(Apuntes de un diario personal)Si nos preguntamos por qué tanto ajetreo para volver al paraíso (no es otra la meta del buscador) podríamos ver de un solo vistazo lo que pasa: soledad y silencio son sinónimos.
La desilusión es así. No tiene pausa. El buscador ha querido encontrar la felicidad y, para ello, ha cumplido con todos los requisitos. Estudiar, trabajar, ser un buen padre de familia o una buena madre, amar al prójimo, ir a misa los domingos, no cruzar con el semáforo en rojo.
Pese a todo, el buscador descubre que algún día morirá y que, por lo tanto, nada de toda esa conducta prefabricada lo salvará de cumplir con el famoso ritual: el fin del mundo.
Ahora bien, parece que “todos y cada cual pasan por este canal” (la rima pertenece al refrán), pero algunos pocos se preguntan: ¿y esto es todo? Vale decir: ¿para qué vine a este mundo?
Entonces, el buscador sale a buscar. Aquí tenemos al buscador de cuerpo entero y su gran pasión. Se encuentra con Ramana Maharshi, por ejemplo, y el maestro le pregunta lo que quiere. Puesto que no puede formular en palabras su angustia existencial, el buscador le dice lo primero que se le atropella en la lengua: “Busco la felicidad”.
La respuesta de Ramana es inesperada: “¿Quién es el que la busca? Averigüe primero quién es el que busca la felicidad y luego lo demás se arreglará por sí solo”.
En general, cada maestro funciona como un espejo. El buscador viene a toda carrera y se topa con el espejo. El maestro le está diciendo: “Mírate a ti mismo”.
Otro buscador se encuentra con Ramesh Balsekar y el maestro le pregunta qué es lo que busca. En este caso, también el buscador dice lo primero que se le ocurre y afirma: “Busco la libertad”. En consecuencia, Ramesh le pregunta: “¿Quién busca qué?”
Hay maestros que tratan de tranquilizar al buscador y le dicen que se siente y se quede en silencio. “Una vez que consigas estar en silencio, estarás en libertad”.
El buscador va, se sienta y trata de quedar en silencio. No puede. Hace otro esfuerzo. Tampoco puede. Por más esfuerzos que haga, no puede quedar en silencio. Por lo tanto, seguirá buscando.
En general, el buscador es un burro que sale a buscar la zanahoria que tiene delante de los ojos. Si un maestro se monta encima del burro y con un palo le pone por delante alguna zanahoria (por ejemplo: “quédate en silencio”), el burro tratará de alcanzarla.
Acaso pasen muchos años hasta que el burro se canse de subir y bajar por esta cordillera de las ambiciones. Si se cansa, quizá un día se siente bajo un árbol y se pregunte: ¿por qué debo quedar en silencio?
En fin, los burros no son de pensar en exceso. Pero supongamos que lo hace.
Si el buscador sigue las instrucciones, posiblemente descubra pronto que el silencio y la soledad son sinónimos. Pero lo descubre sin palabras y él no sabe qué hacer en un mundo sin palabras.
Entra en el silencio, se queda sin hablar consigo mismo y ¿qué descubre aquí?: un gran vacío sin fondo, un abismo, la infinita nada.
“El mundo es así y así porque nos repetimos una y otra vez que es así y así”, le dice Don Juan Matus a Carlos Castaneda. (Está explicándole los estragos que causa el famoso diálogo interno).
¿Cuál es la característica principal del ser humano? El saber, su capacidad para organizar el conocimiento.
Cualquiera de nosotros, al nacer, es un mamífero más en este planeta. Por consiguiente, no sabe nada de nada. Pero, a diferencia de los otros mamíferos, el humano puede organizar su conocimiento. Y en esta materia, ha hecho avances tan grandes que ha llegado a dominar montones de conocimientos y esto nos ha dado un poder tal que somos capaces de destruir el mundo con sólo apretar unos cuantos botones.
¿Cómo organiza cada uno, en persona, su conocimiento? Lo recibe de los padres. El ser humano ha descubierto, hace rato ya, que el conocimiento se puede transmitir.
