martes, 29 de junio de 2010

El Ser Único




Angelo Nero - ¿Qué es eso que llaman iluminación?
Turiya – Propongo que en lugar de iluminación hablemos de la inocencia primordial.
Angelo Nero – Entonces, debo deducir que eso que tanto anhelan los buscadores espirituales es la inocencia primordial. Pero, ¿se puede volver a la inocencia primordial?
Turiya – No se puede. La inocencia es lo que tú eres, nunca dejaste de serlo. Te confundieron los deseos y pensaste que podías elegir entre el bien y el mal.
AN – No entiendo; ¿acaso no existen el bien y el mal?
T – No. Tú te inventas una creencia. Crees que eres alguien que puede vivir por separado, como si tuvieras una vida propia. Pero no existen las vidas por separado, sólo hay una vida.
AN – Quisiera saber si eso tiene algo que ver con el bien y el mal.
T – Primero te inventas una vida por separado y luego discriminas: todo lo que yo quiero está bien y todo lo que yo rechazo está mal. Vale decir, el bien y el mal son dos elementos que tú quieres controlar y manipular para conseguir algún provecho propio.
AN – Es evidente que así funcionamos. Y así es como perdimos la inocencia. ¿Estamos condenados?
T – Ya te he dicho que nunca perdiste la inocencia. Imaginas que la perdiste, crees que realmente estás separado de la vida o de la inocencia, pero jamás podrías.
AN – O sea que me imagino como alguien sin inocencia. Eso sería como decir que me imagino culpable.
T – Bueno, primero decides separarte de la vida primordial y luego, puesto que has perdido la inocencia, te sientes culpable. Pero, para no sentir esa culpa, te dedicas a juzgar al mundo. Entonces dices: “El mundo tiene la culpa de todo este sufrimiento que estoy viviendo”. Ya ves, has establecido una separación básica entre “el mundo y yo”, y luego te dedicas a tapar tu supuesta culpa y le echas la culpa al mundo.
AN – El mundo viene a ser un conglomerado que forman mi mujer, mi vecino y mis padres, y todo el que ande por ahí.
T – Así es. Además de las circunstancias y la situación económica, los tironeos políticos y todos los conflictos que puedas imaginarte. Por eso vivimos juzgando y juzgando. Porque al tratar de sostener a toda costa mi imagen de una vida separada, todo lo que está sucediendo ahora y aquí es algo que amenaza precisamente esa imagen.
AN – Por lo tanto, juzgo. Y al juzgar, sigo manteniendo la imagen de que estoy separado de todo eso que juzgo.
T – Efectivamente. Juzgar es la manera que asumimos de seguir fingiendo que tenemos una vida autónoma y controlada.
AN – Y de tapar la culpa que siento por haberme separado. Pero tú dices que en realidad no estoy separado.
T – No. Simplemente imaginas que estás separado.
AN – Un momento. Yo tengo mi cuerpo y tú tienes el tuyo. Tú has nacido en una ciudad y yo he nacido en otra. ¿Acaso no estamos separados?
T – Hay organismos separados, pero no vida separada. La vida es unidad.
AN – Sin embargo, yo siento que puedo estar separado de la inocencia primordial. Una vez que sabes algo, ya no puedes volver atrás. ¿No es así, acaso?
T - ¿Qué es lo que sabes, en realidad? No sabes absolutamente nada de nada. Ven aquí, asómate a la ventana. ¿Ves todo ese campo lleno de flores? Dime lo que sabes acerca de todo esto.
AN – Bueno, podría decirte que son todos girasoles y algunas otras cosas más. Pero, claro, puedo hablarte de las actividades humanas y de quienes siembran esos girasoles para luego hacer enormes cosechas que son cargadas en enormes barcos y enviadas al mundo entero. Y de todas maneras, sigo sin saber nada de nada, tienes razón.
T – Asómate y mira los girasoles sin ponerles nombre ni fabricar asociaciones retorcidas. Mira en silencio por completo. (Pausa. Largo silencio). Ahora dime qué es lo que sabes.
AN – No, en el fondo, no sé nada.
T – Ahí, en el fondo, es donde está la inocencia primordial. Si tú buscas en la superficie no encontrarás más que conceptos y juicios. Pero son todas interpretaciones y mañas que usas para creerte alguien separado. En cuanto dejas que el silencio te surja de lo más hondo, descubres que lo más hondo no es una persona, ni alguien especial, ni un hombre ni una mujer, ni nada que puedas concebir. Lo más hondo es la vida misma, la inocencia primordial, el ser único que es.
AN – Lo que es.
T – Sí, el Ser Único es lo único que es.


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Extraído de "El Amor es Todo lo que Hay", de Furia del Lago - Editorial Ananda

sábado, 26 de junio de 2010

A la perfección



No corregir el presente: ésta es la manera de ser el presente.


Cuando desaparece el corrector, eres el presente viendo al presente, sin dualidad.


¿Qué es lo que necesitas corregir? Cualquier cosa que pretendas obtener ha de ser para tu beneficio personal y eso, tu mundo personal, es lo que te mantiene ilusoriamente separado de la totalidad del ser.



Turiya – La ilusión de ser alguien separado te impide ver que eres la totalidad del ser.
Angelo Nero – Tengo que corregir esto.
T – Ya ves, te sigues manteniendo en la ilusión de ser alguien separado. Ahora crees que eres alguien que puede corregir ese comportamiento.
AN - ¿Y cómo haré para terminar con la ilusión?
T – Tú eres la ilusión mientras te creas alguien separado de la ilusión, o alguien que sería capaz de terminar con ella.


Eso es lo que impide al ser humano terminar con el sufrimiento de sentirse algo separado de la totalidad: su persistente creencia de ser alguien que puede corregir la totalidad.



Basta que quieras corregir al “otro” para consolidarte como “yo”. La dualidad entre “yo y el otro” es también la dualidad entre “yo y el mundo”. Ese pensamiento dual te hace vivir en la pesadilla de creer que vives en un mundo que no te da satisfacción.




No existe ni “yo” ni “el mundo”. Te empecinas en ser un microbio que pretende corregir el milagro de la vida.



Sin corregir el presente: así vive el presente.



Eso es lo que está en juego aquí. Deja que el momento presente observe al momento presente. Si estás instalado aquí como el juez de la situación, no eres más que un payaso que levanta el dedo hacia el sol que ilumina este día y lo amenaza con tus sabihondas palabras: “Tú, sol, debes hacer lo que yo te diga”.




Sólo el payaso que ríe de sí mismo se pone al descubierto: "Soy el sol que ilumina este día".


