño?
T – Exacto.
AN - ¿Eso quiere decir que no tengo escapatoria?
T - ¿Quién necesita escapar de qué?


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Extraído del libro "Gracias a la Vida", de Furia del Lago - Editorial Ananda

martes, 4 de mayo de 2010

¿Quién puede verlo?



(Apuntes de un diario personal)




Toda identidad es la cárcel imaginaria de alguien imaginario.


El ser es nada. ¿Quién puede comprenderlo? El ser es todo. ¿Quién puede verlo?


El vacío es la parte sutil de la forma y la forma es la parte densa del vacío.


Todo y nada son las dos caras del único infinito.


El silencio expulsa de sí todo control. Cuando quieres controlar, finges que tú eres quien actúa. Cuando descubres que tú no estás controlando nada, desapareces y aparece el silencio. Entonces se pone en evidencia que no hay nadie que actúe, que todo lo hace el silencio. ¿Por qué has desaparecido? Porque sólo el silencio puede revelar al silencio.


El silencio no está vacío ni está lleno. Es lo que es. No importa si asume una forma o ninguna.


Puedes llamarlo silencio o puedes llamarlo infinito. ¿Quién puede verlo?


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Extraído del libro "Gracias a la Vida", de Furia del Lago - Editorial Ananda

domingo, 2 de mayo de 2010

El Amigo Imaginario



(Apuntes de un diario personal)




Seguramente, conoces el caso de esos niños que hablan en voz alta con su “amigo invisible”. Son los que llevan al extremo la locura social.
Pero, en realidad, cada uno de nosotros ha sido entrenado para conversar con su amigo imaginario.
A medida que va creciendo, un niño ve que sus padres hablan y hablan para mantenerse dentro de lo conocido.
El niño ignora, por cierto, que están haciendo eso, machacar lo conocido. Simplemente lo repite. Y así descubre que ese diálogo externo que mantienen los adultos es una copia del diálogo interno. Sin darse cuenta, los imita; y en poco tiempo termina él también por conversar con su amigo invisible.


¿Por qué el niño que habla en voz alta con su amigo invisible es tildado de loco? Porque los adultos no toleran que muestre las llagas de la sociedad. Si quieres hablar con tu amigo imaginario está bien, pero sólo si no lo haces en voz alta. Pero cuando andas por ahí, hablando con alguien invisible en voz alta, entonces queda en descubierto que estás hablando contigo mismo.


Pese a todos los disfraces, los seres humanos vivimos en una sociedad de locos, en donde cada cual habla con un amigo invisible.


Un niño recién nacido es puro ser. No está limitado por nada, ignora todo y por lo tanto está en estado de ser sin definiciones. A medida que va creciendo, descubre que está ligado a otras personas. Sus padres, los adultos, los amigos. Todo está organizado para tapar esa soledad primordial.


Cuando va creciendo, una persona se forma una personalidad. A eso se le llama “yo”.
¿Qué es ese “yo”? Un amigo imaginario. Alguien que va contigo a todas partes, conversando contigo. Así que tú eres el amigo imaginario de tu amigo imaginario.


“Pero si yo no hablo conmigo mismo, entonces me quedo solo”, dice alguien por ahí.
No existe la soledad, lo mismo que no existe la compañía. Son dos inventos humanos. La dependencia de los demás en montones de quehaceres nos hace creer que estamos en compañía. No es así. Lo que llamamos “compañía” son personas con quienes reforzamos lo conocido.
Por eso, cuando te juntas con alguien, ambos conversan. No pueden quedar callados.


El amigo imaginario es un gran inventor. Su principal invento es lo conocido. Ocurre algo y lo convierte en una experiencia. Su experiencia, por cierto. “Esta experiencia me pertenece, puesto que le ha sucedido a mi persona y no a la tuya”. Entonces elabora con su imaginación los datos de la experiencia, los transforma en palabras y luego está en condiciones de contársela a las otras personas.
Cuando hablamos con otros, lo que hacemos es sacar el amigo invisible de adentro y ponerlo afuera. Se lo estamos contando al amigo visible. De esta manera, lo que ha inventado nuestro amigo imaginario es una separación entre tú y yo.


¿Existe esa separación? Si se lo preguntas a tu amigo invisible te dirá que sí. Pero si desaparece el amigo imaginario, ¿quién está separado de qué?


Pues bien, aquí tenemos entonces toda la locura. Inventas un amigo imaginario. Y al hacerlo, inventas al mundo. El pecado original: la separación.
Cuando Adán y Eva se vieron desnudos, sintieron vergüenza. ¿De qué? Se sintieron separados. Por eso les dio vergüenza. Esto no es un mero cuento religioso, es lo que estamos viendo. Por eso es que los seres humanos somos los únicos mamíferos del planeta que andamos vestidos. Porque a toda costa queremos mantenernos separados unos de otros.


Tu amigo imaginario te mantiene separado del mundo. Esto significa que tú tienes una voluntad y el mundo tiene otra voluntad. A la voluntad del mundo la llamas “destino”.
Entonces, luchas contra el destino, puesto que jamás el mundo habrá de conceder lo que alguien separado le pide. Piensa en una hormiga que pretende vivir en forma de hormiga quinientos años (o eternamente) y que jamás tenga ninguna dificultad, ni problema, ni adversidad. Bueno, así es como te hace vivir tu amigo imaginario.


