Mostrando las entradas con la etiqueta Vivir por Vivir. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Vivir por Vivir. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de marzo de 2010

Sin interpretación


¿Cómo se vería el sol desde la tierra si la tierra girase alrededor del sol? Exactamente así como se ve, ¿no? Sin embargo, la humanidad pensó por milenios que la cosa era al revés. Me pregunto por qué la vida desde el punto de vista personal se ve separada de la vida en su totalidad. Es otro problema de interpretación, evidentemente, así como lo fue la idea de que el sol gira alrededor de la tierra. De dónde vendrá esa manía de andar interpretando... de dar todo por cierto.
Todo en la vida nos está demostrando nuestra nadidad; sin embargo, interpretamos un mundo en el que nuestro personaje es eterno, incluso después de la muerte... Las religiones del mundo, los grandes paladines de la interpretación así nos lo enseñaron y la humanidad entera accedió a esa interpretación.
Vivir sin interpretación es como andar desnudo. Es que la vida, en sí, anda desnuda, no se oculta, se muestra. Ocultar lo que creemos que somos nos impide ver lo que en verdad somos. La sociedad nos dice cómo debemos ser, y nosotros sabemos que no somos eso y así nos perdemos a nosotros mismos en el disimulo. Creemos ser eso que estamos simulando y nos perdemos ver cómo realmente somos. ¿Cómo será ser sin disimulos? Exactamente así como es, ¿no? Lo que es no precisa recordar lo que es.

Macario Ninguém


------------------------------------------------------------------------


Este texto de Macario Ninguém está incluido en el libro "Vivir por Vivir" de Vita Preziosa - Editorial Ananda

viernes, 5 de febrero de 2010

Con otro Microscopio


Se habla con frecuencia del “sentido de la vida” o cosas por el estilo, sin que se ponga en cuestión lo que significa. Si escuchamos una partita para violín de Bach, ¿qué sentido tiene? Ninguno. Una puesta de sol, el trino de un pájaro, una nube en forma de conejo, ¿qué sentido tienen? Un hombre regocija su mirada en la belleza de una mujer que pasa, ¿qué sentido tiene? Vemos entonces que la falta de sentido, en rigor, aparece porque alguien mencionó un concepto tal como “el sentido de la vida”. Tanto el sentido como la falta de sentido son inventos humanos, que a la vida no le atañen en lo más mínimo.
Estás acostumbrado a vivir en un mundo al que pretendes darle sentido y que se atiene a las leyes de la lógica. Haces esto o aquello porque hacerlo es un beneficio o te produce placer. Descubrimos entonces que el mundo gira en torno a tu persona. A partir de ahí decimos que las cosas pueden tener “sentido”.
Si el mundo gira en torno a tu persona, resulta lógico que quieras sacarle provecho. Entonces tienes una abultada cuenta en el banco y eso sí que tiene sentido. Lo más importante de todo eres tú y el mundo es nada más que un montón de satélites que andan en órbita en torno a tus deseos y caprichos. Pese a todo, es difícil admitir que quieres convertir a la vida en un satélite para satisfacer tu capricho, porque admitirlo sería lo mismo que reconocer tu locura. Admitirías que estás embarcado en un delirio que consiste en suponer que la vida está hecha para tu satisfacción personal. ¿Qué es lo que haces, entonces? Lo disfrazas con la lógica y lo acomodas a las costumbres que practican los demás. Después de todo, son ellos los que han inventado esa manera de vivir. Cuando tú viniste al mundo, ya el mundo era egocéntrico. Tú no hiciste más que subirte a la calesita en donde todos los demás estaban dando vueltas.


Según la lógica humana, el mundo debe tener un sentido. Por supuesto, a la vida le interesa un comino tu lógica. Esa pretensión de tu parte no es más que una manipulación del ego. Cuando alguien te muestra eso, dices: “Ah, entonces la vida no tiene sentido”. Pero tampoco es así.
Ni la vida tiene sentido ni carece de sentido. La vida es lo que es. Puedes explicarla, describirla, tratar de entenderla, buscarle la lógica o exigirle que te dé lo que quieras, pero todas esas maniobras no afectarán en lo más mínimo a la vida. No hay nada que puedas hacer con ella. La vida funciona través de ti. Tú no puedes manipularla.


Si examinamos esto con otro microscopio, veremos que el lenguaje puede hacernos caer en un embrollo: hablamos de la vida por un lado y de tu persona por el otro, como si fueran dos entidades separadas. Se supone que tú eres vida. Entonces, ¿por qué separarlas? A causa de simples costumbres y hábitos sociales, hablamos de “la vida” y de “mi vida”. Pero cuando examinamos la cuestión del “sentido de la vida” descubrimos que sólo se trata de un ansia personal, de algo que pretende una persona en especial, alguien que quiere darle sentido a lo que está haciendo. No se tarda en descubrir que la vida no responde a esas exigencias personales. Ni tiene sentido ni deja de tenerlo. Son todos delirios del ser humano.