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Extraído de "El Amor es Todo lo que Hay", de Furia del Lago - Editorial Ananda

martes, 22 de junio de 2010

Grumos de Conciencia


La división entre tú y el mundo es imaginaria. Por lo tanto, el mundo no te está haciendo nada y tú no le estás haciendo nada al mundo.


¿Qué es el mundo? Una idea de alguien que se cree separado del mundo.


¿Cómo hace el padre para enseñarle al niño de un año a inventar el mundo? Le dice: “tú eres tú”. O bien: “Tú eres Juan”. Así, Juan aprende a separarse, a sentirse a sí mismo separado. “Este cuerpo soy yo; el resto es el mundo”.


El adulto va caminando por la calle y, de pronto, es asaltado por la inocencia: “Yo soy el mundo”.
Este momento de inocencia es el que hace desaparecer, por igual, al ego y al mundo.


Observa conmigo la inocencia. Mira cómo, silenciosa y toda ojos, anida en el niño que palpita dentro de tu corazón.


Buscas un significado para el mundo que inventas. “Ah, si tuviera un significado – le dices al espejo -, eso justificaría el haberlo inventado”.
Así, arremetes contra enemigos imaginarios y son molinos de viento; le escribes al cielo un poema con forma de nube y no puedes recordarlo; estás yendo de viaje y siempre estás aquí.



Te dije que mires por donde caminas. Acabas de tropezar con la inocencia que te advierte: “No me pierdas de vista o tropezarás conmigo”.


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Extraído de "El Amor es Todo lo que Hay", de Furia del Lago, Editorial Ananda

viernes, 18 de junio de 2010

Rascándose la cabeza



Todo es un concepto. Nada también es un concepto.


“La palabra no es la cosa”, proclama el nuevo dogma. ¿Una cosa de qué tamaño?


La cosa es una piedra. Sí, pero la piedra está junto a un árbol en el parque. Está bien, entonces la cosa es el parque con la piedra incluida y el árbol contiguo. Perfecto, pero el parque está en un barrio. Muy bien, entonces la cosa es el barrio. Ah sí, pero el barrio está en la ciudad…
Ya ves, la cosa es cosa de nunca acabar.


La palabra es un concepto. La cosa es un concepto. Un concepto es un concepto.


Alguien te habla de liberarse del concepto. ¿Acaso “liberarse” no es un concepto?


Si te quedas sin concepto, ¿quién se queda sin concepto?



Esto es misterio sólo si le pones
ese nombre. ¿Cuál es la diferencia
entre lo que pregunta y la respuesta?
No se puede explicar nada de nada.
Si dejas que el silencio te evapore
no habrá quien pueda unir media respuesta
con su media pregunta. La certeza
va de la mano con la incertidumbre.
Todo, al fin, se reduce a la etiqueta
de serlo “todo”, si eso es lo que piensas.
Pero si nadie hay que esté pensando,
¿quién concibe a la “nada” que se muestra?


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Extraído de "El Amor es Todo lo que Hay", de Furia del Lago - Editorial Ananda

martes, 15 de junio de 2010

Sin ilusiones



Hoy es el último día. No queda nada por delante y, por cierto, no ha quedado nada por detrás.
Esto es lo que el buscador espiritual ha buscado por todas partes.
¿Se atreve a vivir con esto?
¿O quiere seguir buscando?


El Advaita podría ser llamado, también, la Tradición del Último Día. No queda tiempo para descubrir que el ego no existe. Es decir, por pura visión sin antiparras culturales, se derrumba la ilusión madre, la ilusión que engendra todas las demás ilusiones: el yo.
No es una meta que se alcanzará un día indefinido de un futuro ilusorio a través de un camino consolador.
No. Aquí no hay tiempo, no hay consuelo para nadie.


El día de hoy no es adiós ni bienvenida. Es lo que es. Todos tus planes han desembocado en esto. El tiempo era un zumbido en la cabeza que se imaginaba una vida personal. Esa vida personal, ahora, está disuelta como un terrón de sal en el océano de la vida sin límites.


¿Se puede vivir sin ego? Eso es como preguntar si se puede vivir sin planes y sin resentimientos.


Pero pongamos las cosas en su lugar: si el tiempo ha desaparecido, la vida está completa. Esto es todo, aunque sea nada también.
Caso contrario, si aparece alguien a decir: “Voy a quedarme sin planes ni resentimientos”, ya está con el tiempo y su carrusel personal instalado como centro del universo. El personaje no ha soltado el control. Y la magia del último día se pierde, embarcada y adormecida en los ilusorios días venideros.


En realidad, al admitirse que hoy es el último día, esto ni siquiera es un día, ni una semana ni una hora, ni nada que se le parezca. Es una jugarreta del lenguaje: hoy es el último día; por lo tanto, el último día no existe.
Lo que ha quedado en nuestras manos, entonces, es nada. Y esto no se parece a nada.



¿Qué puedo hacer?, pregunta el ego. Pero su débil voz queda disuelta en el silencio.

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Extraído de "El Amor es Todo lo que Hay", de Furia del Lago - Editorial Ananda
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Foto: A todo sol en el Río de la Plata