La vida se transmite naturalmente. El conocimiento se transmite artificialmente.
Este artificio (el conocimiento) es lo que configura el mundo. Si un bebé no es adiestrado en el conocimiento de sus padres, para él no existirá el mundo jamás, no existirá la sociedad, nunca sabrá dónde está parado ni cuántas cuadras hay hasta la casa de su tía. Sería una mente en blanco y nada más.
Hay una película que muestra este caso: “El Enigma de Kaspar Hauser”, de Werner Herzog. Este hombre, Kaspar, es encontrado en edad adulta y en seguida descubren que carece por completo de conexión con la vida social. No tiene una personalidad formada. No conoce el idioma ni sabe su propio nombre. Es una mente en blanco. Le tienen que formar una personalidad a la edad adulta.
Por lo tanto, la energía viviente que se manifiesta como “ser humano” está organizada en un doble mundo: por un lado lo artificial, el conocimiento y la organización del conocimiento; por el otro lado, lo natural, la vida y el cuidado de la vida como receptáculo de conciencia.
Al mundo del artificio lo llamamos el tonal, la personalidad. Al mundo de lo natural en el hombre lo llamamos el nagual, la esencia.
El buscador se pregunta un buen día: ¿para qué vine a este mundo? Ahí comienza su calvario.
Gurdjieff ha dicho: “Bendito aquel que tiene un alma; bendito el que no tiene ninguna; llanto y pena para el que la tiene en embrión”.
Si nos preguntamos con toda simpleza por qué tanta pena, a qué se debe tanto sufrimiento, habrá que indagar en esto. El buscador, lo mismo que cualquiera, está entrenado para vivir en el mundo artificial, pero ha sido desarraigado por completo del mundo natural. Cuando acude al maestro, éste le dice: “Quédate en silencio”. Pero el silencio es soledad. Es soledad pura. Y eso lo aterra.
He oído todo lo que me ha contado acerca de sus problemas. Me pregunta qué hacer con ellos. En mi opinión, su real problema es que usted es un ejemplar de la raza humana. Enfrente ése primero.Idries Shah¿Qué es lo que hace una persona civilizada cuando está sin compañía? Se pone a pensar. Se pone a conversar consigo misma. ¿Y qué es lo que hace cuando está en compañía? Expone ante los otros eso mismo que suele experimentar cuando está solo: su diálogo interno se convierte en diálogo con los demás.
Acostumbrando a encerrarse en la burbuja del pensamiento activo, el buscador no sabe cómo se hace para salir de allí. Porque aterrizar en el silencio, pongámoslo en claro, no es algo personal.
A esa costumbre de hablar consigo mismo el buscador la llama “persona” y el silencio, en cambio, es impersonal. Se trata de una división arbitraria, construida por el propio hombre, que ha elegido quedarse a vivir en lo artificial y luego no sabe cómo hacer para salir a la intemperie.
¿Por qué el silencio es tan aterrador? Porque pone en evidencia que eso llamado “mundo” es nada más que una construcción verbal y conceptual, manipulada de generación en generación, para lograr que cada niño que viene al mundo se incorpore a la organización de lo conocido. Por supuesto, es muy exitosa y eficaz. Pero el problema no es social, sino personal. Cada uno se ve encerrado en la burbuja de lo conocido y luego, con el correr de los años, descubre que ha desperdiciado la existencia en sostener un mundo imaginario.
“Yo no moro donde habita la gente de hoy en día ni tampoco actúo como ellos”. Si realmente quieres comprender lo que esto significa, debes estar dispuesto a arrojarte a una pira ardiente.Huang LongAl desaparecer la estructura verbal que sostiene el mundo imaginario, al quedar en silencio, la persona descubre también que su persona es otro invento, otra colosal fantasía verbal que sostiene a un personaje imaginario. Si el diálogo interno se calla, no queda más historia personal, el pasado se desvanece por completo, el futuro deja de succionar a esa persona como si fuese aspiradora; y el presente, donde supuestamente se halla, es prácticamente un montón infinito de nada. Todo está vacío. Y yo, este famoso yo que tan importante me ha parecido hasta el momento, prácticamente no existe. Ja.
