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domingo, 18 de septiembre de 2011

Vivir sin Ilusiones





Meditación es el arte de vivir sin ilusiones.



Para vivir sin ilusiones, es necesario dejar de ser una fábrica de ilusiones.



¿Por qué la vida se convierte para cada uno en una fábrica de ilusiones? Porque cada uno cree que la vida es “su” vida. Vale decir, la ilusión más difundida entre los seres humanos es la creencia de que cada persona tiene una vida propia.



Por pura evidencia: no tienes una vida; eres vida.




Cuando imaginas que tienes una vida, te dejas llevar con facilidad por el delirio de controlar eso que llamas “tu vida”. Como si fueras el artífice que te hace latir el corazón o que le da respiración a tus pulmones.



No se puede fabricar meditación. Para vivir en el país de la meditación, hay que mandar a la bancarrota a la fábrica de ilusiones (el ego).





La fábrica de ilusiones es nada más que el compendio de todos los vicios. La meditación adviene, simplemente, cuando se abandona el vicio de fabricar ilusiones. Cuando se abandona el ego.



La meditación rechaza todo lo que nace y así se asegura de rechazar todo lo que muere.




La meditación es el disolvente de toda idea. Por eso, no puedes hacerte una idea de ella.




¿Puedes prestar atención a la atención que me estás prestando? Eso es meditación.

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Extraído del libro "El Arte de Ser Natural", de Furia del Lago - Editorial Ananda

martes, 21 de junio de 2011

Un Rato


Si la máquina de razonar

se detiene por un rato,

ese rato es eterno.

Entonces se comprende

que la comprensión

es un nudo en el río,

un simple

remolino de agua

que quiere creerse

distinto del río,

del agua y de sí mismo.


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Extraído del libro "El Arte de Ser Natural", de Furia del Lago - Editorial Ananda

miércoles, 16 de marzo de 2011

Que la Inocencia te Valga





Mientras sigas los dictados de la moda y de la aprobación social, estás tratando de aposentar al latido en tu corazón, que es como querer encerrar al océano en una gota. Si dejas, en cambio, que tu corazón sea el que se aposente en el latido, navegarás por el océano sin orillas de la vida.









¿Puedes tú estar presente? Si quieres hacerlo, descubrirás que de pronto surgen montones de conflictos y que todos esos conflictos, chocando unos con otros, te impiden estar presente.
¿Por qué ocurre esto? Sencillamente porque quieres tener una voluntad personal que haga las cosas. En este caso, lo que quiere hacer esa supuesta voluntad autónoma es “estar presente”. Pero el presente no es personal. El latido no pertenece a ningún corazón. Es impersonal.





Forzar la meditación es como domar a latigazos a un caballo salvaje. El asunto es que la meditación no es un bicho que deba ser controlado. La meditación es el florecimiento del ser, es una revelación sencilla: la fuente de la vida está en nosotros y en todas partes.










Si te sientas a meditar descubres que hay un niño malcriado dentro de ti que quiere controlar la situación. El problema es que a ese niño malcriado lo llamas “yo”. Y crees que eres tú.
¿Por qué lo llamamos niño malcriado? Sencillamente, es alguien que quiere imponer su voluntad.
Imagínate un corazón que quiera imponerle al latido lo que debe hacer.






El niño malcriado no puede meditar. Sencillamente, es el enemigo supremo de la meditación. ¿Por qué? Porque meditar significa que entregas tu corazón al latido supremo de la vida.
En cambio, el niño malcriado pretende manejar el latido de la vida a su antojo. Pretende manipular la vida. Es increíble, pero es así.





El niño inocente sí puede meditar. ¿Recuerdas a ese niño? Es el que vivía en éxtasis cuando no necesitaba conseguir nada en la vida, porque todo era milagro y dicha. Pero después fue desplazado por el otro, por el niño malcriado, el que pretende manipular a la existencia.





La meditación palpita en el corazón inocente. Pero el corazón plagado de exigencias y deseos personales no puede recordarla.


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Extraído del libro "El Arte de Ser Natural", de Furia del Lago - Editorial Ananda

sábado, 12 de marzo de 2011

El Nudo Gordiano de las Creencias




Alguien está de visita en la casa de Gurú Sánchez. Al parecer, anda con ánimo belicoso, porque en un momento dado se pone a cuestionar las creencias de Sánchez y pretende acusarlo de no creer en Dios. Luego de un rato, el visitante le pregunta, con un tono bastante áspero, si cree en Dios. En lugar de responderle si cree o no cree, Gurú Sánchez levanta la mano y dice:
- ¿Ves lo que estoy haciendo? Muevo la mano de un lado para el otro, ¿no es así?
El otro responde que sí con la cabeza y Gurú Sánchez, de inmediato, sigue con su explicación.
- Sin embargo, yo no estoy moviendo la mano, lo mismo que yo no estoy latiendo mi corazón ni tú puedes hacer nada para que tu corazón palpite o no palpite. Toda esa conversación acerca de hago o no hago, de creo o no creo, de piensas o no piensas, es puro ruido en medio de la nada, es como lluvia cayendo en el océano. Tú no haces nada y yo no hago nada. En todo caso, tú dices que hay una inteligencia, la llamas divina y luego le adjudicas una personalidad a esa inteligencia, a la que puedes llamar Dios o como se te plazca. Pero, en realidad, no podrías pensar en todo eso ni hacer nada de nada si esa misma inteligencia absoluta no estuviera dándote vida. Así que tú crees en Dios porque eso que llamas Dios te está permitiendo creer. Y Fulano quizá no crea, pero es por la misma causa, porque eso que tú llamas Dios se lo permite. Pero lo tuyo es nada más que una idea. Tienes la idea de Dios y pretendes que otros se adapten a tu idea. Cuando yo moví la mano, tú creíste que yo estaba moviendo la mano, hasta que te hice ver que yo no puedo hacer nada sin el permiso de esa totalidad que me está dando vida. En otras palabras: cuando moví la mano, tú me estabas viendo a mí moviendo la mano, y no veías al Dios que me estaba moviendo la mano. Me veías a mí y no veías a Dios. Y sin embargo, dices que crees en Dios.
El interlocutor queda callado, sin poder siquiera parpadear.
Lito Picapiedra, que está presenciando la charla, interviene para decir:
- Mientras yo crea que soy alguien separado y que ustedes son también personas separadas, es imposible ver lo evidente.
- Así es, mientras yo creo que existe alguien llamado “yo”, no puedo ver lo evidente.
Luego de esta observación de Sánchez, todos quedamos en silencio por un rato largo...