jueves, 10 de junio de 2010

Dar la vida




Angelo Nero – En nuestra última conversación, me decías que el amor es un darse que recibe interminablemente el don de dar. ¿Cómo se concibe algo así?
Turiya – No puedes concebirlo. Quiero decir, no es algo que puedas encerrar en un concepto. El concepto es un reducto donde pretendemos encerrar lo que se puede concebir mentalmente. Pero el amor no se puede encarcelar. Es como si el corazón quisiera atrapar al latido.
AN – Es algo que nos traspasa…
T – Sí. La persona que aparentamos ser, este organismo humano al que llamamos mujer u hombre, es como una flauta, traspasada constantemente por el viento de la música vital.
AN – Esa música vital es lo que llamamos amor.
T – Puedes llamarlo amor, si quieres. Tengamos en cuenta que todo esto no son más que conceptos. Pero bueno, para eso están los conceptos, para ir más allá de ellos. Son como escaleras, las usas para subir y una vez que estás arriba ya no las necesitas más.
AN – Quiero saber por qué no podemos amar. Da la impresión de que todos supiéramos qué es el amor, pero al mismo tiempo es imposible definirlo.
T – Eso es lo que pasa con saber. El saber siempre es algo incompleto, por definición, porque al saber estás encerrando una experiencia vital en un reducto de la memoria llamado funcionamiento conceptual. Con el amor pasa eso que tú dices, todos lo conocemos, pero al mismo tiempo lo desconocemos. Es que no podemos clasificarlo, ni manipularlo, ni hacer nada con él. Sólo podemos vibrar con su vibración. Y, de hecho, lo estamos haciendo.
AN - ¿Lo estamos haciendo? ¿Quieres decir que estamos realmente sintiendo amor?
T – Lo que digo es que estás vibrando al compás del amor. Tú no sabes cómo, pero tu corazón está latiendo. Eso es el amor. Pero no sabes quién te late el corazón. Yo te lo puedo decir, pero al decírtelo, no estoy diciendo nada: es el amor lo que hace latir tu corazón. Es la vida en su totalidad. Es el milagro del ser manifestado como conciencia de ser. Como ves, te lo digo todo y sin embargo no te digo nada.
AN – A todos nos palpita el corazón. Pero unos son criminales y otros santos. Y todos actúan con ese palpitar del corazón en sus personas.
T – Así es. El amor es la materia prima. Y así como cada uno tiene un rostro diferente, también sucede con cada uno que sus actos serán distintos. Es una sola vida expresada en miríadas de organismos, formas y objetos.
AN - ¿Eso quiere decir que cada uno hace lo que quiere?
T – Lo que quiere cada uno es tener una vida separada, lo que consigue es que la totalidad de la vida destruya esa fantasía de separación.
AN – O sea que, quiera lo que quiera y haga lo que haga, siempre mis deseos personales serán avasallados por la vida en su totalidad.
T – Por supuesto. Lo que quieres es ser alguien, vale decir, alguien separado. Puesto que no estás separado de la vida, eso que quieres será destruido a cada rato. Es inevitable.
AN – Ahora bien, tomemos el caso de una persona que te dice: quiero amar. ¿Puede hacerlo?
T – Eso es lo mismo que decir: quiero vivir. Ya estás viviendo, ¿qué más quieres?
AN – Un momento, ¿estás diciéndome entonces que ya estoy amando?
T – Es inevitable. Somos amor. El amor es la sustancia de la vida. La vida nos crea para amar a la vida. Somos un don de la vida creado para darnos.
AN - ¿Y por qué hace eso la vida?
T – Voy a decirte el secreto, pero tú ya lo sabes: la vida consiste en dar la vida.


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Extraído de "Gracias a la Vida", de Furia del Lago - Editorial Ananda

lunes, 7 de junio de 2010

Levantando los brazos



Por el camino de la soledad
los murmullos del campo se adormecen
en el gran pozo del entendimiento
que de nombre carece.
La vida va dejando su simiente
por esa sensación
de madre que de asombro se estremece
cuando ve a su pequeño caminar
por vez primera. Viene
de tan hondo la nítida certeza,
la extrañeza de ser, que no se puede
negar que este milagro de la vida
ni a sí mismo siquiera se parece.
Así la vida se prodiga en vida
levantando sus brazos, simplemente,
para abrazar con todo
al espíritu vivo que desciende.


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Extraído de "El Amor es Todo lo que Hay", de Furia del Lago - Editorial Ananda

sábado, 5 de junio de 2010

Puerto y Mar Abierto




No estoy obligada a comprender qué es la vida y qué soy yo.
El que busca comprensión, no busca comprensión, busca separarse de la vida para manipular la vida.


Saber es un puerto. Pero quedarse a conversar en la taberna del puerto sobre las aventuras de los grandes navegantes en alta mar, ésa es la enfermedad y la muerte del marino.



Apenas unos pocos seres humanos son marinos que se lanzan a las aguas abiertas del océano vital a navegar. La mayoría de ellos, se quedan en el puerto de lo conocido durante toda su existencia.



¿Qué es la interpretación? Una idea del mundo usada por una persona para desplegar una conducta, encontrar una manera de vivir. El problema surge al hacerse una idea del mundo, porque entonces el que se hace tal idea está “inventando” el mundo. Encierra el mundo dentro de una clasificación. Al inventar al mundo, además, inventa por separado al dueño de la idea: “yo”.


Esto es algo que no se revela fácilmente. Alguien pregunta: ¿cómo puede ser que yo invente al mundo? El mundo estaba aquí antes de que yo llegara.
Lo que inventamos es una creencia.



Lo mismo pasa con el mundo. “Cuando yo llegué, el mundo estaba aquí”, dices tú. Pero no es así: tus padres estaban aquí. Y lo que tú hiciste fue entrar en el decorado onírico de tus padres, algo que ahora llamas mundo. Pero ese mundo es un invento y tú, al nacer, fuiste invitado a participar del invento.



Todo lo que hace y dice la gente es un invento, nada más que una ficción. Inclusive esto que se está diciendo aquí.


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Extraído de "El Amor es Todo lo que Hay", de Furia del Lago - Editorial Ananda

miércoles, 2 de junio de 2010

Sin más riqueza




El entusiasmo no conoce casa
ni camino. Fecunda su obra de arte
lo mismo con la flor que con el fruto,
con la semilla o el cosechador.
Y en el radiante rostro del vacío
dibuja la sonrisa de la plena
satisfacción. Acaso lo conozcas
con otro nombre: ganas de vivir
porque sí, nada más, sin un motivo,
sin dueño, ni tesoro ni despojo,
sin más riqueza que la de vivir.


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Extraído de "El Amor es Todo lo que Hay", de Furia del Lago - Editorial Ananda

lunes, 31 de mayo de 2010

Puedes volar





¿Qué se puede hacer con la conciencia que mora más allá de todo concepto?
(Si tratas de entender esta pregunta, de responder a ella con algún concepto, su luz se apaga).



No es necesario saber quién soy. Ni siquiera es posible. Saber es una programación social. Es algo que se utiliza para relacionarse con los semejantes.
Pero ser no está limitado por las costumbres ni las convenciones humanas.


El aire no queda atrapado en los pulmones. Entra en ellos, los vivifica y sale de ellos.
El ser no queda atrapado en la persona. Entra en ella, la vivifica y sale de ella.


Eres conciencia. ¿Qué quieres hacer con la conciencia? Mientras te limites a ser alguien especial y absorbente, eres un pájaro encerrado en una gran jaula sin techo. Si una voz cualquiera te dijese: “Puedes volar”, ¿la escucharías?


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Extraído de "El Amor es Todo lo que Hay", de Furia del Lago - Editorial Ananda
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Foto: La Coruña

viernes, 28 de mayo de 2010

Maestra y discípula



(Apuntes de un diario personal)


La vida es no dual, está más allá de los aparentes opuestos de nacimiento y muerte.
¿Cómo se puede afirmar esto?
Sólo hay que abrir los ojos y ver lo que tenemos por delante.
Lo que está a la vista es el instante. Y sólo eso. No tenemos dos instantes, hay uno solo.
Pero este instante es el instante que nace y el que muere, al mismo compás. Nace para morir y muere para nacer, aunque no son dos movimientos, es uno solo.