Una vez que un hombre aprende a ver, se halla solo en el mundo, sin nada más que desatino.Don Juan MatusNegar al ego es negar a papá y mamá. Quedarse en silencio, eso es negar a papá y mamá.
Papá y mamá entran en tu vida a través del lenguaje. Con el lenguaje te dan una descripción del mundo. En realidad, lo que la gente civilizada llama “mundo” es nada más que eso: una descripción del mundo.
Pero al darte una descripción del mundo, también te definen como “alguien”. Una persona separada del mundo. Entonces, en lugar de ver, esta persona piensa.
El tonto rechaza aquello que mira, no aquello que piensa. El sabio rechaza aquello que piensa, no aquello que mira.Huang PoAntes del lenguaje, eras silencio. Antes de nacer, eras silencio. Y ahora mismo, eres silencio. Pero papá y mamá te han hecho creer que eres alguien. Un personaje que nació y que morirá. Te pregunto: ¿en qué momento nace el silencio, en qué momento muere?
El buscador se desespera cuando se topa con la muerte. Si tengo que morir, piensa, entonces todos mis afanes no han servido para nada.
Tiene un instrumento para manejarse en el mundo, la mente. Pero todavía no ha podido admitir que la mente es tan sólo un instrumento utilitario. ¿Útil para quién? Pues, precisamente, para esta persona que se cree separada del mundo. El buscador sigue pensando que el mundo y la vida deben serle de utilidad. Por eso la muerte le da terror, porque si debe morir, “entonces mi vida – se dice – no ha servido para nada”.
El buscador sigue pensando que él debe salvarse. Entonces, el maestro le dice: “Quédate en silencio”. Por supuesto, el muy tonto piensa que el maestro le está diciendo: “Si quieres salvarte, tienes que meditar, quedarte en silencio, hacer tales y cuales ejercicios. Así te salvarás”.
Pero no: el maestro está directamente aniquilándolo. “Hasta que no desaparezca el buscador, todo lo que pretendas ver estará distorsionado por la neblina de tus deseos. Quédate en silencio y luego verás lo que puedes hacer”
No llegarás a ningún lugar verdadero hasta que olvides las palabras, así como se olvidan las letras cuando uno lee una palabra.Khalid Ben TarziAquí aparece el maestro interno. Cuando quedas en silencio, el mundo desaparece. Ya no tienes una licuadora de palabras en la cabeza que todo el tiempo te dice lo que debes y no debes hacer. Ya no tienes una meta ni un camino, porque toda meta está diseñada por una mente utilitaria que pretende conseguir algo de esta vida, una mente que sueña con algo disparatado: que el mundo está hecho para servir a esta persona en particular.
“Pero esto es terrible, es soledad pura”, me dices. No tiene nada de terrible ni de maravilloso. Es lo que eres. Simplemente, te han enseñado que vivir es perder el tiempo con tus semejantes y usar las relaciones con los otros para no darte cuenta de que estás viviendo ahora y aquí.
El silencio te permite darte cuenta. Y al darte cuenta estás vivo, eres vida. No tienes una vida en particular, sino que eres la vida entera. El buscador es alguien separado de la vida. Piensa que existe “mi” vida por un lado y el resto de la vida por el otro.
El silencio elimina todas esas fantasías. Todo es vida. Todo es conciencia.
Recuerdo que una vez, cuando una de mis hijas tenía catorce años, aproximadamente, estuvimos hablando acerca de los beneficios de estar en silencio y no dejarse llevar por las modas, que sólo proporcionan barullo en la cabeza. Ella se quedó callada por un rato y luego me dijo con énfasis: “Pero yo no me quiero quedar sola”.
Quedé impresionada por la velocidad con que vio todo el asunto. Yo no le había comentado, para nada, ninguna cosa sobre la soledad. Pero ella enseguida captó que estar en silencio es lo mismo que estar sola.
