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jueves, 5 de agosto de 2010

La condición natural



La sensibilidad es la condición natural del ser humano. Pero en una sociedad antinatural, la persona sensible es alguien excepcional. En ese ámbito, la sensibilidad pugna por aflorar debajo de tantas capas de maquillaje que acorazan a los habitantes de la sociedad mercantil.
Si los seres humanos fueran sensibles, no habrían convertido a la suya en una sociedad mercantil, donde todos están tratando de conseguir algo de los demás, en lugar de ofrecerles. La falta de sensibilidad impide comprender una ley fundamental: los problemas de los unos afectan a los otros. No se puede vivir en paz en una sociedad conflictiva.
Por eso, quienes quieren vivir con sabiduría no dejan que las exigencias mercantiles de la sociedad los afecten y tratan de conservar su sensibilidad como el mayor de los tesoros de esta vida. Ellos comprenden que el refinamiento es otra capa más de maquillaje, una manera de amortiguar las asperezas de la vida en común.
Quienes viven despiertos visitan la sociedad mercantil de vez en cuando, dejan su cuota de sensibilidad sembrada entre tanto desconcierto, y luego se retiran, sin atribuirse ningún mérito por su obra. Atribuirse un mérito sería, precisamente, perder la sensibilidad en el pantano de los tironeos sociales, porque no existe mayor conflicto que el de sentirse aislado de los demás, separado.
Ellos no viven en la sociedad mercantil. Así, la fuerza de las costumbres de la gente no los ata y el peso de las convenciones sociales no los aplasta. Por eso no pierden la sensibilidad ni la humildad.


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Extraído del libro "El Tao Nuestro de Cada Día", de Furia del Lago - Editorial Ananda

sábado, 31 de julio de 2010

El Hechizo Mágico


El amor es impersonal y el amante personal. Para que ambos sobrevivan sin destruirse uno al otro, el amante se pone al servicio del amor. Si fuese al revés, el amor quedaría sin ser conocido, porque lo impersonal es demasiado grande para caber en una sola persona.
Por eso es que el amor les parece tan incomprensible a los seres humanos: porque su vida social, por simple costumbre rutinaria, consiste en ignorar completamente lo impersonal.
Los seres humanos hablan consigo mismos sin parar durante día y noche. De esta manera, pretenden encerrar al mundo en su propio diálogo interno, reducirlo a lo conocido y llamarlo "la realidad".
Cuando el amante conoce el amor sabe que deberá rendirse a su hechizo o bien perderlo. En general, por comodidad o negligencia, los amantes terminan por quedarse sin amor. Entonces pasa el tiempo y recuerdan que alguna vez fueron tocados por su hechizo mágico pero (quién sabe por qué) aquella magia desapareció.
Mientras ignoren que, dentro y fuera de sí mismos existe el mundo de lo impersonal, tampoco sabrán por qué viven sin magia y el mundo se ha transformado en un lugar insalubre.



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Extraído del libro "El Tao Nuestro de Cada Día", de Furia del Lago - Editorial Ananda

martes, 20 de julio de 2010

Lugar inalterable




La inocencia es el lugar inalterable donde se aposenta la pureza del espíritu. A ese lugar no llegan los artificios de la vida mundana ni las trampas del deseo. La inocencia vive en un país que no puede ser tocado por las intrigas de la codicia ni las turbias pasiones de los que truecan posesiones por su propia vida.
Las sombras no resisten la presencia de la luz. De igual modo, los cálculos, las palabras y las experiencias sucumben ante la aparición de la inocencia. La inocencia no se puede comprar ni vender. No tiene ningún valor: por eso es invalorable.
En la morada de lo inconcebible, más allá del alcance de todas las ambiciones, fuera de la órbita de lo conocido, allí reside la inocencia. Y no es un lugar lejano, ni pertenece a ninguna geografía extravagante. Es el cielo más alto, el océano más profundo, el corazón más grande.
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Extraído de "El Tao Nuestro de Cada Día", de Furia del Lago - Editorial Ananda