El instante es la lección suprema de la maestra. La vida es la gran maestra que nos está mostrando aquí, ahora, el camino de la libertad.
Claro está, el camino de la libertad carece de meta y por lo tanto de camino.
Es el instante puro, sin límites, eterno.



La vida es libertad pura. Y nos invita: “Te doy vida para que des la vida”.
No tienes que conservarla. Y de todas maneras, no podrías. La ley de la vida es muy simple: “La vida es el arte de dar la vida”.



Este asunto pone muy nerviosos a ciertos exponentes del paisaje teatral llamado “vida”.
Algunos de ellos confiesan: “En realidad, nunca he querido dar nada”. Cosa que no resulta difícil de creer.
Pero la vida es tramposa. Y tan tramposa es, que hasta se tiende trampas a sí mismas.
Lo primero que ha hecho es llenarte de conceptos acerca de la vida. Y luego tú piensas: “tengo que dar, pero me gusta recibir”. Sin embargo, son tan sólo conceptos. Piénsalo: Hay sólo vida y nada más. Mejor dicho: todo lo que hay es vida. Y si es así, podrás comprobar enseguida que la vida es la que da, pero la vida es la que recibe.
En realidad, no hay tal cosa. No existe un nacimiento del instante, ni una muerte del instante.
No existe un dar ni un recibir. Todo es vida, un sucederse que se mantiene siempre en el mismo lugar, que es ninguno.



Aquí parece que hubiéramos entrado en contradicción. Primero decimos: la vida es todo. Al rato venimos con otra historia: la vida es nada. Y bien, los que están inscriptos en el Curso de Lógica, se han equivocado de aula.


Ya ves, la vida es la maestra. Y también la discípula.


Así que la vida te deja en libertad. Si consideras que la vida es nada, fíjate bien: no puedes conservarla, porque no puedes perderla. Si consideras que la vida es todo, aunque la des por entero, la recibes por entero, puesto que eres todo entregándote a todo.



En otras palabras: son todas ideas y nada más. Dices “vida” y ni sabes de qué estamos hablando. Es un concepto. Ni siquiera sabes lo que es “saber”.



Angelo Nero - Ah, sí, pero yo quiero comprender.
Turiya - Perfecto. Si todo es nada, ¿quién comprende? ¿Y si todo es todo? No puede haber una parte de todo tratando de comprenderlo, fíjate bien. Ya lo hemos dicho: todo es todo. ¿Quién necesita comprenderlo?
AN - Me estás haciendo juegos de palabras.
T - Juro que yo no estoy haciendo nada, porque yo soy nada. El que está haciendo juegos de palabras eres tú, que me vienes con eso de comprender. ¿Quién comprende qué cosa?
AN - Pero cuando yo te digo comprender, ¿tú me comprendes, verdad?
T - Ah, ya veo por donde vienen los juegos de palabras. ¿Tú comprendes qué cosa es ese árbol que está ahí? ¿Comprendes al sol que está dándole vida a todo este planeta? ¿Comprendes por qué los brazos te han crecido por igual? ¿Comprendes que tratar de comprender es como ponerte una careta? Los conocimientos son rieles por donde sacamos a viajar a nuestros trenes de juguete.
AN - Pero yo estoy comprendiendo lo que dices. Si viniera un niño de Suecia y quisiera comprender de qué estamos hablando, seguramente nos vería gesticular y hacer ruidos extraños con la boca.
T - ¿Y qué? Mira ese perro que pasa por allí. Si le hablas, ¿qué te responderá? Su respuesta será simple. Si le gustas, se acercará amistosamente. Si no le gustas, te ladrará.
AN - Y si necesita comida, posiblemente se acerque con cara pedigüeña.
T - Bien dicho. Alguien golpea la puerta y tú atiendes. Es una mendiga con un hijo en brazos. Ambos mal alimentados, sucios y sufrientes. La mendiga ni siquiera necesita pedirte: apenas los ves, te das cuenta de la situación. ¿Qué te importa si habla holandés o castellano?



Todo está completo. La vida es un darse por entero y un recibirlo todo. No falta nada, no sobra nada.



Hay quien viene con gesto decidido y dice: “Las palabras están demás”. ¿De veras? ¿Y cómo lo has dicho? Con palabras.



Lin Chi preguntó al administrador del monasterio:
- ¿De dónde vienes?
- Regreso de vender mijo en la prefectura – dijo el administrador.
- ¿Has vendido todo?
- He vendido todo.
Lin Chi, con su bastón, dibujó en el piso una raya y dijo:
- ¿También has vendido esto?
El administrador soltó un grito: “¡Kwatz!” Entonces, Lin Chi le dio un palazo con su bastón.


Ni vienes ni vas a ninguna parte, ni hay nadie que pueda hacerlo. Y ten cuidado cuando te haces una idea de todo, porque todo es el disfraz de nada, y viceversa.


El asombro, poema que se lee
con el cuerpo, recuerda tu inocencia,
te descubre de nuevo hasta el final,
desde el principio, te hace sitio donde
no existes, te revela frente a nadie,
te nombra con la misma intensidad
de tu silencio, lámpara que eres.


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Extraído de "El Amor es Todo lo que Hay", de Furia del Lago - Editorial Ananda

miércoles, 26 de mayo de 2010

Quién




¿Se puede mirar al mundo sin conceptos? ¿Quién lo mira? ¿Y qué mira?


Basta que yo diga “mundo” para que tú creas que sabemos de qué estoy hablando.


¿Hay algo que no sea una idea?


Supongamos que no quiero decir “mundo” y, a cambio, digo: “Todo lo que hay”. ¿No es un concepto?


Te haces una idea de lo que significa “tener una idea”.


¿Te haces una idea de quién es el que se hace la idea?


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Extraído de "El Amor es Todo lo que Hay", de Furia del Lago - Editorial Ananda

sábado, 22 de mayo de 2010

La Vida sin Dueño








La vida es la fuente que da vida.


Ese don de darse, el rostro de la vida, se manifiesta en la vida misma.


La vida es la fuente y es el agua de la fuente.


La fuente no guarda nada para sí, lo entrega todo.


Esto es el amor: el darse por entero. Y es lo mismo que llamamos “vida”.


Ahora mismo, aquí, la fuente está irradiando. La vida visible es la vida invisible.


La semilla recibe y recibe, acumula y acumula, pero no da. Si se siembra en tierra fértil, germinará y de ella brotará el árbol de la vida. Pero, para que germine, la semilla debe morir.