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Extraído del libro "El Arte de Ser Natural", de Furia del Lago - Editorial Ananda

viernes, 11 de febrero de 2011

Descubrir


Hay alguien aquí
que te está
latiendo el
corazón.



La meditación
es esto:
descubrir
al que te late
el corazón.
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Extraído del libro "El Arte de Ser Natural", de Furia del Lago - Editorial Ananda

domingo, 16 de enero de 2011

La Vida es un Koan




Los que usan a la mente como si fuera ropa, pueden atestiguarlo con el cuerpo y reconocerlo con el entendimiento, pero desaparecen en el intento y lo saben perfectamente, aunque de una manera sustancial.
Es un morir consciente, a la manera exacta del devoto, que entrega la vida porque sabe que tal es el mandato de la vida.




“¿Acaso no es posible mencionar la verdad?”, preguntó un monje.
“Todo esto no es más que un corazón hablando del latido”, respondió Wei Po.




El niño camina cuatro cuadras para ir hasta la panadería, tal como su madre le ha encomendado.
Vaya misión.
Hay algo que queda en claro: el niño en ningún momento ha pensado que su aventura es algo agradable o desagradable.
Simplemente se ha lanzado por ese camino donde lo conocido y lo desconocido se confunden el uno con el otro.





Lo conocido y lo desconocido
se confunden el uno con el otro
muy fácilmente. Dime tú quién eres
y lo podrás sentir sin saber cómo.


Lo que puede ponerse del revés
vacila entre las sombras y los gozos.
Pero no es fácil discernir si el viento
viene o se va. Y así pasa con todo.


Mira al silencio. Míralo de frente
y encontrarás, mirándote, su ojo.
Puedes decir que sí, que lo conoces;


o que no, poco importa de qué modo
lo quieras mencionar: nunca se sabe
si está dentro o está fuera de todo.

Vita Preziosa





El niño vuelve de comprar el pan y detiene su paso en la esquina soleada. De repente se topa con una sensación que lo incendia por dentro, pero que al mismo tiempo parece ser este sol que está iluminando todo por fuera.
“Sigo estando aquí”, piensa el niño (sin palabras).
Esto sí que es un koan -diría Wei Po-. Vas a todas partes y siempre estás aquí.



GURÚ SÁNCHEZ - No puedes verlo mientras tengas a la codicia como consejera.
LITO PICAPIEDRA - Es así de simple, ¿no?
GS -Así de simple. El ego es el cúmulo de codicia.
LP - Y la codicia siempre me está llevando al galope hacia lugares imaginarios.
GS - Tú lo has dicho.
LP – Y si me voy, aunque sea con la imaginación, entonces me pierdo la revelación del momento.
GS - Esta revelación es lo que está aquí, esto que llamas ahora.



Esto que llamas ahora, el momento, no tiene sin embargo estructura, ni rostro, ni siquiera nombre verdadero. El tao que puede ser nombrado no es el Tao verdadero, advierte Lao Tzu.



La vida entera es un koan. El único atributo que tiene consiste en dar la vida.


Si todo lo que existe es impermanente, no existe impermanencia ni permanencia.

Nagarjuna





Lo que llamamos transitorio, lo que llamamos permanente, son ideas y nada más.
¿Qué pasa si te quedas sin idea?
¿Quién se queda sin idea?




La lógica de los humanos es un instrumento de codicia.
Quedarse sin idea significa que creíste que podías poseer ideas.
Todo eso es una idea y nada más.
Son cosas imaginarias.
Te imaginas que eres dueño de esto y aquello cuando es evidente que ni siquiera el momento presente es dueño del presente.
El niño que va a la panadería, para cumplir con el pedido de su madre, no piensa que esto es bueno ni malo.
Ir hasta la panadería es otra parte más de la gran aventura de la vida.
Pero aclaremos esto… El niño no piensa: “Vaya, aquí estoy, viviendo la gran aventura de la vida”.
Ja. El niño vive la gran aventura porque no piensa en ella.




MONJE - ¿Cuál es la idea de la iluminación?
WEI PO - No existe tal idea. La iluminación consiste en quedarse sin idea.
MONJE - ¿Y cómo hago para quedarme sin idea?
WEI PO - ¿Quién se queda sin idea?




El niño está viviendo la gran aventura de la vida porque no tiene una lógica propia. Si tuviera una lógica propia pensaría que tiene una vida propia, que es el dueño de su vida, que está ejerciendo el control y todas esas tonterías de los adultos.
No. El niño está libre de toda contaminación porque la codicia no ha ensuciado su corazón.
Esto no quiere decir que el niño carezca de lógica.
No, simplemente carece de una lógica propia.
El niño vive la lógica de la vida.
¿Y cuál es la lógica de la vida? Es un koan que dice así: La vida consiste en dar la vida.
Arréglate con ello como puedas.


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Extraído del libro "El Arte de Ser Natural", de Furia del Lago - Editorial Ananda