Al niño le inculcan lo conocido y se lo machacan a fuerza de convivir con los adultos. Por supuesto, el niño quiere parecerse a sus padres, así que aprende las lecciones de lo conocido. Pero un día sale al patio de su casa y descubre una flor. Queda extasiado con la flor. Le han dicho su nombre (violeta de los Alpes), pero lo ha olvidado por completo. Lo único que ve el niño es un milagro. Pero nadie le ha dicho nada sobre milagros, así que no entra ningún concepto tal como ése dentro de su cabecita. Y el niño mira en torno y ve todo iluminado. El jardín entero, ese pequeño escarabajo que trepa por el tallo de un jazmín, la tierra húmeda, una piedra por acá, una ramita por allá. De pronto aparece algo extraño, volátil, imprevisible, que le ronda cerca de los ojos de aquí para allá.
“Mamá”, dice el niño con los ojos tremendamente abiertos, mientras señala con el dedo índice hacia la aparición. La madre, que está sentada en un costado del jardín, deja la taza de té sobre la mesa y mira.
“Es una mariposa”, le dice al niño. “Mariposa. Ma-ri-po-sa”. Va marcando las sílabas para que el niño aprenda. Y el niño quizá diga “posa”, o algo por el estilo. Pero ya aprenderá a decir mariposa. Mientras tanto, el asombro infinito de haber visto aquella mariposa se pierde bajo la costumbre social de aprender un lenguaje que, tarde o temprano, el niño habrá de domesticar en las conversaciones que sostenga con su amigo imaginario hasta quedar domesticado por él.


Un día vas a la playa y descubres que el mar es inmenso. La simpleza del descubrimiento te avasalla. De repente desaparece tu amigo invisible y quedas ahí, en soledad y comunión con el mar, con el mundo, con todo y con nada. Es un pequeño satori.
Sencillamente, descubres que no hay separación. Que el ser es la comunión de todo y nada.
Pero no dura mucho. En poco rato, el amigo imaginario se presentará en tu cabecita domesticada para poner un poco de orden en tanto caos.


Las cosas se presentan de tal modo porque el amigo invisible ha inventado todo esto. Es el organizador de lo conocido. Y no sólo eso, es el controlador de todo. Ja.


Repasemos.
Eres conciencia que se manifiesta a través de una personita, el niño que eres. Ese niño conoce otras personas y eso lo hace descubrirse como persona. Al aparecer el otro, aparece el yo.
Siguiendo los pasos de esas personas adultas, el niño aprende la principal manía de todas ellas: la de sentirse como entidades separadas.
¿Cómo lo haces?
Hablando con tu amigo imaginario.
Este amigo imaginario te organiza el mundo entero y toma el control de lo que llama “tu vida”.


Esto de tener un amigo imaginario te garantiza locura sin fin. Si estás separado de todo, entonces no hay posibilidad de vivir en este mundo. Vives en una isla. A-islado. Cada cosa que haces te separa de todo. Te conviertes en una amputación de la vida. En un desgarro de la existencia.


De manera tal que el famoso Valle de Lágrimas no es más que un invento. Y es un invento de tu amigo imaginario. Míralo: tú crees que tienes una vida separada y tu vecino cree que tiene una vida separada, los millones de mujeres y hombres que habitan el planeta suponen que tienen vidas separadas. Por supuesto, en este ambiente, mi vida es más importante que la tuya. Ja. Eso quiere decir que yo voy a luchar para que el mundo entero me dé lo que pretendo. Y tú lucharás para conseguir que el mundo te satisfaga. Y así terminamos unos contra otros, todos en una guerra completamente imaginaria.


Alguno más despabilado, descubre en algún momento el truco y decide ir a ver a un gurú. Según dicen, el gurú se ha librado de toda esa locura imaginaria y vive en la “realidad”.
Va entonces a la casa del gurú y éste le dice: “No te preocupes más por eso. Tú no eres una persona separada. Tú eres Dios”.
Genial. Ahora sí que tienes tema de conversación con tu amigo imaginario…
“Es lo que siempre te dije: que yo soy Dios”, machaca tu amigo invisible. Y la locura sigue.


Te toma unos seis años descubrir que los Reyes Magos no existen. Te toma muchos más años descubrir que Dios no existe. Pero es probable que te tome toda la vida descubrir que tú no existes.

Macario Ninguém




Entonces aparece David Carse y te dice: “No hay nadie en casa”. Vale decir, está todo vacío. Por lo tanto tu amigo imaginario no existe. Y puesto que tú eres tu amigo imaginario, tú no existes.



Muchos dicen que Carse está iluminado, pero él mismo aclara que no existe tal cosa como la iluminación, puesto que no existe nadie que pueda experimentarla. Sencillamente, no hay nadie en casa.



Claro está, tampoco existe “nadie” que soporte a Carse. El tipo lo sabe y no se dedica a enseñar nada. Después de todo, lo que los oscuros llaman “la iluminación” es eso: descubrir que no existe el amigo invisible.


Observa bien esto. Si no existe el amigo imaginario, tampoco existe el mundo, puesto que el mundo es un invento del ego (el amigo imaginario) para establecer una separación ilusoria entre el mundo y yo.


Si no existe el mundo, nada existe.
Y es así.
Escuchemos a Wei Wu Wei: “La comprensión esencial es que en realidad nada es. Esto es tan obvio que no se percibe”.
Por supuesto que no se percibe. ¿Quién podría percibirlo? No existe quién lo pueda hacer.



Parafraseando a Khyungpo Naljyor, somos unos ilusos que “realizamos ilusoriamente prácticas ilusorias, a fin de alcanzar una iluminación ilusoria, y liberar a todos los seres ilusorios de sus ilusorios sufrimientos”.


Con ego, se aprende a los golpes. Sin ego, no hay nadie que necesite aprender.


Todo esto yo se lo he contado a mi amigo imaginario. Pero abro la cabeza y te lo muestro a ti.
Ni tú ni yo existimos.
En este lugar donde no existimos, es posible compartir la visión única.


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Extraído del libro "Gracias a la Vida", de Furia del Lago - Editorial Ananda