El don de darse, esa fuerza total del amor, puede germinar en una persona, pero para ello la semilla del ego tendrá que romper su cascarón y brotar hacia la vida sin límites.

Amar es quedarse sin “vida propia” (el sueño del ego), para fusionarse en la vida sin dueño (la libertad).

La vida es dar la vida. Y esta irradiación que se da por entero es libertad, porque la vida no se adueña de nada y, así, nada se adueña de ella.




Esto es el amor: dar libertad, ser libertad, darse por entero.




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Extraído del libro "El Amor es Todo lo que Hay", de Furia del Lago - Editorial Ananda

jueves, 20 de mayo de 2010

La Gracia de la Vida



El secreto de la vida está completamente a la vista y no deja, sin embargo, de ser secreto.
La vida entera es libertad. Esa es la esencia de la vida y ésa su apariencia, puesto que no hay más que una.


Angelo Nero – Tú dices que la vida es libertad, pero muchos consideran que la vida entera es una prisión, un infierno en el que han caído por pura desgracia, o cosas por el estilo.
Turiya – Si le pides a la vida que te dé lo que quieres, siempre será una discordia, porque la vida no está hecha para tu beneficio propio.
AN – Pero entonces, ¿qué me da la vida?
T – La vida te da vida. Es decir, te da libertad. La vida te da su gracia y tú te encargas de ponerla en obra. Si eres vida, tú también eres dador de vida y así tienes obra y gracia. Pero si quieres una vida para ti solo, si quieres conservarla en lugar de darla, entonces te pierdes la gracia.


La luz que brota de tan sólo dar
y darse por entero en el intento
es un dar gracias sin ningún altar,
sin duda que abrigar ni pensamiento.


Dar gracias porque sí, sin esperar
ni exigir de la vida otro momento,
ni otra sorpresa que este don de amar
lo que la vida brinda con su aliento.


Porque es la vida misma la que sabe
dar a la vida gracias con la lumbre
del amor, que en sí mismo ya no cabe


y sale a navegar por la costumbre
de la intemperie que es su propia nave,
costumbre de ir perdiendo la costumbre…


Vita Preziosa






La tierra seca y desértica, aunque reciba la semilla de vida, no hará más que secarla y matarla.
La tierra fértil, recibe la semilla para fecundarla y hacerla crecer, transformarse en planta, en árbol, en flores, frutos y nuevas semillas. Es un darse permanente, es vida que recibe vida para darla y transformarla en más vida.






Los que andan buscando amor
sólo manifiestan su falta de amor,
y los que no lo sienten, nunca lo hallan,
pues sólo los que ya aman lo encuentran
y nunca tienen que buscarlo.

David H. Lawrence




No pedir es ese desconocido amor que pides.


Este es el movimiento del amor: darse por completo. No existe ningún otro amor. Las historias y las fantasías que predican las telenovelas y los folletines por capítulos, no son más que juegos del ego, intentos de manipulación de otras personas.
El amor no es personal. Es la fuerza impersonal de la vida que se vacía de sí misma, que se da por completo para ser vida.


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Extraído del libro "El Amor es Todo lo que Hay", de Furia del Lago - Editorial Ananda

lunes, 17 de mayo de 2010

La inmensidad del amor



Angelo Nero – Tú dices que el amor es todo lo que hay. Y que si yo me considero una entidad separada de todo, entonces no puedo vivir el amor.
Turiya – Así es.
AN – Sin embargo, eso de vivir como alguien separado es lo que me hace sufrir.
T – Tú lo has dicho.
AN – Por eso es que buscamos el amor. Porque nos sentimos separados.
T – Sí, claro. Este sentido de separación te hace daño, porque al rendirle culto te sientes aislado, como si estuvieras en una isla.
AN – Si tanto me hace sufrir este sentido de separación, ¿por qué no entregarme al amor?
T – Mientras seas tú el que se entrega, no habrá entrega.
AN – Eso sí que no se comprende.
T – Tienes que entender primero por qué quieres separarte. La vida entera es una inmensidad y un misterio. El ser humano, si se quiere ver como alguien separado, se verá minúsculo, prácticamente inexistente.
AN – Sin embargo, en nosotros sentimos algo sublime.
T – Así es, minúsculos como somos, podemos percibir el milagro de la vida. Pero la vida es tan vasta y tan inclasificable, que estamos en ella, cada uno, como un insecto en un bosque sin límites. Además, el cuerpo tiene un mecanismo instintivo para asegurar su propia supervivencia: el miedo. Este mecanismo es tan invasivo que termina por ocuparlo todo. Empezamos por defender un cuerpo separado y luego defendemos una imagen de uno mismo como alguien separado.
AN – Tenemos cuerpos separados.
T – No tenemos nada. Somos conciencia que está morando en un cuerpo separado, pero somos una sola vida.
AN – Eso no es lo que dicta la educación soberana.
T – Precisamente, ahí está la raíz del asunto. Estamos acostumbrados a pensar que cada uno es una entidad separada, con voluntad autónoma. Esta separación ilusoria nos hace vivir forzadamente en un mundo ilusorio, un mundo fabricado por nuestros deseos.
AN – Es como si nuestros deseos se concentraran en reforzar esa fantasiosa separación.
T – Eso mismo. Pero al concentrar nuestra energía en esos deseos, estamos luchando contra la vida misma, que es una totalidad manifiesta. Así es como forjamos una especie de “existencia propia” (a la que llamamos “mi vida”) que está en lucha contra la vida misma.
AN – Separarse es conflicto.
T – El sentido de “yo” como alguien separado es conflicto. El yo mismo es conflicto.
AN – Pero yo soy yo. Esto es lo que piensa cada uno.
T – Ahí tienes. Tú eres tú. Eso es lo que dices. O sea, tú eres alguien definido, clasificado y separado. Nadie dice: “Yo soy vida”, por ejemplo. Lo que decimos es: yo estoy por aquí y el resto de la vida alrededor. Eso mismo es la separación. Y en esa separación estamos sumergidos. Estamos fuera del milagro. ¿Te das cuenta? La vida es milagro puro, pero nosotros queremos clasificarla, meterla dentro de una definición conceptual, limitarla a nuestro cuerpo y nuestra persona.
AN – Entonces, el “yo” es la separación.
T – El “yo” es un cúmulo de deseos. Te separas de la vida y luego le exiges a la vida que te dé lo que tú quieres. Así funciona el “yo”. Y puesto que la separación engendra conflicto y te hace sentir como alguien que está en una isla, quieres amor. ¿A qué le llamas amor? A sentir la unidad de la vida, pero separado de la vida.
AN – Eso es absurdo.
T - ¿No es así como vive el ser humano? Quiere tener amor, no quiere ser amor.
AN – Tú estableces una diferencia entre ser amor y tener amor.
T – Tener amor es una exigencia del ego, que quiere controlar a la vida. Eso, como tú dices, es algo absurdo. Pero el ego se basa en eso, en controlar. Su finalidad es la de mantener el control, porque al sentir que tiene el control, alimenta su ilusión de tener una vida propia.
AN – Pero, ¿qué sentido tiene ilusionarse con una vida propia si es nada más que una ilusión?
T – Si le buscas sentido, podrías encontrar unos cuantos argumentos. Eso es lo que hace el ego, buscarle sentido a la vida. Por cierto, sentido para quién, para sí mismo. “La vida tiene sentido para mí si soy feliz, si soy rico, si consigo amor, si esto o aquello”. Son todas condiciones que el ego le pone a la vida. Si la vida entera no reúne tales requisitos, el ego se enoja y proclama que la vida es una porquería o lo que sea.
AN – Pero tú dices que el amor es todo lo que hay. Entonces, ¿cómo se entiende que hayamos concebido el ego, el sentido de separación?
T – Eso también es amor, pero pervertido. Hagamos de cuenta que el amor es aire puro. Si te encierras en una habitación y jamás abres las puertas ni las ventanas, el aire quedará viciado y finalmente morirás asfixiado. Lo mismo pasa con el amor. Tú concentras todo el amor que te da la vida en un personaje particular: tú mismo, la imagen que tienes de ti mismo. Pones toda tu energía en sostener ese personaje. Y bueno, así te va.
AN – El personaje es obra del amor pervertido.
T – Sí, un amor tóxico, un amor suicida. Paradójicamente, el instinto de supervivencia se ha deformado tanto, que por exceso de cuidar la persona en donde mora tu conciencia, terminas por matarte.
AN – De todas maneras, yo no soy esa persona. Eso es lo que dices.
T – Claro que no eres esa persona. Es una persona imaginaria, es una entidad que finge tener autonomía, voluntad propia y el poder de hacer lo que quiere. En tales condiciones, no puedes amar, porque en cuanto quieras hacerlo, entrarás en la ilusión de hacerte daño a ti mismo.
AN – Vale decir, el amor no es personal.
T – El amor es todo lo que hay. En ese paisaje de totalidad, tú eres apenas un minúsculo granito de arena. No puedes guardar el amor en tu bolsillo. El amor es un darse que está recibiendo el don de dar interminablemente. ¿Crees que el pequeño y mezquino ego puede guardar dentro de sí la inmensidad de todo lo que hay?