Pero, entonces, ¿qué es esto que llamo “mi vida”? Es tan misterioso como la vida misma. No podemos encerrar el océano en un vaso ni la vida en una lógica humana.
De hecho, no existe tal cosa como “mi vida”. Usemos esta analogía: eres una gota de agua. Tu paso por el mundo de la forma es efímero: una ola choca contra las rocas de la orilla, saltan millones de gotas por el aire, tú eres una de esas gotas, una minúscula gota que flota en el aire por un momento y luego vuelve a caer en el océano. Ese momento en el que bailas por el aire es lo que tú llamas “mi vida”. Es apenas un rato que va desde tu nacimiento hasta tu muerte personal. Por cuestiones de mera deformación de las costumbres humanas, te han educado para que pienses que no eres agua, sino una gota separada del agua. Te han educado para que te ilusiones con el pensamiento de que tienes una vida propia. No es así. No tienes una vida propia. Ahora bien, no “tienes” una vida sencillamente porque “eres” vida. Pareces una gota, pero eres el océano.



El más importante descubrimiento del ser humano, no sólo en el Siglo XXI sino en todas las épocas, es que no somos personas, sino que somos vida que está viviendo transitoriamente en personas. De todas maneras, aunque es un descubrimiento que está al alcance de cualquiera, son muy pocos los que han llegado hasta ese nuevo mundo.
El principal impedimento que tenemos para llegar al gran descubrimiento del hombre es la creencia. Casi todos creen que son personas.


___________________________________________

Extraído de "Vivir por vivir" de Vita Preziosa - Editorial Ananda

miércoles, 3 de febrero de 2010

Sin palabras



Todos estamos aquí sólo por un instante, suelen decir los médicos al dar malas noticias. Es una manera quizá cómoda y rutinaria de transmitir el fin del mundo o algo por el estilo, pero quizá se pierden alguna revelación, como pedagogos (o como estudiantes), al no usar el refrán cuando tienen que dar buenas noticias. Hacer algo así podría llevar a preguntarnos de pronto: "¿Es buena o es mala esa noticia, la de que estamos sólo por un instante?"
Cuando logras ir más allá del bien o del mal te ocurre que ya no puedes embarcarte en ninguna aventura prefabricada. Aquí tengo un ejemplo: "Una imagen vale más que mil palabras", dice alguien. ¿Cómo lo ha dicho? Con palabras. Hay algunas imágenes que son visuales, pero están las otras, las que son verbales. Cuando se transmite una sensación, valen los ojos. Cuando se transmiten ideas, las palabras. Y si quieres transmitir emoción, ahí tienes la música.
Las palabras no tienen nada de malo ni de bueno. Es como el asunto ese de las noticias: son neutras. El mal y el bien están anclados en tu deseo, no son más que prejuicios.
Acaso lo que trato de decirte es que las frases hechas son una estafa. Pero no conviene que la tomes como refrán ni mandamiento. Veámoslo de otro modo. Alguien está diciéndote algo y yo quiero avisarte: "Ten cuidado, que está queriendo estafarte". Pero, ¿tengo alguna manera de avisarte que no sea con palabras? Puede ser, quizá, con algún gesto dramático.
Veamos esta foto. Tal como pretendía el refrán, vale más que mil palabras, pero podemos acudir a nuestra capacidad de examen. En la foto se puede ver a un hombre muerto, tirado en la calle. Quizá esta foto te diga muchas cosas, pero yo sólo quiero decirte una: "Así como este hombre ha muerto, tú también morirás". Cuando uno ve un cadáver está viendo su propio cadáver, ha dicho el poeta. Si es así, no sería necesario decirlo. ¿Para qué lo menciona? El poeta sabe que apenas tengas la impresión de estar viendo tu propio cadáver suprimirás la imagen. Y entonces, abre los cerrojos de la supresión, rompe los candados del miedo y te dice: "Todos estamos aquí sólo por un instante". Ya ves, nos hallamos otra vez como al principio. Lo mismo que el instante. Y eso era, se me ocurre, lo que tanto buscaba decirte mi predicamento: cuando hablamos de un instante hablamos de todos, puesto que no hay más de uno. Le buscas fin y encuentras su comienzo. Y en cuanto quieres establecerte ahí, en su principio, descubres que es su final. Su cualidad, entonces, está más allá del nacimiento y de la muerte. El instante nace y muere ahora mismo. Así son las cosas, razón aparte.
Esto quiere decir que hay un mundo único y que todos los mundos están vertidos en ese único. La palabra "universo" significa vertido en el único. ¿Cómo hago para sacar una foto del único y mostrártela? Bueno, aquí contamos con el instante. Tan sólo tienes que despertar a su cualidad y verlo conmigo. Por eso, el oscuro Heráclito decía: "Los que duermen, habitan en mundos separados; los que están despiertos, en el mismo". Y una vez que estamos contemplando esa fotografía en donde yo y el mundo somos un solo mundo, ya no hacen falta más las palabras.


_________________________________________________


Extraído de "Vivir por vivir" de Vita Preziosa - Editorial Ananda