Fue un error de mi parte. Los chicos tienen que aprender por su cuenta y tienen que foguearse en el mundo de las ilusiones. Cuando comprendan por sí mismos dónde está la ilusión y dónde lo verdadero, podrán ver. Y cuando puedan ver, harán lo que tengan que hacer, pero ya no será obra de ningún ego en particular.
Un hombre de conocimiento no tiene honor, ni dignidad, ni familia, ni nombre, ni tierra. Sólo tiene vida que vivir, y en tal condición, su única liga con sus semejantes es su desatino controlado.Don Juan MatusEl hombre sin apegos, por fuerza, tiene que parecer un hombre sin escrúpulos. A los apegos no se los llama tales, porque llamarlos así nos mostraría débiles por demás. A los apegos, deliberadamente, se los confunde con los escrúpulos. Por eso a Jesús lo condenaron. Porque no tenía ningún apego. Llegó a decir: “Yo no tengo padres ni hermanos”. Cualquiera que dijese algo semejante, hoy en día, podría ser crucificado. Incluso, en nombre de Jesús.
Todos nosotros tenemos una personalidad. Esa personalidad ha sido formada por otras personas: padres, maestros de escuela, amigos y vecinos. Por eso la llamamos “ego”, es una falsa personalidad. Cuando una persona se harta de los estragos que causa el ego, se pregunta: ¿Qué estoy haciendo en el mundo, a qué he venido?
Entonces (si es capaz de abandonar sus caprichos personales) se deja hundir en el silencio. Si no tiene miedo de la soledad, aquí, en el silencio, podrá ser quien es y dejará de jugar el papel de marioneta social.
Ser quien eres requiere inteligencia natural. La inteligencia no es personal, como suele pensar la gente del rebaño. La inteligencia es naturaleza viva.
Eres afortunado con esta inteligencia, nadie necesita dártela, nadie puede quitártela. Quien deja que se exprese a su manera, es un “Hombre Natural”.Uppaluri Gopala (U.G.)El único escollo que encuentra el buscador es la soledad. Claro, el buscador es un producto social. Si queda en silencio, desaparece toda liga con sus semejantes, porque ese pegote no es sino verbal. Lo que parece unirnos a nuestros semejantes no es otra cosa que un pegoteo parlanchín, un lenguaje que llevamos a cuestas, un chip que funciona como radio en la cabeza y que nos dice “Yo, yo, yo”, a cada paso.
Finalmente estás aprendiendo algo. Tienes razón. No hay nada más solitario que la eternidad. Y nada es más cómodo para nosotros que la condición humana. Esto es ciertamente otra contradicción: ¿cómo puede el hombre conservar los vínculos de su humanidad y al mismo tiempo aventurarse, con gusto y con propósito, en la absoluta soledad de la eternidad? Cuando logres resolver este acertijo, estarás listo para el viaje definitivo.
Don Juan MatusCon el silencio desaparece el buscador. “La búsqueda empieza con el individuo y termina con la aniquilación del individuo”, asegura Ramesh Balsekar. Por eso, ese silencio no se puede buscar. Es lo que eres.
Todo lo artificial desaparecerá. Está desapareciendo ahora mismo, te des o no te des cuenta. Pero lo otro, lo esencial, lo que realmente eres, no tiene comienzo ni fin. Trata de hallarle un extremo al silencio y verás.
Ese silencio adviene espontáneamente cuando ves todo tu paso por este mundo con un solo vistazo, no como una sucesión, sino como una simultánea totalidad que está presente aquí, en este latido de tu corazón. En esa totalidad no estás solo.
La indagación del Kailvalya Upanishad en la libertad suprema es el esfuerzo por conocer el secreto de la soledad total sin sentirse uno solitario… Este es el secreto: cómo sentirse uno con todo el universo. Y si es posible sentirse unido a todo el universo, entonces uno es solitario sin la sensación de aislamiento. Este fenómeno es denominado kailvalya: soledad sin sentirse solitario.
OshoNo tienes una vida. La vida te tiene a ti.
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Extraído del libro "El Buscador es el Ego", de Furia del Lago - Editorial Ananda---------------------------------------------------------------------------
Foto: "Lorena y Lucas en el Girasolar" (F. Managó)