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Extraído del libro "Gracias a la Vida", de Furia del Lago - Editorial Ananda
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Ilustración: "Henri Rousseau, el Aduanero", por Amalia Fernández de Córdoba
www.elmundodeviky.blogspot.com

viernes, 14 de mayo de 2010

Todo lo que hay



Angelo Nero - ¿Por qué al ser humano le cuesta tanto el amor?
Turiya – El amor no está limitado al quehacer humano ni a sus condicionamientos. Una persona limitada por sus condicionamientos personales no puede vivir en estado de amor, lo mismo que no puede poner la mano en el fuego. Si pusiera la mano en el fuego, se quemaría. Si quisiera mantenerse en estado de amor pero lo tomara como una adquisición personal, también se quemaría.
AN - ¿Qué es el amor?
T – El amor es todo lo que hay. Pero decir esto encuentra oídos sordos en quien se siente separado de todo lo que hay. Las personas, en general, están adiestradas para considerarse entidades separadas. Ellos piensan que existe “mi vida” y por otro lado “la vida”. Para vivir el amor, tienes que jugar como si estuvieras en el laboratorio de la vida. Yo te digo: el amor es todo lo que hay. Si tú estás separado de “todo lo que hay”, entonces no puedes entender de qué estoy hablando. Si no estás separado, ni siquiera necesitas que yo te lo diga, ya lo estás viviendo.



Angelo Nero – Según lo que dices, el amor es impersonal.
Turiya – No es personal ni es impersonal. Esa división es un trabajo conceptual del ser humano, que quiere catalogar todo lo que vive dentro de lo conocido. El amor es todo lo que hay, por lo tanto, está más allá de los conceptos y las categorías.
AN - ¿Por qué yo no lo siento?
T – Sí que lo sientes. ¿Acaso no te está latiendo el corazón? Bueno, ese latido es el amor.
AN – Pero la gente, cuando habla del amor, se refiere a otra cosa.
T – Eso no importa. Averigua por ti mismo qué es.


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Extraído del libro "Gracias a la Vida", de Furia del Lago - Editorial Ananda
Ilustración: "Hola, Adiós" - de Jean Pierre Lorand, pintor belga

martes, 11 de mayo de 2010

Peripecias de Fulano



(Apuntes de un diario personal)




Fulano está sentado en medio de la primavera. La totalidad de la vida se manifiesta en torno a su persona y a través de él. Por aquí vemos pájaros que revolotean en torno a las migas que ha dejado algún comensal de la plaza, de ésos que salen de la oficina a la hora de almuerzo y comen ahí mismo, entre árboles, una fuente y la gente que pasa. En torno, el sonido de los autos que pasan se mezcla con las voces no diferenciadas de la gente. Reinando por todas partes, el sol, que increíblemente está aquí mismo, acaricia las veredas y las flores, aunque muchos piensan que está lejos. Pero Fulano ignora por completo que está en medio de la primavera.



En este momento, Fulano piensa: “Tengo que conseguir un poco más de dinero, así puedo comprar un auto más nuevo, además de pagar las deudas. No sé para qué habré comprado ese televisor de última onda, pero bueno, es lo máximo. La cara que puso Pepe cuando vino de visita la última vez. Realmente, lo sorprendí. El sonido estereofónico, la pantalla grande, en fin…”



A Fulano, sin embargo, no le alcanza. Las cosas que tiene no lo colman. Quiere más. No sabe por qué, pero siempre quiere más.



Examinemos la situación. La vida se manifiesta en forma de primavera, de árboles, de pájaros, de sol, de gente que anda por la calle y de Fulano que está oscurecido por sus propios pensamientos, ahí, en la plaza, pidiéndole cosas a la vida.
Si yo fuese un ángel, me acercaría en puntas de pie a Fulano y le diría, susurrante, al oído: “La vida te da la vida, ¿qué más quieres?”
Pero Fulano no me escucharía. No está escuchando ni a la misma vida, siquiera, ¿por qué habría de escucharme a mí?