domingo, 7 de febrero de 2010

Camino de sobriedad


7.-


Lo necesario es un don de la Naturaleza, que te muestra el camino. Lo innecesario es un vicio que se alimenta con la ignorancia.
Cuando se aprecia el valor de lo necesario, también se le pone precio a lo innecesario y así, en medio de los quehaceres de la gente, puedes tomar lo que te mantiene en el camino y desechar lo que te aparte de la vitalidad y la luz.
Los que tienen luz disipan la oscuridad allí donde se encuentren. Por eso, no se resienten con la presencia de los oscuros (la oscuridad desaparece con la luz) ni se ofenden con las prácticas de los ignorantes. La sabiduría es como el agua, que busca lo más bajo y puede sentirse cómoda en las tierras llanas, a las que lleva vida.
Llevar vida a lo más bajo nutre las raíces y da sostén a la sociedad. Quienes dirigen los asuntos humanos con sabiduría lo tienen debidamente en cuenta. Cuando se desprecian las raíces, el árbol cae vencido por su propio peso. Por eso, la sabiduría se ocupa de las raíces y deja que el árbol se mantenga sano por sí solo.




8.-



La desgracia y la fortuna tienen sus causas. Conocerlas es el trabajo de las personas que practican la sobriedad en los asuntos de la vida.
Las huellas de la desgracia y la fortuna se dejan ver de antemano. Por eso, los rastreadores de la sabiduría pueden anticiparse a ellas y caminar por donde lo difícil se hace fácil.
Primero escuchar y luego valorar. Se comienza por lo difícil para terminar por lo fácil. Las ideas son un estorbo que nublan la vista. Se escucha con el cuerpo, se valora con el corazón. Así, puede vislumbrarse cómo adquieren forma, cuándo están en embrión la desgracia y la fortuna.
El camino de la sobriedad permite hacer lo difícil para convertirlo en fácil. El vicio de la insensatez elige lo fácil y termina enredado en las zarzas de lo difícil.




9.-



Los seres humanos que han perdido su vínculo con La Gran Unidad luchan contra ella. Quieren vivir y luchan contra la vida. Creen que vivir es vivir separados de los demás y del mundo entero. Al cultivar esa creencia y dar la vida por ella, se convierten en los enemigos de sí mismos.
Lo sepa o no, el ser humano y la Vida son una misma entidad. Quienes buscan las distinciones entre unos y otros no están equivocados en señalar que existen tales diferencias. Existen diferencias. Pero las diferencias no son esenciales. Vistas desde lejos, dos células de un mismo tejido son iguales. Vistas desde cerca, son diferentes.
Padres diferentes engendran hijos tan humanos como sus padres. ¿Cómo lo hacen? Encuentran aquello que los une. En realidad, es aquello que une lo que engendra el hijo, no los padres.
El yin y el yang están en el mundo para encontrar aquello que los une. Hombre y mujer están aquí para encontrar aquello que los une. Si lo encuentran, encontrarán también aquello que los ha separado. Y sabrán por qué el yin y el yang forman parte de La Gran Unidad.




10.-



Si consideras las cosas desde sus diferencias, nunca estarás por encima de ellas y terminarán por absorberte hasta tu desintegración. Pero si eres capaz de ver el mundo desde la unidad, no estarás separado del mundo y, por lo tanto, permanecerás entero.
Cuando tratas a las personas desde un sitio que remarca las diferencias entre unas y otras, pones el acento en aquello que las separa y estableces el conflicto en tus relaciones. Pero cuando asientas tu relación con los demás en el sitio donde La Gran Unidad rige todas las circunstancias y entrelaza todos los impulsos, entonces consigues que La Gran Armonía se ocupe de dirigir tus asuntos.
La unión es original. La separación te aleja de tu verdadero ser y te hace creer que estás hecho de materia prescindible.



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Extraído de "El Tao Nuestro de Cada Día" - Furia del Lago - Editorial Ananda