Otra cosa, Fulano, estás encerrado en una celda separada de la vida. Y esa celda eres tú mismo; mejor dicho, una imagen que te haces de ti mismo.
Es muy simple. Primero piensas: “Yo tengo mi vida”. Por lo tanto, tú estás por un lado y la vida por el otro. Luego piensas: “Para reforzar esta vida propia, necesito tales y cuales cosas, dinero, prestigio, que me den amor, que la gente reconozca mi valor, que la existencia pase lo más descansada posible, etc.”
Tienes un listado completo de peticiones. De hecho, cada vez que respiras, estás pidiéndole a la vida esto y aquello. “Tu” vida (eso que llamas “tu” vida) consiste en pedirle a la vida.



Mientras tanto, estás respirando porque la vida te respira. Y el corazón te late, porque la vida entera está latiendo para ti. Ja. Parece que vives al revés, Fulano.




Hace unos días, nos encontramos en un café. Me dijiste entonces: “Deberíamos cambiar de vida”. ¿De qué hablas? Supuestamente, nos “conocemos” desde hace años. Y hace tantísimo tiempo te vengo diciendo: “No hay nada que cambiar, la vida es lo que es, nunca será lo que quieras tú”. Pero claro, tú eres sordo, no debería olvidarlo.



Cada vez que le pides algo a la vida, te imaginas que eres algo distinto de la vida, una entidad separada, autónoma, con vida propia, con voluntad independiente.
Tú no eres eso, Fulano, te imaginas que eres eso.


Ahora pasa una nube y está ocultando un poco del sol. Pero ni te has dado cuenta, Fulano. Estás pensando en que tu mujer te abandonó. Y es la segunda que te abandona.
“La vida me está queriendo decir algo”, admitiste aquella vez, cuando tu (segunda) mujer se tomó el tren y no volvió. Claro que sí, pero la vida no sólo habla castellano. Tiene un lenguaje más amplio, imaginativo y perfecto: lo inevitable.


En ese lenguaje, la vida te explica con toda claridad: tú crees que eres alguien separado de la vida. No es así. Eso es pura ilusión.
Te la pasas pidiéndole a la vida, exigiéndole que te dé felicidad, dinero, seguridad, amigos, prestigio, y quién sabe cuántas cosas más. Ese quehacer absurdo, el de exigirle a la vida, te hace creer que estás separado de ella.



Peor aún: te hace creer que eres alguien. Alguien con vida propia, alguien con voluntad autónoma, alguien distinto de la vida.


Tu verdadero problema, Fulano, es que tú consideras que la vida es un problema y que la vida debe darte soluciones.


Claro, la raíz de tu conflicto es que quieres ser distinto de la vida. Pero eres vida, no algo distinto. Eres la vida misma, un misterio.



Ya te lo he dicho mil doscientas cuarenta y siete veces, Fulano. La vida no es un problema, es un misterio. Pero cuando te lo digo, tú piensas: “Esta tipa me trae más problemas. ¿Qué es eso de que la vida es un misterio?”


Claro, si la vida es un insondable misterio, tú no puedes controlarla. No sabes a dónde vas, no sabes lo que estás haciendo. Este asunto de no saber te pone loco. ¿Qué problema tienes con no saber? ¿Por qué deberías alterarte?


Mira, ahí pasa una mujer embarazada. Ella ni sabe qué es todo esto. Lleva una nena en la panza, o un varón, quién sabe. Nadie sabe nada, Fulano.


Si la vida es un misterio, eso es lo que tú eres. Eres el misterio de la vida. ¿A quién le importan tus deseos?


“Tú te mereces algo mejor”, susurró la serpiente en tu oído. Le creíste y ahora estás fuera del Paraíso.
Deseando.
Deseando el Paraíso, claro.


Así que tú tienes una vida propia, eres alguien autónomo y estás luchando con toda “tu” voluntad para que la vida, de una vez por todas, te dé todo lo que vienes pidiéndole.
Esa es tu ilusión. La de ser alguien separado. Y para ser alguien separado, le exiges a la vida. Te has olvidado por completo de que tú mismo eres vida.


El “ego” consiste en eso. Es un cúmulo de exigencias que le hacemos a la vida. Si te quedas sin exigencias, te quedas sin ego. Y cuando te quedas sin el ego, entonces ya no tienes una vida particular y distinta. Mejor dicho, ya no tienes vida: eres vida.
Si el ego se disolviera, descubrirías por ti mismo lo que eres. Esto no quiere decir que “sabrás” lo que eres. No se trata de saber ni de ignorar. Sencillamente, eres lo que eres. Eso está aquí mismo, ahora. Está por debajo de todas esas capas de exigencias que le haces a la vida. Tú eres eso.


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Extraído del libro "Gracias a la Vida", de Furia del Lago - Editorial Ananda


Foto: Plaza Francia, barrio de Recoleta, Buenos Aires

domingo, 9 de mayo de 2010

La Vida es la Maestra



(Apuntes de un diario personal)



El gran drama del ser humano, la raíz de todo sufrimiento, es la pretensión que alientan todos y cada uno de tener una vida propia.


¿Quién es esa persona que pretende entronarse como juez de la vida? Jamás nos hacemos una pregunta como ésa. No figura en nuestro código cultural.
Si nos formuláramos meramente el interrogante, no tardaríamos en descubrir que la vida es como es. ¿Acaso alguna vez se amoldó al deseo de cada uno?



La vida no es personal, aunque se manifieste a través de una persona. De hecho, no hay nada personal. La persona es un invento de la imaginación humana. En ninguna parte existe algo así como una persona, es apenas una construcción conceptual.



Todos nosotros, los seres humanos, estamos educados para vivir haciendo centro en esto que llamamos “yo”. ¿Y qué es el “yo”? Es el cúmulo de nuestras exigencias.
Ridículamente, cada uno centraliza su quehacer en limitar la infinita totalidad de la vida en “sus” exigencias hacia esa totalidad.


El ego le pide a la vida: “Dame, dame, dame”. Y la vida te da la vida. ¿Qué más quieres?



La vida es el arte de dar la vida. Puedes comprobarlo a simple vista. Y en eso consiste estar aquí. Tú también estás dando la vida.



En cuanto se pronuncia la posibilidad de “dar la vida”, se nos ponen los pelos de punta.
“¿Qué es eso de dar la vida? Yo no quiero dar nada”, se queja Juan Vecino.
Pero Juan Vecino es tan sólo una construcción imaginaria. La vida inventa todas estas construcciones imaginarias, llamadas “personas”, por pura definición. Ya queda dicho: la vida es dar la vida.



Sin embargo, Juancito cree que él está en condiciones de imponer condiciones. Vaya pretensión. “La vida me da poco”, dice a veces. “Esta vida es un infierno”, dice otras. “No sé por qué me falta suerte”, suele quejarse a menudo.
No sólo Juan. Todos estamos entrenados para exigirle a la vida. Es tremendamente absurdo, pero es así.



Hay excepciones, claro. Hay quienes, en algún momento, se detienen y piensan: “La vida me da todo”. O acaso vayan más allá y digan: “La vida consiste en darlo todo”.
Nótese que no dicen: “Mi” Vida, sino “La” Vida.


La vida lo da todo. El que no da todo, queda separado de ella.


Convertir la vida en “mi” vida. Esa es la desgracia del ser humano. Querer una vida separada. Además de absurdo, es la raíz de todo sufrimiento.


La vida te da su gracia. Cuando le das gracias a la vida, por su gracia, eso es amor.


No hay otro amor, sino el amor de la vida por la vida. Todo lo demás son apegos y rechazos personales, exigencias absurdas de quien exige vida y no quiere darla.


El amor es la vida que le da gracias a la vida.


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Extraído del libro "Gracias a la Vida", de Furia del Lago - Editorial Ananda

jueves, 6 de mayo de 2010

Otro sueño




(Apuntes de un diario personal)



No saber es la apertura de mi mente a lo que la mente no puede conocer. ¡Qué alivio, qué profunda liberación!
Cuando no sabe uno quién es, se produce una apertura, se abre una grieta en la estructura de la mente. En ese momento, la mente no está ya presa en la última definición de la propia identidad, o en la batalla entre la última definición y la definición habitual. En ese momento hay silencio. No surge ninguna definición ni el estar de acuerdo o en desacuerdo con ella. Hay solamente silencio.
Y Papaji dijo: “Eso es exactamente quien eres”.

Gangaji




Sólo el silencio puede revelar
la magia del silencio. Te lo nombro
para que así te dejes deslumbrar,
como yo, por la llama de su asombro.


Es esta llama que consume al mundo,
creado y devorado por su boca,
lo que revela ese lugar profundo
donde eres la luz que el ser provoca.


Y es en esta presencia de la hoguera
donde a la vez descubres que eres fuego
y eres leña: mentira verdadera.


Es aquí donde juegas todo el juego:
el silencio te incendia de tal modo
que a la vez siendo nada lo eres todo.

Vita Preziosa





Para no escuchar el silencio que eres, te inventas una persona. Y luego andas diciendo y repitiendo por todas partes: “Yo soy yo”.



Te digo que eso que llamas “yo” es un sueño. Sueñas que me escuchas. De pronto despiertas y dices: “ah, todo esto es un sueño”. Si todo esto es un sueño, hay alguien dentro del sueño que está soñando su despertar.
La vieja pregunta: ¿Quién sueña y quién despierta?
Mejor dicho: ¿Quién eres?




Lo que nació debe morir. Solamente lo que no nació es inmortal. Encuentre qué es lo que nunca duerme y nunca se despierta, y cuyo pálido reflejo es el sentido del “yo”.

Nissargadatta Maharaj






¿Qué es eso que nunca duerme y nunca despierta? Es el vasto silencio que, sin principio ni fin, anuncia: Yo Soy Lo Que Es.




Dice Wei Wu Wei: “La comprensión esencial es que en realidad nada es. Esto es tan obvio que no se percibe”.
Si nada es, entonces yo (esta supuesta entidad personal que llamo “yo”) no puedo percibirlo, porque cultivo la superstición de ser alguien o algo.
Sólo cuando descubres que eres nada estás en condiciones de percibir que nada es.



Sueñas que eres una reina. Todo se desarrolla en el sueño con la normalidad cortesana de los reinados. Tus súbditos viven nada más que para rendirte pleitesía. Y quienes se atrevan a no agachar la cabeza, la perderán en la guillotina. Esto sigue así durante un tiempo que parece muy largo hasta que, de pronto, despiertas.
Y bien, no eres una reina. Al despertar, la reina ha muerto.


La metáfora del despertar se ha utilizado con mucha frecuencia. El problema es que muchos creen que si despiertan seguirán siendo la misma persona. Es decir, una misma persona pero ahora “despierta”.
No es así. Cuando despiertas, dejas de ser una reina y dejas de ser una persona. Te quedas sin esa creencia del ego, la de ser una persona separada con autonomía y vida propia. Ahora te descubres como conciencia absoluta.
Otra cosa: no te has convertido en conciencia absoluta. Siempre lo has sido, sólo que, en tu sueño, creías que eras una reina.



Angelo Nero – Bueno, entonces todo esto es fácil. Sólo tengo que rechazar todo lo que no soy.
Turiya - ¿Quién rechaza?
AN – O quizá tengo que aceptar todo lo que soy.
T - ¿Quién acepta?
AN - ¿Quieres decir que no puedo hacer nada?
T – Si te empeñas en hacer nada, será siempre un sueño el que lo haga. Todo lo que hagas dentro del sueño será más sueño.
AN – Pero si lo veo como sueño, entonces estoy despierto.
T – Sí, claro. Dentro del sueño.
AN- ¿Por qué dices eso? Si despierto, entonces ya no estoy en el sueño.
T- Si tú eres un sueño, como ya hemos visto, hasta tu despertar será un sueño.
AN - ¿Estás diciendo que yo soy el sueño?
T – Exacto.
AN - ¿Eso quiere decir que no tengo escapatoria?
T - ¿Quién necesita escapar de qué?


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Extraído del libro "Gracias a la Vida", de Furia del Lago - Editorial Ananda

martes, 4 de mayo de 2010

¿Quién puede verlo?



(Apuntes de un diario personal)




Toda identidad es la cárcel imaginaria de alguien imaginario.


El ser es nada. ¿Quién puede comprenderlo? El ser es todo. ¿Quién puede verlo?


El vacío es la parte sutil de la forma y la forma es la parte densa del vacío.


Todo y nada son las dos caras del único infinito.


El silencio expulsa de sí todo control. Cuando quieres controlar, finges que tú eres quien actúa. Cuando descubres que tú no estás controlando nada, desapareces y aparece el silencio. Entonces se pone en evidencia que no hay nadie que actúe, que todo lo hace el silencio. ¿Por qué has desaparecido? Porque sólo el silencio puede revelar al silencio.


El silencio no está vacío ni está lleno. Es lo que es. No importa si asume una forma o ninguna.


Puedes llamarlo silencio o puedes llamarlo infinito. ¿Quién puede verlo?


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Extraído del libro "Gracias a la Vida", de Furia del Lago - Editorial Ananda