lunes, 25 de enero de 2010

La Gran Unidad



1.-

El camino de regreso a La Gran Unidad empieza por un solo paso. El aprendizaje tiene su cimiento en la actitud de escuchar.
Las personas que están dormidas escuchan con sus oídos. Las que comienzan a despertar escuchan con el cuerpo. Las que han restablecido su relación con La Gran Unidad escuchan con el espíritu.
Toda persona que ha nacido es alguien que puede perder su vínculo con el Tao y es probable que lo pierda si se sumerge, como la mayoría, en las actividades cotidianas de conseguir y perder, de vencer o ser derrotado, de matar o morir. Casi todos los seres humanos son arrastrados por las urgencias de la vida en común y olvidan de dónde vienen y a dónde van. La mayor parte de ellos recuperan el vínculo con el Tao tan sólo el día de su muerte.
Pero si eres capaz de limpiar tu conexión con La Gran Unidad a lo largo de tu vida, entonces conocerás la libertad mientras todavía estés en este mundo. Las urgencias de la vida cotidiana, en tal caso, serán un estímulo para ti, una carga de vitalidad, no una manera de perder la vida.
Para restablecer la relación con el Tao, cada cual tiene el camino de su vida. La vida y la muerte son los dos patrimonios adquiridos al nacer. La vida y la muerte son tus riquezas. Pero ser rico no lo es todo. Saber qué es lo que puedes hacer con tus riquezas es el mayor tesoro que puedes adquirir en este mundo.

2.-


Un niño es humilde porque es niño, no porque aprendió a ser humilde.
Un adulto que se comporta como la mayoría de los adultos es alguien que ha olvidado que es humilde, porque aprendió a comportarse con arrogancia.
Cuando una persona es adulta y sabe que no sabe, todavía conserva una dosis considerable de su humildad esencial. Pero los que se comportan como si supieran, ésos viven en la confusión y no encuentran su lugar en el mundo.
El ser humano, esencialmente, está hecho de humildad. La arrogancia es algo que se aprende, la humildad es lo que lleva el ser humano en el lugar más profundo de su corazón.


3.-

Si no conoces tu propia humildad, estás en condiciones de caer fácilmente en la arrogancia. Pero ser humilde no implica que te dejes avasallar por nadie.
Los fuertes son los que ayudan a los débiles. En cambio, los que destruyen a los débiles, los que aprovechan su posición privilegiada para aplastar a quienes provisoriamente se hallan en una posición inferior, ésos no son fuertes.
Muchos confunden fuerza con arrogancia. Pero los arrogantes no pueden sostener su posición de fuerza, porque desconocen sus vínculos con los demás y los destruyen. Es lo mismo que pudrir las raíces de un árbol: ¿cuánto tiempo puede sostenerse un árbol sin sus raíces?


4.-


No caigas en el capricho ni persigas tus antojos cuando estás atravesando por un período de éxito, porque debilitas tu voluntad y no te preparas para la época de fracaso que, tarde o temprano, habrá de llegar.
Si no incurres en la arrogancia cuando te sientes fuerte, tendrás mejor disposición de ánimo cuando la adversidad toque a tu puerta. Los que son pródigos en medio de sus riquezas y generosos con los demás, ésos pueden mantenerse ricos, porque saben que no existe mayor tesoro que las relaciones armoniosas con sus semejantes. Los que aprovechan sus riquezas para hacer daño a los demás, ignoran que están sembrando un destino adverso.



5.-


Estar alerta significa que no das nada por supuesto. Estar atrapado por lo conocido es como distraerse en medio de una batalla.
Cuando alguien busca una posición de dominio pretende que el mundo se adapte a su persona. Tarde o temprano, tendrá que adaptarse.
El que, por el contrario, conserva una actitud de flexibilidad en medio de las circunstancias, consigue que también las circunstancias le muestren su costado flexible.
Por eso, los que ejercen el poder de la sabiduría suelen decir que sólo el que siembra consideración hacia los demás cosecha consideración de los demás.


6.-


El buen humor y la serenidad son las dos ruedas del carro por donde viaja la sabiduría. Sin estas cualidades del comportamiento, la vitalidad queda resentida y la energía se disipa en la queja y el lamento, mientras la existencia se pierde pensando que las cosas debieron ser mejores.
Los que tienen buen humor y serenidad encuentran solución a cualquier problema, pero los que se regodean en la queja y el lamento siempre le añaden al problema un mayor problema.
Cuando se transita por el camino de la sabiduría, las distracciones y los entretenimientos que afloran a los costados de la senda no influyen para nada. Quienes logran poner en su justo sitio las cosas innecesarias, tienen la energía suficiente como para ocuparse de las cosas necesarias.
Pero los que se adentran por los matorrales, terminan perdidos en algún pantano de su propia hechura, sumergidos en las aguas de lo innecesario, y luego se lamentan por chapotear entre problemas.

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Extraído de "El Tao Nuestro de Cada Día" de Furia del Lago - Editorial Ananda